Reseña #774- Desde las sobras


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Por Josefina Fonseca

Restos de un pescado podrido en un basurero, restos de una mujer que creyó brillar y se apaga de vejez en un geriátrico, restos de agua que va a rodar por el lavamanos, restos de una infancia que ya no existe, restos de una felicidad que hay que impostar. “Disfrutando las sobras”, como quien encuentra o quien permanece en ellas buscando un sentido, es como Pablo Gungolo construye los poemas de los restos (Ediciones en Danza, 2017). Y consigue así, entre fragmentos, un pulso siempre certero y preciso que avanza hacia algo nuevo.

“Mientras los días pierden sus nombres” es la primera parte del poemario: fragmentos de escenas que disparan la posibilidad de una historia en donde no había más que un descarte. Poemas librados casi por completo de la aparición de un yo, como si también la voz que narra necesitara perder su nombre para hacer visible ese destino fatal que sucederá solo cuando sea contado. Gungolo observa a Gómez y lo que dice de él podría ser también un reflejo suyo: “gómez con un piloto y un cigarrilo/solemne juega al detective: /revisa personas, cómo esperan/ sus manos y qué miran, cuál es/ el detalle único e irrepetible/ que no sucede dos veces/ pero el anónimo investigador/ en la atmósfera es tragado/ por la boca del subte”. Pero Gungolo, reflejo inverso, es quien traga y regurgita los fragmentos.

La segunda parte del libro, “los hilos de la creación”, nos muestra el revés del bordado de la ficción. El autor describe, como acto inaugural, la escena de una fotografía: “un instante donde el ruido/ de las olas el viento el banderín rojo/ congelados reposan sobre la mirada/ y se abre una tierna herida/ los pelos erizados del brazo/ atraen la distancia, aquello que podía ser ajeno”. ¿Son distintos, acaso, los móviles y los efectos del poema? “No hay movimiento/ que no muera” propone Gungolo, y deja resonando una idea: la probabilidad de que lo que se detiene en una foto se parezca entonces a la quietud de un verso: inmóvil en su génesis, inmortal en consecuencia.

“El quid del despojo”, tercera y última parte de los restos, trae la aparición de un yo narrativo. Un pendular entre lo que hubo y lo que debería haber y no hay, como si la recolección de fragmentos a priori ajenos hiciera nacer con ellos las partes dispersas de la voz que narra. Volver a la casa de la infancia, que todo permanezca intacto y que, sin embargo, la canilla de siempre mane un agua de sabor desconocido. Porque los restos funciona también como un zoom gradual y centrípeto: “pensar eso es la vida: el desborde/ de volver el tiempo atrás/ mientras las brasas, último corazón/ del fuego ardiendo ya sin alimento”.

Los restos (2017)

Autor: Pablo Gungolo

Editorial: Ediciones en Danza

Género: poesía

Complemento circunstancial musical:

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