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Reseña #326- Menos es menos

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Por Yamila Bêgné

La vegetariana es una novela sobre la mirada de los otros, una novela sobre tres pares de ojos puestos sobre un personaje y una situación: Yeonghye, protagonista casi muda que, a partir de un sueño, decide dejar de comer carne. Estructurada en tres partes, “La vegetariana”, “La mancha mongólica” y “Los árboles en llamas”, la novela de la escritora surcoreana Han Kang, Premio Man Booker International 2016, construye tres miradas en torno a su protagonista. Así, las perspectivas narrativas de su esposo, su cuñado y su hermana van construyendo un relato caleidoscópico de Yeonghye. Este caleidoscopio, sin embargo, tiene una particularidad: posee solo dos colores, blanco y negro. Con uno resta. Y con el otro suma.

Menos

Ante todo, La vegetariana puede pensarse como una novela sobre la resta. Yeonghye va desapareciendo progresivamente de la novela. De algún modo, es como si página a página la protagonista se fuera volviendo transparente, traslúcida. En su arista más kafkiana, la novela de Han Kang propone el lento pero incontestable achicamiento de su personaje. La voz de Yeonghye se va acallando, sus entradas en diálogos van siendo cada vez más esporádicas. Su cuerpo mismo se somete al mismo proceso que elige para sí el artista del hambre de Kafka: se reduce, se resta a sí mismo de sí mismo, para acercarse lo más posible a ser nada, a ser cero.

Lo mismo ocurre con su voz: si en la primera parte de la novela, la voz de Yeonghye aparece en pasajes de primera persona marcados con itálica, en la segunda y en la tercera la novela abandona este recurso y la desaparición se hace más y más pronunciada. El cuerpo se achica y la voz acompaña. En contraste, la presencia de los otros comienza a brillar de forma estridente, sus voces suenan más fuerte, intentan llenar el silencio que quiere alcanzar Yeonghye: “¡Tienen miedo de que te mueras!”, le dice su hermana. “Y por qué no puedo morirme”, pregunta Yeonghye “antes de cerrar su boca definitivamente”.

Más

Hasta aquí, y en este aspecto, La vegetariana es una novela sobre la sustracción: restar carne, restar cuerpo del cuerpo, restar palabras de lo que pronunciamos. Pero la de Han Kang también es una novela sobre la suma. Lo es, en primer lugar, estructuralmente: las tres partes, que se pueden leer de forma autónoma (de hecho, la primera, “La vegetariana”, fue escrita primero como cuento), se suman la una a la otra para formar un todo más grande: son eslabones de una cadena corta y lineal, que no cierra nunca sobre sí misma, que se va haciendo cada vez más fina, en una asíntota que roza el cero.

En segundo lugar, los personajes que rodean a Yeonghye están todo el tiempo tratando de contrarrestar la resta con alguna suma: la obligan a comer carne, o a comer lo que sea, más tarde; le añaden fines ajenos a la acción de Yeonghye, que en principio no es nada más que eso: una opción por la resta.

Tercero. En la segunda parte, la novela también ensaya una teoría estética del palimpsesto o la sobreimpresión: a través del personaje del cuñado de Yeonghye, artista visual obsesionado con la protagonista, La vegetariana nos presenta un pasaje meta-artístico. El cuñado de Yeonghye dibuja elementos del reino vegetal sobre la piel de ella y después la filma, sola y con otros. Restar carne y sumar plantas, entonces: sobreimprimirlas hasta que se conviertan en suplemento de la propia piel. Hay allí una propuesta estética: el arte como aquello que construye naturaleza después de haberla borroneado.

¿Más o menos?

La vegetariana nos pone frente a un juego de fuerzas, frente a un mapa de economías antagónicas en el que la resta y la suma están todo el tiempo intentando ejecutar su operación matemática sobre la trama narrativa y sobre el cuerpo de la protagonista. El más y el menos, la suma y la resta, van, además, adquiriendo connotaciones a lo largo de las páginas. La suma se va convirtiendo en la acción de los otros, en la acción del entorno y de los sistemas, en la acción que está siempre demarcando el hasta dónde para los sujetos. Para decirlo claramente: la suma termina siendo el enemigo en la novela de Han Kang. La resta, en cambio, se transforma claramente en el modo más personal de la acción: la única forma posible que encuentra Yeonghye para seguir siendo quien es, o el único camino más o menos soportable para empezar a serlo. Pero hay que tener muy en claro lo siguiente: aquí, menos no es más. Decir que menos es más sería, de alguna forma, malograr la construcción del relato y de Yeonghye que logra Han Kang. En La vegetariana, menos es simplemente menos: es la posibilidad de acercarnos a desaparecer completamente.

La vegetariana (2016)

Autora: Han Kan

Editorial: Bajo la luna

Género: novela

Un comentario

  1. Fernando Torres Fernando Torres

    Muy buena nota.

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