Skip to content

Reseña #998 y 3/4- La música del azar


Por Ulises Cremonte

Hay en el pulso narrativo de Francisco Magallanes un gesto técnico e ideológico que podría ubicarlo en el movimiento hiperrealista. Si en esa composición figurativa la ilusión pictórica tiene aspiraciones clonadoras con la fotografía, en El Palomar la visibilidad de las voces de los personajes operan en esa misma frecuencia mimética. Dije pulso, y la palabra ilustra también un sentido del ritmo asumido por una narración que en vez de renglones parece escrita sobre pentagramas. Es una novela que se lee, pero más se la escucha. No casualmente la colección de Club Hem se denomina “Sinfonía Emergente”. La música de las palabras predomina por sobre el argumento, aún cuando hay una cronología de hechos o más bien una parábola que ya se adivina en el comienzo.  Pero no hay enunciación sin enunciados. En este caso hay un significante fetiche: Canadá. Acierta en el prólogo Mario Arteca al marcar su importancia. En todo acierta Arteca en el prólogo que funciona como frutilla del postre. En el medio, también están los personajes. Si me apuran, diría que las mujeres manejan un poco a su antojo a la cofradía masculina. Aparecen y desaparecen, son magas, hacen lo suyo y se van: dejan a los hombres tecleando, colgados de su perfume. Después también está el lobo, Gimnasia y Esgrima de La Plata, elemento que hace las veces de centro de gravedad, imán en el que terminan (o comienzan) las peripecias. El fútbol casi no aparece; sí la hinchada y sus derivados. La geografía en El Palomar tiene una urbanidad lumpen y encantadora. Otro acierto de Magallanes es mostrar los espacios con una materialidad envolvente. Y no solo los espacios, sino también las cosas, los autos. En este sentido la remisería, ese no lugar citadino, se presenta como un territorio de mitologías domésticas, con sus diosas, demonios, reyes y bufones. Juego de roles y también peaje o punto de pasaje eventual para futuros negocios o más bien, el negocio, esa boleta de quiniela que nos salve para siempre.

Un párrafo aparte lo merecen los apodos: Arveja, Flequillo, Flaquito, El Camisa… seudónimos que funcionan como el bajo en una banda, una alfombra sonora que le da densidad al aire. 

Hacia el final las cosas se precipitan; no caen en un abismo, porque las cartas para los protagonistas ya estaban jugadas, culo, nunca taba. Y sin embargo el epílogo es en los cielos, en el tanque de la cisterna de El Palomar, de elevación modesta, pero al fin de cuentas un paraíso para los condenados.  

Gran novela de Francisco Magallanes; armada a partir de fragmentos sonoros y ejecutada con exquisita composición. 

El Palomar (2021)

Autor: Francisco Magallanes

Editorial: Club Hem

Género: novela 

Complemento circunstancial musical:

Se el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *