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Reseña #252- Nunca tuve tanto blues como ahora

 

 

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Por Pablo Martínez Burkett

♫ PRIMER COMPÁS:
Hacia la segunda mitad de los 70’ un nenito escucha los discos de su mamá en el Winco familiar. El nenito, con deficiente fonética, imita a Elvis frente al espejo con un repasador en el cuello y un Magiclick rojo oficiando de micrófono. Alguien le dice que ese “Steamroller Blues” que repite hasta el hartazgo es un blues. En las siestas santafesinas, el nenito no sabe pero ha contraído un virus incurable.

♫ SEGUNDO COMPÁS:
El nenito se hace adolescente. Como va un colegio de curas, los veranos los pasa en Valle Hermoso donde se junta con pibes de otras latitudes. La vida se parece mucho a la felicidad. El nenito ya escucha a Pink Floyd, Deep Purple, Led Zeppelin y Rush pero en Córdoba descubre a Serú Girán, Pappo, Spinetta y Manal. Como se da maña con la guitarra aprende canciones religiosas y folclóricas. Pero los porteños también le enseñan “El blues de Santa Fe”, el picante “Me gusta ese tajo” (lejos de los castos oídos religiosos), “Rutas Argentinas”, “Blues de un domingo lluvioso” y “Avenida Rivadavia”. El nenito no lo sabe pero el virus prospera y se fortalece.

♫ TERCER COMPÁS:
El nenito estudió, se recibió de abogado y en 1990 se muda a Buenos Aires. Justo cuando la cosa se pone movida y es posible ver en vivo, ahí, tan cerquita del escenario, a un Albert King muy cabrero. Al idolatrado Albert Collins. Al inmenso B.B. King con Pappo. A James Cotton con Hubert Sumlin y Larry McCray. A Buddy Guy con Botafogo. El desparejo Alligator Blues Festival en Obras. A un inmóvil Johnnie Johnson que sin embargo hizo hablar el piano. A un Bo Didley más metido a showman que a músico. Pasar vergüenza ajena con los burros abucheando a Junior Wells.

♫ CUARTO COMPÁS:
Ir a los Gran Rex y al Teatro Colón de los Memphis. Descubrir a las Blacanblus en el Teatro de Flores y seguirlas a todos lados. Comprar los primeros CD en la disquería del fondo de la Galería París en Caballito o en el Parque Rivadavia. Descubrir a “Aidrian” Flores en el éter nocturno con su audición Hora Cero Blues Special (y que para siempre Howlin’ for my darlin’ suene con su voz rasposa). Frecuentar el Blues Special Club, ese antro en la Av. Almirante Brown y ver a algunos de los Big Names que quedan vivos (no pocos en un perdonable ocaso) y a muchas de las segundas espadas del blues de Chicago. Recalar en el Samovar de Rasputín u Oliverio y conocer bandas como la Petrolera Boogie Band u otras, cuyos nombres ya se pierden.

♫ QUINTO COMPÁS:
Escribir para una revista de blues de Seattle. Atesorar libros, biblias del blues, armar listas de qué comprar o qué declinar, convertirse en un módico coleccionista. Devorarse los yeites del “6 cuerdas de Blues” de Miguel Botafogo. El nenito ya lo sabe pero no le importa. El virus ha contaminado cada célula y se apropia de sus neuronas.

♫ SEXTO COMPÁS:
El nenito ya es un señor que cursa su segunda juventud. Además de abogado, escribe y adora leer (y hacer reseñas). Y como los hados le son propicios, cae en sus manos BIEN AL SUR. Historia del blues en la Argentina medulosa obra craneada por el músico e investigador GABRIEL GRÄTZER y el periodista MARTÍN SASSONE, dos tipos que saben una bocha, que se han dedicado toda la vida al tema y que se han tomado el trabajo enorme de localizar, analizar y sistematizar una porción sustantiva de nuestra historia. Repasar sus páginas fue un viaje introspectivo a mi propia biografía.

♫ SÉPTIMO COMPAS:
El libro es un flash. En el primer capítulo se describen los orígenes del blues, su evolución y sobre todo para los argentinos, la recepción y difusión que tuvo en las islas británicas. En el segundo se rastrean diversas presentaciones de las primeras décadas del siglo pasado. En el tercer capítulo ya se meten con el germinador nacional y los primeros ejercicios compositivos de la muchachada de la Nueva Ola. En el cuarto se desgranan los finales de los 70’ y parte de la década del ’80, donde la música nacional iba para otra parte y el blues no fue ajeno. La tendencia empieza a revertirse cuando con el cambio de decenio hace su primera visita el Rey del Blues: B.B. King. En el quinto capítulo se aborda todo el furor de los 90’ con multiplicación de visitas ilustres, eclosión de bandas locales, revistas, programas de radio, caravanas y más. Una próspera locura. En el sexto se analiza la crisis y resurrección del género que alumbró el nuevo milenio. Verdaderamente es “El blues en movimiento”. En el séptimo capítulo (uno de los muchos hallazgos del libro) se revisa el estado del blues en las diferentes provincias de nuestro país. En el octavo se enuncian los bluseros argentinos dispersos por el mundo. Como en los mejores libros extranjeros dedicados a la materia, el libro finaliza con la lista de los cincuenta discos esenciales del blues local y una mini-biografía de quién es quién. Y cosa que se aprecia, un índice temático. Mejor final imposible.

♫ OCTOVO COMPÁS:
Sería un error considerar que BIEN AL SUR es un libro sólo para fanáticos (como el nenito de la historia), entendidos o melómanos. Quiero enfatizar que es una obra que te abre la cabeza, no importa que seas (o no) del palo. No sólo porque es crónica de una de las vertientes más importantes de la música nacional sino porque el blues, como toda expresión artística, refleja lo que nos va sucediendo como personas, como comunidad, como país. Organizar todo ese cúmulo de saberes e historias ya de por sí justifica su lectura. Es un libro para todo público.

♫ NOVENO COMPÁS:
Si bien el blues nace en el Delta profundo del río Mississippi también se afinca en este otro Delta, a la vera del Río de la Plata, donde adquiere carta de ciudadanía. Con sus letras cargadas de lunfardo, nuestro blues se dedica a cantarle al barrio, la amistad trasnochada, la filosofía aprendida en el café de la esquina, el fútbol, las minas, la nostalgia rioplatense. Este libro se encarga de analizar semejante fenómeno. Y lo hace de una forma admirable. Genuina. Documentada. Dadivosa. Es el primero de su género. Sus autores están haciendo historia (sí, es un juego de palabras).

♫ DÉCIMO COMPÁS:
Hace más o menos 20 años atrás Chick Corea y Gary Burton vinieron a la Argentina para participar en una serie de conciertos en honor de Astor Piazzolla. En una entrevista para la tele les oí decir que no había expresión musical en el mundo con raíces populares tan profundas y que estuviera destinada a ser un fenómeno de masas como el blues, el jazz o el tango. Las afinidades entre el blues y el tango son más que notables. Será por eso que nos floreció esta forma de exorcizar la tristeza urbana.

♫ UNDÉCIMO COMPÁS:
Nuestro blues con su fraseo tanguero, bien de arrabal, es más argento que el dulce de leche. Ya sé lo que van a decir los puristas, me hago cargo. Pero si cierro los ojos y un blues toca mi corazón no me importa el color de la piel ni la nacionalidad de quien lo hace. Es blues. Y punto. GRÄTZER y SASSONE se encargan de enfatizarlo con amabilidad.

♫ DUODÉCIMO COMPÁS (turn-around):
Luego de devorar las páginas de BIEN AL SUR, el nenito devenido hombre descubre que este libro amoneda la historia de su vida. El virus eclosiona hasta la convulsión. Soy feliz, nunca tuve tanto blues como hoy.

BIEN AL SUR Historia del blues en la Argentina (2016)
Autor: Gabriel Grätzer y Martín Sassone
Editorial: Gourmet Musical Ediciones
Género: Ensayo

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