Reseña #507- La melancolía de un tiempo antiguo


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Por Vivi Vallejos

Al fondo de todo está el ruido. La música de la vida contemporánea. Alfredo Jaramillo lo revela de buenas a primeras, como si se tratara de una declaración de principios. Para que nadie se confunda: sus versos son lo que alguien, cualquiera -él, en este caso-, puede decir sobre su época.  ¿No es eso lo que hacen los poetas? Es probable, en alguno de los tantísimos sentidos en que puede darse. Y en Nomenclatura Turbia, los versos de Jaramillo son la manifestación de un código común: un sentido del humor, una geografía urbana, un lenguaje, un gusto por la cultura pop. La melancolía por un tiempo antiguo no tan antiguo y las ganas de hacer borrón y cuenta nueva con el mundo conocido:

Me regalaste un fanzín con letras/ de viejas canciones que cantabas/ tenía dibujos de catástrofes/ y había personas con chupines/ corriendo hacia salidas de emergencia/ (en la tapa había un lobo iluminado/ por una luz de boliche, un plato/ volador coronaba la escena)//Me pediste que admirara la belleza/ de esa industria y tarareara/ su melodía en la calle/ pero la verdad estaba en otra/ me inquietaban los problemas del mundo/ o al menos los problemas que la mente/ trae del mundo hacia el lugar/ donde la mente se aloja/ un lugar mojado y sucio/ como un nido de pájaro/ después de una tormenta.

Pero, claro, todo se reduce siempre a una percepción subjetiva, un punto de vista atravesado por un modo de ver colectivo, histórico, cultural, generacional, si es que existe tal cosa. En su poesía está  la tensión de un presente. Una época que no es esta. Un pasado reciente, o no tanto, un pretérito indefinido. Como el ojo cinematográfico que intenta captar la apariencia fugaz de aquello que cambia ante la mirada. Hay algo que está en sus poemas y está en el mundo. Una reproducción icónica. Un tic tac, una cadencia, un compás.

En Dayton, Indiana/ hay un restaurant menonita/ donde las jóvenes camareras/ atienden a sus clientes/ con trenzas de fantasía// Sirven manteca de maní/ con miel y malvavisco;/ así me lo contó Jade/ una chica de Ohio./ Ella tenía un novio australiano/ su nombre era Rhys.// Cuando se enteró/ de lo que pasaba en Dayton/ él dijo:// Dios no debe/ querer a los menonitas/ para hacerlos comer/ semejante porquería.

Apático, por momentos -como una canción escrita con la urgencia de un escupitajo-, coloquial, de filiación antimetafísica. Lírico, a veces; narrativo, otras. Una poesía mundana: terrenal y trágica como un paisaje asfáltico cubierto de baches en el que se anega la lluvia.

Nomenclatura turbia (2016)

Autor: Alfredo Jaramillo

Editorial: Caleta Olivia

Género: poesía

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