Reseña #784- Los cincuenta libros para buscar en el Festival LEER (parte 3)


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Lectura y comentarios por Pablo Méndez

Antología: escritores africanos contemporáneos (21), publicado por Editorial Empatía en el 2018, es un libro necesario para los lectores en busca de nuevas en un contienen ya de por si negado en todas sus variables. En nuestro país contamos con escasísima información sobre lo que sucede en materia literaria en el continente negro, cuna de la humanidad. A través de los cuentos que integran esta antología se comprueba la riqueza de una escritura arraigada no solo en lo autóctono, también en la distancia cultural que enlaza a  colonizadores con colonizados, otredad que queda adherida a la piel. La indiferencia que el canon universal tiene se desliza en los contratos de lectura globalizando el consumo y los hábitos. Las creencias, la tradición, las estructuras sociales, la política como termómetro conductual son varios de los temas que los doce cuentos logran enfatizar. Chica Unigwe, Helon Habila, E.C. Osondu, Cat Helissen, Siphiwo Mahala, Mandla Langa, Binyawagma Wainaina, Doreen Baingana, Lily Madura,  Abdourahman Waberi y Patrice Nganang. La edición de este libro nos abre la puerta a una dimensión muy lejana del estereotipo con el que se mira al continente africano, un lugar de tiempos y geografías camufladas por el “primer mundo” donde la belleza de su cultura permite acercarnos al origen del arte.

A pasitos del fin de este mundo es una editorial que mediante su colección “Biblioteca eslovena” hace llegar a los lectores La canción eslovena (22) de Karel Destovnik-Kajuh. En esta edición bilingüe, con traducción y nota preliminar de Julia Sarachu Vodopivec, recibimos un pantallazo sobre las condiciones en que fueron escritos los poemas. La guerra como médula  temática donde el estilo del poeta es marcado por la simplicidad sin giros barrocos u adornos estilísticos, y que a pesar de la aridez de los versos la metáfora precisa permite resaltar los punto dramáticos del poema:

Como estatuas de piedra

fuimos en otros tiempos,

cuando los remansos, llenos de sangre coagulada…

Y creció desenfrenadamente esta lucha

y puso la mano en la piedra,

la mano caliente, cálida,

y encendió la llama,

que quebró la piedra

e hizo hervir la sangre en el pozo…

La historia de los conflictos  se pone de manifiesto ante la ambivalencia que existe de poema en poema. Angustia y algarabía se van reemplazando en el tono interno de un yo/ narrador que exclama y se apena, que melancoliza o emite proclamas. Pero existe una línea trazada, el remanso del guerrero, el amor como lugar de descanso, como circunstancial prueba de la realidad.

Lila (23) de Gonzalo Unamuno, editado por Factotum en el 2018, es un soliloquio sobre la violencia machista. El protagonista es un femicida que retrata con detalle los pasos de su accionar criminal. Germán Baraja es el personaje en cuestión retomado de su novela anterior, dueño de una sensualidad vampírica y dueño de un discurso psicópata con rasgos de brillantes. Dicotomía necesaria para definir su enfermedad y poner de manifiesto el espíritu de una mente hábil. El machismo ha sobrevivido gracias a la persuasión y manipulación en un juego donde la cultura no ha podido escapar: un juego de ajedrez para mantener el poder del hombre. El autor se mete de lleno en el embrión maldito de su personaje y lo desarrolla como un Frankenstein del sistema patriarcal. Una novela osada en la que los lectores sentirán rechazo pero no podrán dejar de leer. La escritura envolvente, sólida, nos aferra como un imán a pesar de la inclemencia de lo que se narra. Un libro para debatir en épocas donde la única revolución es la que entablan las mujeres, y que es una brújula para intentar rastrear la genealogía del mal.

El fin de lo nuevo: Un panorama aleatorio del cine contemporáneo (24) de Domin Choi, editado por Libraria en el 2018, invita a repensar la historia del cine a partir de la contemporaneidad. A partir de paradigmas del pensamiento donde se desglosa el sentido del cine, el autor intenta resignificar conceptos, ampliarlos, intentar desde desmenuzar la problemática del cine actual. El libro parte de un seminario dictado por Choi donde sistematiza conceptos académicos para comprender fenómenos como las remakes, el cine de género, los spin off; en pocas palabras, la intersexualidad y el rol del analista en su comprensión. Las reflexiones no solo abordan cuestiones estéticas, también como varían a partir de, por ejemplo, el sistema capitalista. El recorrido comprende más de trescientas películas y series donde uno de los puntos fundamentales es como los procesos de innovación modifican el lenguaje cinematográfico. También aborda cómo el imperio de lo digital neutraliza o, aún peor, anula la capacidad crítica. En pocas palabras, la globalización enfocada en la recepción cambia las características de consumo,  y así es permeable identificar la coyuntura política que se desprende de los distintas conceptualizaciones.

El último libro de uno de los autores más polémicos del momento salió para alistar las opiniones en dos filas bien definidas. Están los que lo aman y los que lo detestan. No hay medias tintas si se trata de Michel Houellebecq. Seretonina (25), editado por Anagrama como plato fuerte de este 2019, es una historia donde abunda el estilo provocador del escritor francés. El personaje principal es un ser autodestructivo que emprende un viaje hacia la colmena de su propio volcán. En la historia impera el tono decadentista, el sexo como epigrama  del ser, el deseo como combustible adulterado, la ingesta de drogas como un hábito inflamable.  Los personajes pasados por el tamíz de lo absurdo y un juego con la inverosimilitud de una realidad que no muestran las revistas ni la televisón. En ese mundo paralelo se aloja la obsesión de Houellebecq, un lúcido exponente nihilista de todos los sentimientos condenables del hombre. En ese raid oscuro e intolerante, el humor se escabulle por las páginas del libro con una mueca sardónica, infestando nuestra lectura del mas puro veneno literario. Un nuevo capítulo en la bibliografia incómoda de un escritor que intenta sacarle la máscara inocente a la sociedad.

Libro que debuta gana. También el caracol sale a la cancha del mundo editorial argentino con Monoblock (26) de Karina Sacerdote, nouvelle que indaga en los caminos kafkianos del submundo barrial. El título corresponde con la nomenclatura edilicia que define una porción definida de la sociedad. Con un registro coral, desde una tercera persona suspendida desde una steady cam narrativa, los personajes se suceden con sus historias a cuestas. Cada capítulo corresponde a un ambiente diferente de ese edificio mentado para aglomerar la pobreza. El argot autóctono sale de la boca de los personajes, significándolos, delineando un diccionario oral que intensifica el relato. La estructura fragmentada se nos impone en escenas como un rompecabezas fílmico. Vemos a los personajes (Germán, Marianela, El Polaquito, el Bola Flores) como representantes absolutos de la “white trash” argentina, ese enjambre díscolo bien representado por el Nuevo Cine Argentino de principios de siglo. La abulia, la desesperanza, el futuro irredento se erigen junto al cemento grueso de un tótem urbano de entrañas resentidas.

Lectura y comentarios por Valentina Vidal

En la Argentina del 21 de febrero de 2012 se conocía muy poco de las Pussy Riot y aquel video frente a la Catedral en Moscú en protesta de la reelección de Putin se veía lejano. Recuerdo verlas porque alguien me pasó el video en youtube y sentir adrenalina, pero también extrañeza. Se colgaron los instrumentos y no llegaron a la segunda estrofa que ya las habían llevado para hacerles cumplir una condena de dos años en la cárcel. ¿Quiénes eran estas chicas con tantos ovarios? Un colectivo artístico feminista ruso de inspiración punk. El tiempo pasó y los movimientos feministas en la Argentina de los últimos dos años se hicieron protagonistas de los días de quienes exigimos igualdad de derechos, no a la violencia de género y la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, pañuelo verde que nos terminó de encolumnar. En este marco pasó lo la final de la copa del mundo en Rusia 2018: las Pussy Riot disfrazadas de policías entraron al campo de juego en protesta al gobierno de Vladímir Putin, por la liberación de los presos políticos y los arrestos ilegales en manifestaciones. Corrieron de un lado para el otro, saludaron a los jugadores mientras la policía se las llevaba arrastrando una por una, yo lo estaba viendo en vivo. Bendita sea la globalización. Supe que la historia me estaba tocando el hombro. Desorden público, una plegaria punk por la libertad (27) (Malpaso Ediciones, 2018) es un libro con canciones, poemas, artículos cartas desde la cárcel y otros textos significativos de las increíbles Pussy Riot (que quiere decir “disturbio vaginal” o “motín de las vulvas”) y otrxs artistas poderosxs, a muy poco tiempo de presentarse en nuestro país y sacudir un poco el asfalto de la golpeada Ciudad Autónoma de Buenos Aires.  Una excelente opción para ir entrando en calor antes de que el patriarcado se termine de caer. La traducción es de Esther Cruz Santaella.

Claudia Masin es una exploradora, una buscadora  de semitonos y gamas de cada elemento. Su nuevo poemario Geología (28) (Caleta Olivia, 2018), trata de eso: rocas sedimentarias, arcilla, grutas, grafito, en definitiva, de respirar, y eso es lo que hace dentro de cada poema, respirar cada sílaba hasta volverla imprescindible en su núcleo vital.

La trama

Las historias que se cuentan de madres a hijas

En la noche, para que la hija duerma,

Nunca tienen final. Son las madres quienes

caen rendidas por el sueño antes de llegar a él.

La hija insiste, pregunta, pero casi siempre

Es inconexa la respuesta. Entonces

Permanece despierta, imaginando.

Ese es el origen del insomnio y los poemas.

Cuando leo a Masin la imagino sentada en la tierra, tocando las raíces del mundo, oliendo la tierra mojada, llevándose a la boca las gotas de lluvia. Una Han Solo liderando la nave espacial que la lleva por entre los meteoritos de una constelación primaria.

Terremoto

El lugar desde el que despierta y crece la sorpresa que la tierra se lleva de sí misma, el regocijo de todo ser callado cuando su secreto al fin se revela.

La poesía de Claudia Masin pregunta, abre paréntesis y le deja al lector la posibilidad de cerrarlo o de dejarlo abierto. Recupera el mundo para desarmarlo y volverlo a construir desde el principio todas las veces que sean necesarias, tanto, como lo es este poemario que se toca con los ojos. 

En qué ayer del mismo río (29) de Mariana Sonego (Indómita Luz, 2018) es una novela sobre Luna y Pedro. Ellos tienen un vínculo lleno de preguntas que a la vez sabe dónde encontrar las respuestas. Con un ritmo inusualmente musical, Sonego respira el texto sigilosamente. Arrastra cada palabra hacia territorios de intimidad acompasada por las preguntas y lo externo. Desarrollada en gran parte por medio de diálogos, su prosa distinguida alcanzada por la poesía, narra con lupa los movimientos imperceptibles del deseo. Da gusto desplegarse sobre las páginas de esta novela que invita a repensar los prejuicios de un mundo fragmentado por el desamor:

“Es que el deseo es una fuerza que no sabe, pero surca espacios exigiendo consumarse. Tan amoral como la naturaleza misma, es capaz de anudarse a lugares insospechados. Un taco, un rulo, el lóbulo de una oreja pueden convertirse –indistintamente- en el fermento y su chispa incendiaria”.

La casa partida de Karina De Blasis (30) (Malisia, 2018) es una novela coral que se desarrolla capítulo a capítulo en frascos fechados por año. Como una Mamushka que se desarma para construir una historia de evocación familiar, el tiempo transcurre envasado en imágenes aferradas a la historia que nos atraviesa como descendientes de inmigrantes y también como migrantes. Con una prosa nítida y una narración que respira a través de conventillos y contextos sociales, De Blasis expone una historia de generaciones de trabajadores que tatuaron un inconsciente colectivo que resulta en el ADN de nuestro presente zigzagueante.

“Frasco 31

2017

Frascos vencidos. Frascos con lágrimas. Frascos con nombres. Frascos con risas. Frascos olvidados. Frascos que duelen. ¿Cuánto tiempo podemos mantenerlos cerrados? ¿Vale la pena? Los frascos saltan en el tiempo. No tienen tiempo. Flotan en el vacío.”

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