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Reseña #870- Domador de un animal de madera

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Por Sofía Viaña

14 Septiembre de 2017. El Once. Buenos Aires. Leíla Guerriero entra por primera vez a la casa del pianista Bruno Gelber quien la recibirá durante un año en su escenográfico piso de panas, dorados a la hoja y piano de cola, hasta atraparla en su telaraña.

El hombre -menudo, de rostro casi femenino: mejillas llenas, nariz pequeña y respingada, cejas mefistofélicas, sonrisa fotográfica, aspecto atildado y manos cuidadas- es un titán. Una máquina de energía, que irradia embeleso y goce por la música, por sí mismo, por la música, por sí mismo, por la música.

En Gelber el talento del superdotado, concebido como deber, y las marcas del destino (la polio a los 7 años, la muerte de su madre, el accidente grave de auto) ayudaron a reafirmar tu tesón inquebrantable que lo catapultaron de Cramer al mundo. Desde ese lugar se ufana de haberse codeado con nobles y diplomáticos. Un ego alimentado con: hombres y mujeres que se enamoraron de él (hasta el suicidio), ovaciones a sus más de 5000 presentaciones por el mundo, madre y hermana que lo idolatraron, alumnos que lo aplaudieron y una mirada narcisista sobre el mismo: “El cirujano que me operó me dijo: usted es un asesino hacerme tocar esa cara tan fresca. Ahora evalúa la posibilidad de tatuarse el delineado de los ojos “más por los demás que por mí porque yo soy muy distinto sin esa línea

Con frases siempre eficientes como una hoja de bisturí en las manos de un cirujano experto, LG boceta el perfil del pianista: “El piano es un animal de madera agazapado hasta que Bruno descarga lo que sostienen sus músculos para producir el salto hacia la presa de un público encandilado” pero “hay algo más impresionante que observar las manos de Bruno Gelber cuando toca ….y es observar su rostro. Es el rostro de alguien que contempla un cosmos de belleza inaudita o una bendición sideral o un epigrama que contiene el deslumbrante sentido de todo. El rostro de un devoto, de un raptado por el éxtasis, de un condenado, de un profundamente enloquecido” 

Un verdadero prodigio cuyo arte consiste en ser el mejor vehículo de la obra de otros. Paradójicamente él mismo es su mayor composición y Leila antes que interpretar al personaje nos conduce por sus gestos, por sus actos, por los vínculos que establece con quienes convive (alumnos, mucamas, familiares, secretarios y otros a quienes no se sabe qué rol asignarles) para que podamos desencriptarlo.

Frente a una personalidad muy compleja de contar, la autora corría el riesgo de hacer una parodia, porque reducir rasgos muy fuertes puede terminar en ese lugar. Para evitarlo apelo a muchos diálogos renunciando a glosar todo. Hacerlo hablar a Bruno y descubrirnos su manera de ser chispeante, feroz, intempestiva, registrando sus cambios bruscos en relatos desordenados que detiene o prosigue cuando quiere.

La conversación es un electrocardiograma lento que bombea contradicciones, dualidades y personas sin sexo ni nombre. Con  enorme oficio, Leila va registrando frases que definien a un personaje, por lo menos enigmático, que aunque parece un monje entregado a su arte, se desliza permanentemente con libertino deleite haciendo alusiones al sexo y a frases de doble sentido “el talento y el genio van muy por encima de la experiencia: si tienes que estar triste para transmitir tristeza es que no tienes talento”; “la partitura es información muerta”; “los otros días estaba rememorando los intermezzi de Brahms y estaba tan emocionado frente a esa maravilla…son tres páginas y está  la pasión, está la tristeza y también está la alegría, la rabia”; “no tenés que entender, tenés  que sentir, pasa por encima de todos los otros sistemas vitales”; “El ideal sería que uno no tuviera una definición sexual y que le pudiese gustar tanto una mujer como un hombre, como un perro”; “no tengo ninguna fascinación con la sordidez”; “No me masturbo en el horror“; “Lo que sentís tenés que pasárselo a los demás. Es lo mismo que si hacés el amor con alguien. Tenés que pensar que la persona siente. No solamente morirte de placer vos”; “Existe el hecho de esa comunicación con los demás. Y estudio todos los días del mundo. Yo vivo en música. Y me encanta hacer vibrar a los demás por medio de la música que me hace vibrar a mí”.

Leila nos transmite -como si estuviera atrapada en su campo magnético-, lo que en una estructura más tradicional, quizá se hubiera podido decir en menos páginas. A veces una anécdota trivial se repite en tres capitulos o una escena vuelve reversionada o se convierte en un estribillo y uno se pregunta para qué tanto y termina respondiéndose: por qué no? Acaso la ciencia y el arte siempre vivieron de eso: de girar más veces de lo necesario sobre el mismo eje. 

Para contarnos a Gelber -personaje magnético, manipulador y demandante- que no la suelta LG da con el tono o la atmosfera necesaria gracias a los recursos de su voz (la distancia que toma del personaje, la posición del foco o la cámara) y a su mirada despojada de los prejuicios, situada a medio camino entre lo cínico o lo sarcástico y lo complaciente, aunque alejada de la sospecha o la paranoia.  

Narradora excepcional, Guerriero ha hecho de este libro un perfil de Gelber que vale por una biografía o por una novela, debido a dos detalles esenciales: el concepto de expresar algo a través de varias voces y esa debilidad que posee por trabajar los detalles en la forma en la que se dirige al personal que trabaja en la casa, cómo se sube a un taxi, cómo saluda o con qué fruición come un budín.

El pianista argentino, uno de los más virtuosos del mundo y, a la vez, una figura impactante por su capacidad expresiva y por el ejercicio brillante del humor y el juego retórico, es un hombre inteligente, locuaz y desmesurado. Pues bien, Opus Gelber. Retrato de un pianista  (Anagrama), el nuevo libro de Leila Guerriero (Junín, Provincia de Buenos Aires, 1967), una de las más notables cronistas en lengua española, es en definitiva una obra a la medida del personaje.

Opus Gelber (2019)

Autora: Leila Guerriero

Editorial: Anagrama

Género: crónica

Complemento circunstancial musical:

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