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Reseña #42- Un ver

Damian huergo - tempestad-1

Por Psique Giallo (Noelia Casais)

El perfume del enjuague para ropa, el sonido de las máquinas, el sabor de la cerveza, el ardor en la piel quemada por el sol y la constelación de Jack el destripador; son algunas de las cosas que Mauro, a sus catorce años de edad, puede ver -y percibir en su cuerpo- durante un verano.

En un perfecto paralelismo entre el antes y el después de convertirse en hombre, Damián Huergo nos cuenta, en 18 capítulos, la batalla del amor (¿Platónico, romántico, real, ficticio?) por -la- Victoria.

Una victoria que para Roberto, uno de sus clientes, ex soldado de Malvinas, sabe a vino tinto y sangre cuando se bebe de la copa rota; sabe a bolero.

Para Mauro, en cambio, el mundo que recorre en bicicleta repartiendo bolsones de ropa limpia, constituye un collage de estímulos sensoriales. Victoria es un cuerpo de mujer, su primer cuerpo de mujer. Hermosa, ajena, “más grande”, inalcanzable como el fondo del mar.

Su manera intuitiva y pasional de deslizarse en bicicleta (uniformado con el short de Témperley) por las calles del pueblo costero -en el que decidió quedarse a trabajar ese verano por pedido de su madre-, le permite acceder al círculo de amigos de Victoria; probarse ante ellos, medirse, asociar solidaridades efímeras con nuevas masculinidades; armar fugas, en soledad y en compañía, de una “temporada alta”que no le pertenece.

Parado al borde del mar, Mauro sabe matar la bocha que viene de volea con el muslo y pisarla antes de que se la lleve el agua. El talento con la pelota y la habilidad para formar pilitas como tótems con todo lo que es apilable, le sirven para intervenir en una realidad simbólica que apenas alcanza a comprobar («Mauro no reconoció ninguna cara. Una sensación extraña creció dentro suyo. La misma, pensó, que había sentido cuando había ido a ver dinosaurios al Museo de Ciencias Naturales y en su
lugar encontró réplicas hechas con huesos de acrílico.»)

Uno, como lector, puede interpretar muchas cosas, pero de pronto, lo que más llama la atención, es descubrir que el narrador no es necesariamente un narrador omnisciente: es en ese truco donde radica la magia de esta prosa. Porque Damián Huergo ha sabido diseñar un tipo de testigo que observa desde Mauro, que huele desde Mauro, que sabe desde Mauro, y que capta la verdad que lo rodea en cada golpe de idea como un símil. Por eso no hay manera de juzgar su accionar.

El lector sólo puede atestiguar la certeza de haber sido atravesado, de lado a lado, por un hermoso relato sobre el amor y la guerra, sobre el sexo y el sexismo, sobre el uso y el abuso, sobre el agua (“Si estàs perdido en una isla y encontrás una botella, ¿qué preferís que tenga? ¿Vodka, tequila o un pedazo de papel diciendo “buena suerte compañero”, “te extraño hermosa”, o peor, “te voy a amar toda la vida”?) y el fuego («Del tronco largo y ancho que había estado largando humo y calor toda la noche, sólo quedaba un despojo carbonizado del tamaño de un brazo. Su punta más consumida parecía un mechón de canas.»).

Y en el medio, más bien sobre el final, una cicatriz, un cráter en el médano solitario, una rasgadura por donde se pierde Mauro y se salva el lector, al sentir la dulce conmoción que suscita la literatura que trabaja con lo incomprensible.

Un verano (2015)

Autor: Damián Huergo

Editorial: Notanpüan

Género: novela

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