Skip to content

Reseña #441- La parte que existe sólo en soledad

18280908_10213073379539096_1934980832_n

Por Gilda Manso

Hay una frase muy famosa, creo que de Cortázar, que a todos los que escribimos cuentos nos gusta repetir: La novela gana por puntos, el cuento gana por KO. Además de ser una frase bella y potente, suele ser cierta: resulta raro que una novela gane por KO y, por lo general, si un cuento gana por puntos muchas veces sentimos que le falta algo. (Nota al margen: un ejemplo de novela que gana por KO es Elena sabe, de Claudia Piñeiro).

El bazar de los malos sueños de Stephen King es un libro de cuentos que ganan por puntos. Esto, aunque no lo parezca, es un elogio y una sentencia llena de admiración. Porque el libro es muy bueno. Que los finales no noqueen no significa nada, y si significara algo sería esto: Stephen King no necesita noquear. Insisto: esto no es una disculpa. Hay personas cuya trayectoria les otorga inmunidad, pueden hacer lo que quieran, ya está. No estoy queriendo decir eso en esta ocasión. Cada cuento de El bazar de los malos sueños es perfecto así, sin ese golpe del final. Que un escritor que escribe cuentos no necesite ese golpe del final sólo puede ser un gran escritor.

Otra cosa para destacar: El bazar de los malos sueños tiene, a mi entender, un único cuento que resulta atractivo para una eventual versión cinematográfica: Área 81, un cuento de terror sobrenatural con autos monstruosos y niños en peligro. Los otros diecinueve cuentos son cuentos para ser leídos. Si tenemos en cuenta que hablamos de uno de los escritores de literatura que más veces fue llevado al cine, podemos afirmar que éste es un libro de perfil bajo, sin estridencias.

Hay, entre otros, cuentos con una notoria carga nostálgica (Batman y Robin tienen un altercado, Pimpollo), cuentos que generan angustia (La duna, Necro), cuentos de terror puro (Niño malo), un cuento tenso, casi cómico (Fuegos artificiales en estado de ebriedad), un cuento hermoso y terrible (Trueno en verano).

Y hay algo que es un tremendo acierto por parte del autor: a modo de mini—prólogo de cada cuento, Stephen King incluyó una serie de anécdotas personales en las que cuenta, en la mayoría de los casos, cómo se le ocurrió el cuento que le sigue. El resultado es un auto-retrato adorable: queremos que Stephen King sea nuestro pariente y nos cuente cosas mientras tomamos una cerveza. Menciono dos como ejemplos (alerta, pequeños spoilers):

Cuenta que una vez aceptó hacer unas fotos para la publicidad de una tarjeta de crédito, y para eso lo llevaron a un castillo, lo vistieron con un esmoquin y le pusieron un cuervo disecado en el hombro. “¡Y Dios mío, qué raro fue aquello!”, concluye.

En otra ocasión se dirigía a dar una charla ante tres mil personas, y -dice- esas cosas siempre lo incomodan: “La sensación de ser la persona indebida en el lugar indebido se deriva principalmente de saber que aquel –o aquello- que el público ha ido a ver no estará presente. La parte de mí que crea las historias existe sólo en soledad”.

El bazar de los malos sueños es un premio para los fanáticos de Stephen King, y una nueva oportunidad para aquellos que nunca lo leyeron, o que, como yo, lo leyeron de manera indebida en el momento indebido.

El bazar de los malos sueños (2015/2017)

Autor: Stephen King

Editorial: Plaza y Janes

Género: cuento

18197378_10154286495140764_799793312_n

Se el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *