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Reseña #48- Memoria teatralizada

SOLOTEMPESTJUNIO-2

Por Coni Valente

Jamás leí nada de María Rosa Lojo hasta que Todos éramos hijos apareció entre mis libros. La autora es una multipremiada escritora, muy reconocida investigadora y docente. Abrir un nuevo libro siendo virgen del autor es una aventura distinta a la lectura viciada de alguien a quien le conoces las formas. 

Lo primero que hay que decir es que ésta es una novela asentada en la historia reciente. Y voy a ser categórica con eso porque tiene toques de otros géneros literarios: algo de ensayo en cuanto al contenido y bastante de estructura teatral. De hecho se articula en tres actos y cada uno de ellos arranca con un poema.

El recurso de ficcionalizar lo casi biográfico es punto para Lojo ya que suaviza lo pesado de lo que cuenta. El segundo ardid que le reconozco es el de usar una realidad pequeña (un colegio católico de Castelar) para contar un proceso inmenso (la creciente politización de los años setenta que desembocó en la dictadura militar iniciada en 1976). Y lo tercero a destacar es el enfoque original de un tema remanido de la literatura argentina: una narradora adolescente no militante que observa el debate político de sus contemporáneos.

La historia que cuenta María Rosa retrata adolescentes que crecen al ritmo de una violencia política desmedida que comienza a gestarse en ámbitos tan cotidianos como escuelas, facultades y lugares de trabajo. Se entremezcla en las escenas diarias de las familias y entrecorta los lazos. Lo que sucede más específicamente es que las relaciones entre padres e hijos se tensan de una manera inesperada y la autora es ahí donde hace foco.

Frik, el personaje que Lojo elige como narradora central de la historia es desapegada pero no indiferente. Observa y reflexiona. Esa postura por la que ella opta carga la novela de tensión. Es como si todo su alrededor la acorralara y eso uno lo siente con el correr de las páginas. Por momentos es indignante y por otros, es asfixiante.

Por supuesto que en el escenario de peronistas revitalizados por el regreso de Perón al país y su contrapartida, los gorilas, aparece como trascendental el papel de la Iglesia. Por eso, considero acertado situar el comienzo del relato en el corazón del catolicismo, que también se ve trastocado por las transformaciones sociopolíticas que se dan en la comunidad.

Es muy interesante encontrar en los diálogos y las situaciones que Lojo presenta en la narración, un reflejo bastante claro de la realidad actual de la Argentina pese a que nos distancian de esa realidad menudos 40 años. Enemistades declaradas a viva voz por estar de un lado o de otro de la cancha, disputas encendidas en pos de la defensa de posiciones arraigadas, enfrentamientos discursivos cargados de violencia entre padres, hermanos, hijos, amigos, colegas, compañeros, etc.

La historia argentina se ha caracterizado por estar sistemáticamente dividida desde el principio. Unitarios y federales, peronistas y antiperonistas y hoy, kirchneristas y anti K. Siempre hubo una distancia ideologica que nos ha separado y más que eso, enfrentado, casi como en una contienda deportiva.

El cambio en los 70 fue realmente vertiginoso y muchos jóvenes de clase media se vieron motivados a participar activamente ante la creciente politización de sus lugares de referencia. El paso a la adultez es complejo per sé. Ahora pensemos en lo difícil que pudo haber sido transitarlo en medio de semejante torbellino de transformación sustancial para el destino colectivo de una nación. Bueno, así es como lo refleja Lojo a través de su personaje principal y así es quizás como ella misma lo transitó. Algunos simplemente no pudieron atravesarlo y quedaron en el camino.

Lojo deja en evidencia en el libro que un clima de violencia naturalizada, sumada a una economía mermada y a un desconcierto respecto del futuro, son condiciones que alimentaron no solo la activa militancia sino la dictadura que estuvo comandada por la Junta Militar. Y esto también es punto para la autora, ya que pone sobre el tapete la otra cara de la moneda: todos esos que consideraban necesaria una intervención de las fuerzas armadas para encarrilar los destinos. Justamente de aquí nace la dicotomía intransigente que se vivencia con la lectura de esta novela. Una distancia ideológica se formaba ahí y la autora revela el proceso que la coloca en el centro de la escena familiar.

Lo que estimo que ocurrió y de algún modo, Lojo lo deja entrever es que el terror que se instaló en las calles desbordo el imaginario popular y que antes de lo esperado, todo se fue de las manos a tal punto que mucha gente fue cómplice del peor genocidio de la historia argentina. Y otros combatieron esos crímenes de lesa humanidad dejando su propia sangre en la lucha.

Todos éramos hijos” intenta unir el rompecabezas, encajar las piezas que quedaron sueltas, re interpretarlas para convertirlas en enseñanza fructífera pero sin olvido. En la vida de Casandra (por eso el desdoblamiento de Frik joven y adulta) y en el colectivo que la rodea. Quien lea esta novela y haya sido hijo o padre en los 70´s se verá reflejado y quien no, comprenderá acabadamente la lucha. Y más que eso, las conquistas.

Pero lo que más aplaudo es como la autora se corre por completo del lugar político para escribir y transmite lo que les sucede internamente a un puñado de jóvenes. Ni más ni menos. Desde las emociones, desde el corazón. Desconozco si eso lo logra por su género o por sus propias vivencias, pero sin dudas, es imposible que le sea ajeno al lector, haya sido o no parte de aquella década tan cruenta.

Ya desde su título Todos éramos hijos es un libro que invita a la memoria, pero también a la reflexión sobre nuestra propia historia como país, como sociedad. Y siento que no es casual el tiempo verbal que utiliza Lojo, ya que es una forma de expresar que “éramos” aun sin saberlo con certeza mientras efectivamente ocurrían los acontecimientos. Ella misma se revisa mientras lo escribe y es ciertamente un acto de coraje enorme porque se retrotrae a escenas de un pasado no tan lejano que afecto su vida pero también modifico el crecimiento de la sociedad como tal.

 

Todos éramos hijos (2015)

Autora: María Rosa Lojo

Editorial: Sudamericana

Género: novela

 

4 comentarios

  1. Fernando Morote Fernando Morote

    Mas alla de analizar el texto, la resena tiene la habilidad de interesar al lector en buscar el libro. En un momento me hizo recordar «La noche de los lapices», esa extraordinaria y cruda peliucla sobre los anos de la dictadura. Comentar un libro y despertar en otros el interes por leerlo es un arte. Felicitaciones,

  2. carolina carolina

    Me encantó. Excelente Coni.

  3. Muy interesante la reseña, dan ganas de leerlo. Seguramente en mi caso lo analizaría desde mi parcialidad. La que va mutando a medida que me voy «informando» sobre el pasado. Es un tema cercano y «fresco» aún. Nunca tan vigente el «DIVIDE Y REINARÁS» . Las historias se completan cuando las dejan de contar los que tienen las armas y los que tienen el poder. Un aporte desde el llano.

  4. Liliana Liliana

    Muy interesante. He leído novelas de Lojo, pero ésta la tenía pendiente. Me has dado un buen empujón para comenzarla. Gracias,

    Liliana.

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