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Reseña #457- De la destrucción del mito al valor de la conjetura

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Por Agustina Bazterrica

Qué desperdicio / Eso de aniquilarse cada década. / Qué millón de filamentos. / La multitud mascando maní se agolpa / Para verlos. / Cómo me desenvuelven la mano, el pie / El gran desnudamiento.

Este fragmento del poema “Lady Lazarus” de Sylvia Plath revela, con una predestinación aterradora, cómo luego de su suicidio en febrero de 1963 se construyó el mito de la joven poeta. Ella, con un talento radiante, se mata por el abandono de su marido infiel, el laureado poeta británico Ted Hughes. El arquetipo de la heroína trágica y el villano despreciable, es irresistible. Luego del suicidio y de la publicación, en 1965, de su poemario más famoso -el contundente, bello y atroz “Ariel”- la multitud (que mascaba maní) se agolpó en la lectura de artículos, biografías, cartas, diarios que arrojaban al ídolo sagrado de Plath y al infame y silencioso Hughes a la hoguera de la vanidades. Allí los defendían mientras los desnudaban o los vapuleaban mientras los descuartizaban. Pero, la realidad suele ser mucho más compleja que los estereotipos restrictivos de heroínas y villanos. Es por eso que Janet Malcolm escribió La mujer en silencio. Para develar lo no dicho. Para imaginar lo no escrito. Para poner en valor la conjetura.

La mujer en silencio tiene el ritmo de una novela de suspenso. Malcolm se lanza, con formato detectivesco, a la búsqueda de la verdad por sobre todo lo escrito y dicho de una de las parejas más célebres de la literatura. Erige una trama donde se entrevista con los biógrafos de Plath, cita fragmentos de sus poemas y diarios, y habla con todos los satélites que pululaban alrededor de ambos poetas. Entrevista al editor, los amigos, al vecino de Plath y a la temible hermana de Hughes, Olwyn, defensora incondicional de su hermano y celosa guardiana del legado literario de Plath. Gracias a esta exploración minuciosa y perspicaz Malcolm afirma que el hallazgo de una verdad esencial es imposible. La textura de la realidad es tan compleja que no hay manera de descifrarla en su núcleo. Conviene abrazar, con decisión, el campo revelador de la conjetura.

Es por eso que La mujer en silencio resulta un ensayo provocador. Allí Malcolm se interroga sobre las limitaciones y las imposibilidades de escribir una biografía. Pero, paradójicamente, al mismo tiempo que cuestiona la legitimidad del género escribe una metabiografía aguda. Porque su obra, además, refleja con una luz nueva tanto a los protagonistas de este drama como a su entorno. La verdad parcial y subjetiva que Malcolm desgrana, nos demuestra, de manera inobjetable, que las personas reales son mucho más complejas que los personajes de ficción creados en las biografías. Todo lo que hemos leído, todo lo que vamos a leer sobre ellos es un recorte, una mirada del autor. Malcolm descorre el telón, descubre el artificio y, al hacerlo, nos seduce aún más con su perspectiva donde no deja de lado las peculiaridades de la época.

Porque en La mujer en silencio la autora nos muestra el retrato de una sociedad donde se vivía un período esquizoide. En los años cincuenta las mujeres debían cumplir con el mandato de tener hijos y responder al marido (continuación impuesta de la figura paterna) y, al mismo tiempo, surgían los impulsos de realizar una carrera y de independizarse. Esta simulación, estos roles confrontados, tensionan la vida. Estas dos facetas se leen en las cartas y diarios de Plath donde, por un lado, se muestra como una chica aplicada, una niña modelo, y por el otro surge una mujer llena de conflictos, sensual, apasionada, cáustica y ambiciosa. Ella también quería ser una poeta laureada como Hughes.

Malcolm destruye los mitos de Plath y Hughes, entendiendo la postura alejada y silenciosa del marido y corriendo a Plath del lugar de víctima. Tranquilamente reflexiona sobre el lugar del albacea de un legado literario: sobre cómo la protección de la intimidad puede devastar el tesoro que resguarda y sobre cómo esa intimidad también merece ser amparada. Inclusive realiza un ejercicio sobre las habladurías, las especulaciones, los rumores y nos alerta sobre sus propias contradicciones y las del género que aborda.

La mujer en silencio es una obra brillante. Para aquellas personas que se contactan por primera vez con la temática Malcolm cumple con soltura los requisitos de informar, suponer y describir la historia de la protagonista y su entorno trágico. Lo resuelve con un trazo sustantivo. Despliega, sin alardes, una cuota suficiente de originalidad, y de conjeturas, como para impulsarnos a todos a leer y releer los poemas de Sylvia Plath con una nueva mirada. 

La mujer en silencio 

Autora: Janet Malcolm

Editorial: Gedisa

Género: Metabiografía

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