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Reseña #912- El nuevo Beat

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Por Matías Bragagnolo

“Eso no es escribir. Eso es tipear”, respondió Truman Capote en una entrevista cuando le preguntaron qué opinaba de los libros de Jack Kerouac. Y no sería ni la primera ni la última vez que la literatura beat sería atacada sin piedad por escritores inesperadamente prejuiciosos (“Eso no es escribir, eso es hacer plomería”, supo decir Samuel Beckett de la técnica del cut-up).  Porque la literatura beat, allá por la década del cincuenta, había llegado para quedarse. Con un estilo directo, vanguardista, fresco, a menudo desafiando las convenciones de la gramática y la sintaxis en un afán por aprehender y transmitir la realidad circundante, los beat derrochaban inmediatez, movimiento perpetuo, experimentación física y espiritual, visceralidad, desprejuicio sexual. Escritores que, en cuanto “beats”, ardieron y se desintegraron, dejando un reguero de obras fruto de una época y un ambiente determinado (postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos de América). El poema largo Aullido de Allen Ginsberg, las dos primeras novelas de W.S. Burroughs y toda la obra de Jack Kerouac son sin duda los ejemplos más populares y paradigmáticos de ese reguero.  

Y ahora viene la pregunta que nos lleva al libro reseñado: ¿cómo sería una novela beat argentina y contemporánea? Ya existe la literatura beat argentina, me dirán los que tuvieron en sus manos la antología “Argentina Beat” (Caja Negra, 2016) o los que vieron el documental “Opium la Argentina Beatnik”, de Diego Arandojo. Pero estos mismos objetores deberán admitir que la versión vernácula de este movimiento literario ardió y se desintegró en la década del sesenta. ¿Y ahora? ¿Qué trajo la segunda década del siglo XXI? Trajo a Nicolás López Freijido, y una incipiente obra coherente y conceptual que se inicia con Autoestop, la novela que la editorial platense Malisia puso en venta en 2019. (Lo de “coherente y conceptual” alude al conocimiento directo que tuve de la excelente precuela, todavía inédita, de esta novela.)

¿Y de qué va Autoestop? (si es que una novela beat realmente va de algo…). En Autoestop hay una musa inspiradora, antes que nada. Una figura omnipresente análoga al Dean Moriarty de En el camino. Esta vez Neal Cassady es Marcelo Comodín, un amigo del narrador, que lo fascina y lo perturba al mismo tiempo, poniendo en marcha esa rueda del movimiento perpetuo que caracterizaba a los beats. 

Aunque esta vez el movimiento es puramente físico, un road trip hacia el sur de la Argentina. En la obra de López Freijido no hay siquiera una pisca de espiritualidad, como es de esperarse en un autor que fue niño en una década en la que Trent Reznor cantaba sin desparpajo diatribas ateas y vendía millones de discos. Y no es este un dato menor, sino la clave de la autenticidad de una novela beat argentina escrita más de cuarenta años después de que el eco rebotara en nuestras tierras.

Kerouac, un cristiano encubierto, al igual que Ginsberg se mostró budista porque era algo cool dentro de la contracultura americana. El propio Burroughs, más allá del bien y el mal, se sometió en uno de sus últimos años de vida a una especie de exorcismo con un chamán aborigen, para alejar de sí al “espíritu feo” que lo había llevado, entre otras cosas, a matar a su mujer. En cambio, y he aquí el detalle que permite una novela beat en pleno siglo XXI, en el derrotero de la opera prima de López Freijido hay un desalmado haciendo dedo, durmiendo en carpa, conociendo chicas exploradoras, rastreando drogas y alcohol. Un casi-adulto que, en medio de la congoja nihilista que esgrime, cree estar escapando. ¿De qué? Bueno, no hay Segunda Guerra a sus espaldas, tampoco está emparedado entre el peronismo y la sucesión de dictadoras que se les venía encima a los beats argentinos. ¿Busca su prosa espontánea el colocón definitivo o el nirvana? Ni siquiera. 

En Autoestop la muerte es muerte y la vida es apenas un vagabundeo. O, como cantó Jim Morrison, “el futuro es incierto y el fin siempre está cerca”.  

Autoestop (2019)

Autor: Nicolás López Freijido

Editorial: Malisia

Género: novela 

Complemento circunstancial musical: 

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