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Reseña #189- Un pasado enterrado

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Por Coni valente

Increíblemente y por mera casualidad me voy una semana a Ostende, el balneario entre Pinamar y Valeria. Y el protagonista que construye Ana Paula también se va a Ostende, pero en el Delta, aunque claro, este libro será mucho más que él y yo estando lejos de casa.

De movida les digo: el libro tiene una edición “distinta”. El papel no es blanco, sino gris y tiene una textura más consistente que el que habitualmente se utiliza.

El que relata es escritor y dejó en la civilización a una mujer llamada Cata. Enojada. Tiene una amante llamada Raquel pero ella no está (al menos en el principio). Y en su trayecto a la casa alquilada que será su hogar los próximos cuatro meses, un descubrimiento inesperado vira su destino (o el de su pensamiento): una cruz esvástica.

Soy productora de televisión y decidí abandonar mi rutina una semana para recibir el nuevo año con amigos y en la playa. Dejo en casa las cenizas de mi perro después de 17 años de vida compartida y muchos libros por leer. Al llegar al apart me topo a solo media cuadra, la vieja rambla del lugar en donde se encuentran dos pináculos sobresalidos de la arena y hablan de una historia enterrada.

El relato de él se remonta a la década de 1940 y el mío a la de 1910. Alemania nazi durante la segunda guerra mundial y Bélgica invadida durante la primera guerra mundial. Hacia esos lugares de la historia nos transportarían a él, su viaje a Ostende en el Delta, y a mí la lectura de este libro y mi visita a Ostende, el balneario desfavorecido de la costa argentina.

Ana Paula, que en realidad se llama Andrea, aborda, de una manera muy ilustrada y utilizando una ficción montada sobre la realidad de hechos históricos, un tópico muy polémico que gira alrededor de la figura de Perón como líder político de nuestro país: la conexión argentina con Hitler, el Fuhrer. En cambio yo, descubro sin quererlo, el vínculo existente entre mi playa, los nazis, los belgas invadidos, Perón y esta novela. Creer o reventar. Todo está relacionado y leer Ostende al mismo tiempo que estar en Ostende (aun no siendo el mismo lugar) me impulsa a escudriñar la zona como si fuera un detective, igual que hace quien relata en el libro, con su isla en el Delta.

A pocos días de llegar a lo que sería mi breve veraneo conozco en La Rambla a Agustín Robette, un joven alto y flaco, portador de una diminuta barba de cierto tono rojizo y algo de hípster en su look. Charlamos caminando por la playa hasta el viejo hotel y en nuestro dialogo me comenta que su tatarabuelo fue quien llego de Bélgica apenas iniciado el siglo XX para construir en nuestro mar una réplica del balneario belga de mismo nombre. Tal proyecto fue real pero quedo truncado en 1914 cuando Alemania como parte del Plan Schlieffen invadió Bélgica y entonces los compatriotas del lejano familiar de Agustín debieron regresar a su país de origen dejando a medio camino todas las construcciones iniciadas a orillas del mar (o debajo de él). Ya al anochecer de ese mismo día, el tercero para ser específica, es cuando leo en el libro que me traje para “desconectarme” que el personaje principal descubre que los alemanes trajeron de Munich al Delta una imponente construcción que sería el Club Teutonia donde Ludwig Freude era asiduo remero en los mismos años que el tatarabuelo de Agustín dirigía las obras en la playa, mi playa. Esa línea de la novela funciona en mi como un disparador y entonces decido regresar a la rambla para husmear en las inmediaciones de los vestigios del puente enterrado y al excavar en la arena encuentro sin buscarlo una vieja moneda dorada con la cara de Leopoldo II, quien fuera rey de Bélgica durante la invasión alemana. Me la llevo a mi departamento y como incentivada por el hallazgo busco bibliografía de ambos asuntos: el ingeniero alemán mencionado en el libro- Freude- y el belga mecenas de este balneario- Robette.

Resulta ser que adentrándome en varios textos que voy leyendo mientras avanzo en la historia que me propone Gunkel, descubro que no solo el hijo de Freude- Rudy- traba relación con Perón sino también el hijo de Robette- Joseph. Llamativo.

Las siguientes tardes que me quedan en Ostende me ocupo de recabar pistas que me permitan reconstruir parte de la historia que presiento oscura de este lugar, ayudada por las amenas charlas con Agustín. Así también hace el escritor internado en la isla, ayudado por Raquel y entonces aparece en el libro de Ana Paula una cita del arquitecto Enrique Jan que me viene al pelo para condesar en una única oración el posible significado de todo esto: “El triángulo encierra en sí mismo un principio simbólico de unidad primigenia, sugiriendo lo ocurrido desde la partícula elemental hasta ese desarrollo cósmico en el cual estamos inmersos”.

Sobre el final de la novela, que coincide casualmente con el cierre de mi descanso, resuena en mi cabeza durante mi viaje de regreso: el desarrollo cósmico en el cual estamos inmersos…

Quizás leer “Ostende, una célula nazi en el Delta” veraneando en Ostende, el intento de réplica del balneario belga, no fue casualidad como tampoco lo fue conocer a Agustín ni descubrir leyendo a Jesús, a Carmina o a Zunilda, quizás no ha sido fortuito que yo encontrara aquella moneda (la que por cierto me llevo de souvenir) o que me desasnara leyendo sobre los nazis en Argentina así como sobre los belgas y sus intenciones en nuestra costa. Y ahora, me queda volver como a Gabriel, cargada de interrogantes y con miras a discernir si es mejor dejar esas preguntas sin respuestas o buscarlas. Kafka decía: “A partir de cierto punto no hay retorno posible. Ese es el punto al que hay que llegar”

Gunkel logra lo que creo fue su objetivo en esta novela: mezclar con éxito su ficción y una crónica periodística de las investigaciones realizadas al respecto de las células nazis activas en nuestro país durante épocas de Perón y eso, sin querer, encaja perfecto en mi semana playera que finalmente logra transformarse en esta reseña que también mezcla- espero que satisfactoriamente- mi vida real con aquellos planes secretos de los belgas en Argentina.

OSTENDE, UNA CELULA NAZI EN EL DELTA (2014)

Autora: Ana Paula Gunkel

Editorial: G de hormiga

Género: novela

4 comentarios

  1. Vidas leídas Vidas leídas

    Muy buena reseña, despertó mi interés sobre la novela. Gracias por compartirlo.

  2. Irasema Rivas González Irasema Rivas González

    Reseña muy bien estructurada. Capaz de involucrar al lector aún sin tener referencias y experiencias en el sitio, la descripción del paisaje transmite y transporta fácilmente a quien lee. Los cruces de ambas tramas, muestran como el laberinto de la vida nos lleva a su antojo a donde no imaginamos. Apetece leer la novela. Gracias por Compartir.

  3. Ricardo Sosa Ricardo Sosa

    Antes que nada, te felicito por ser una Gran Escritora, te confieso, no soy una persona lectora, pero cuando decido leer algo, lo hago, y más cuando estoy dedicado a la profesión docente. Siempre habrá oportunidades y aprovechamientos para poder tener vivencias increíbles, y lo que se esperaba un descanso en el balneario, pudiste descubrir muchas cosas que en tu redacción plasmaste. Espero algún momento de la vida tener en mis manos lo que de tu lápiz haces redactar, y descubrir esas vivencias de vida que le dedicas con mucha pasión.

    Te mando un saludo afectuoso. Tu fan lector: Ricardo Sosa.

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