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Reseña #154- ¿Todo ocurre un domingo?

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Por Coni Valente

Voy a empezar por lo primero. NO ME GUSTAN LOS CUENTOS. Así, con mayúsculas. Prefiero las novelas. No leo cuentos, no sé bien por qué pero es un género que definitivamente no es lo mío. Y en menos de dos líneas metí cuatro “no”. Por ende, sepan que escribiré esta reseña con ese escepticismo inicial. Lo segundo es que voy a tener que comprender que la lectura de cuentos tiene una dinámica distinta a la de una novela.  Y en consecuencia, deberé adaptarme a una nueva cadencia, cosa que no es menor.  

Dicho esto, paso a lo que nos compete: Fin del mundo y otros relatos, de Leonardo Huebe. Voy a ser tan prolija como la estructura del libro me propone. 75 páginas, 6 partes, ninguna de más de 7 hojas. Ellas son: “Fin del mundo”, “Regla 11”, “El año que no trabaje para Los Redondos”, “Los años que les quedan”, “La gota constante”, “El deseo” y “Los monocigoticos”.

Supongo que el lector de novelas tiene ciertas deformaciones. Y leyendo este libro me afloraron de una forma un poco maníaca. Es impensado que el autor haya metido estas historias en un mismo ejemplar sin que haya una conexión entre ellas, de alguna manera deben relacionarse, tener puntos en común o cierta continuidad que las ate. Por esta tendencia, con aristas pseudo esquizofrénicas, Fin del mundo se convirtió para mí, más en un objeto de estudio que en otro ejemplar en mi biblioteca.

El primer cuento, que es el que le da nombre al libro, relata un recuerdo en el presente. Y aunque Huebe tiene la habilidad de “decir” sin ser absolutamente explícito, este relato pone de manifiesto el pasado de un médico apropiador en la última dictadura militar que azotó este país y trae ante nosotros la reflexión de la culpa. “La lleve a casa con el ombligo recién cortado. Le dije a Elena que era huérfana. Ella me miro y no dijo nada: ahora si era madre. La llamamos Angélica”. Pero yuxtapone a ese enfoque aquel del otro lado de la vereda: el secuestrado, el que no llego a desaparecer “¿Fue nene o nena? ¿Quién lo tiene? ¿Sobrevivió?”

Y como una forma de hilar esta narración a la que le sigue “Regla 11”, allí también hay un hijo, legítimo esta vez pero muerto y una vez más el autor no hace explicita esa muerte pero se sobreentiende y elige contar el después de esos padres amputados, una vez más, a través de los recuerdos entremezclados con los sueños. Y en esta ocasión le pone un poco de tradición  futbolística también y encuentra en ese recurso la manera de transmitir la relación padre-hijo (muerto ahora, vivo antes).

Hasta aquí, Huebe introduce el tema sociopolítico en relación con las relaciones familiares y de algún modo, habla de dos tragedias. Y es entonces en este punto donde me desconcierta, porque luego me encuentro con “El año que no trabaje para los Redondos” que, si bien, tiene un punto de contacto con las anteriores historias (Mar del Plata- de donde es oriundo el autor) nada tiene que ver en asuntos de contenido. O tal vez si, ya que básicamente es el relato de un engaño. El atractivo, creo yo, de este brevísimo cuento, es que hace referencia al entorno más cercano de una banda de rock legendaria.

Luego de este breve relax aparece “Los años que les quedan” y entonces el autor vuelve a la carga contando como agoniza un viejo “camarada” y los antiguos compañeros de las “células armadas” que integraron en tiempos de lucha, reconstruyen parte de la historia compartida a tan solo 48 hs del final mas esperado. Otra vez, Huebe trae con sus letras una rememoración de lo que fue la época más oscura de nuestro país y en esta ocasión desde un nuevo ángulo: esos grupos de militantes que luchaban por “la utopía” y que como consecuencia de ir tras un sueño eran perseguidos hasta la diáspora o hasta la muerte.

Al momento que “La gota constante” irrumpe en el libro, la tarea de forzar mi cabeza para que estos cuentos se transformen en una novela es innecesaria, pero de repente vuelve a aparecer en una oración la localidad de Paso Obligado y el ex comisario Beltrán y ahí mis ojos vuelven a iluminarse y en mi intriga literata elucubro una teoría que tal vez no es correcta pero que a mí me alcanza para no perder la esperanza. ¿Será el comisario Beltrán el mismo comisario al que se hace referencia en el primero de los relatos? Si así fuera, Simón Ventura, el protagonista de esta parte, debería viajar hasta aquel pueblo a investigar a su abuelo que sería quizás el enemigo más acérrimo del que aquel desconocido en “El fin del mundo” recuerda así: “¿El comisario vive? Ese hijo de puta estaba las veinticuatro horas tocándoles las tetas a las mujeres”. Me ilusionó un poco pensar que había un cruce entre cuento 1 y cuento 5 pero la verdad, creo estar equivocada.

Tras este breve lapso de ilusión pasajera en la búsqueda incesante de puntos de encuentro, llegué a “El deseo” que relata la estancia en un psiquiátrico de un preso político, o más bien judicial, ya que el interno monologa acerca de ese juez perverso llamado Magno. Pero aquí el fondo de la cuestión, más que la internación, es la historia de un abuso aberrante.  

Y al final, en “Los monocigoticos”, Huebe no toma descanso y es como si volviera al principio construyendo una narración que retoma el tema de los desaparecidos, pero esta vez sobre el cierre de la dictadura y desde la óptica de un hermano ¿gemelo? El autor siempre te deja en la duda, por ese estilo, que comente al empezar esta reseña, de poner de manifiesto ciertas cuestiones sin mencionarlas con todas las letras.  

Leyendo todo mi análisis hasta aquí, puedo comprender que Leonardo Huebe hace un gran trabajo publicando de manera conjunta estos cuentos en particular. Y no otros. Es como si tuvieran un balance perfecto, como si no sobrara nada. Sin embargo, me pasa que los cuentos me dejan la estricta necesidad de saber más, de desear que la historia continúe, me dejan preguntas, ganas de enterarme si “el Tordito” le dijo la verdad a Angélica, si al final Tovarich se murió, si el comisario del primer cuento es el mismo que busca Simón Ventura en el quinto,  si al interno 2664/4 “lo suicidaron” o si Ramón era realmente gemelo. Y también, me queda una duda inmensa: ¿todo ocurre un domingo?  No olvidemos que está científicamente comprobado que la tasa de suicidios es más alta ese día de la semana y ¿Qué es sino un suicidio, el fin del mundo?

Fin del mundo y otros relatos (2014)

Autor: Leonardo Huebe

Editorial: Letra Svdaca

Género: cuentos

2 comentarios

  1. leo Huebe leo Huebe

    Gracias Coni por la lectura y la reseña. Un abrazo.

    • Gracias a vos por tan lindo libro.

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