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Reseña #130- Pequeña flor o gran McGuffin

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Por Pablo Méndez

La reseña de este libro llega tarde. Ya todos los medios literarios importantes publicaron sus apreciaciones sobre Pequeña Flor. Estas líneas militan la necesidad de decir algo más a lo ya escrito. Más cerca o más lejos de la verdadera intención literaria de su autor, Iosi Havilio, los suplementos han surtido sus páginas con las siguientes expresiones: “Novela aireana”, “Novela fantástica”, o lo que la mayoría de los reseñadores han coincidido: una novela sobre la vida y la muerte, o sobre la resurrección, en pocas palabras sobre lo que no muere. No voy a refutar las consideraciones de mis colegas, simplemente me gustaría hacer foco en otro lado.

Las primera vez que leí Pequeña flor no fue al leer el libro. Hace unos años leí parte de esta historia en forma reducida que Havilio publicó en la revista La mujer de mi vida. No recuerdo con precisión si era un fragmento o la escena tenía la lógica del formato de cuento: José le pide una pala a su vecino y luego de unas rondas de alcohol y música jazz, lo asesina. El texto era directo, sin floreos argumentales, un acto de locura no justificada que cumplía un efecto determinado. La extensión de la novela mantiene esa escena como eje de algo que desacomoda la trama y la enrarece satisfactoriamente. Escrita en un solo párrafo, el largo aliento medita entre esa improvisación jazzera que nunca pierde el control y los elementos extraordinarios que hacen suponer una justificación a ese realismo desafectado que Havilio acostumbra en sus historias, ese andar rumiante de sus personajes en busca de su existencia.

Más allá de la metáfora del título, lo que más me interesó de la novela es el recurso de no resolución de los elementos de suspenso que pintan la historia. El estilo de Iosi es lo realmente atractivo, cómo su prosa le da forma a una historia que con el paso de las páginas nos hace avanzar hacia un final que esperamos con cautela. Una ambigüedad voluntaria que zigzaguea nuestra atención en varias “pequeñas” historias que van desde el realismo puro a lo fantástico o lo desopilante.

En cine existe un recurso muy utilizado que se denomina McGuffin. Se define como una excusa argumental que mantiene nuestra atención sin que ese efecto determine o explique la trama. Vale recordar el maletín resplandeciente de Pulp Fiction o, quizás el más grande McGuffin de la historia, el  famoso “Rosebud” en la boca de un Orson Welles a punto de morir en Citizen Kane. Si bien la columna de la historia es esa disyuntiva sobre lo que vive o no deja de morir, el entramado existencial, Havilio nos esconde en su manga esa habilidad de mantenernos cesantes con un yeite de orden fantástico que nos deja expectantes hasta el punto final. Si se resuelve o no el suspense no es lo importante, el valor literario está en esa infinita manía de mantener con vida nuestra atención. (Tal vez esta reseña no cumpla su cometido y sea solo un McGuffin. Tarde, ya estamos en el párrafo final).

Havilio narra como la canción de jazz que da título al libro, ensortijando escalas complicadas por el tallo breve de una flor. Pequeña Flor no es otra cosa que muchas pequeñas muertes que no hacen nunca una gran y decisiva finitud. Breves interrupciones  orgásmicas que nos sacan de nuestra existencia y nos la devuelven más o menos desordenada, como debe ser: un plan maestro para desequilibrar un poco la realidad.

Pequeña flor (2015)

Autor: Iosi Havilio

Editorial: Random House

Género: novela

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