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Reseña #160- Valentía, consistencia, desaforamiento

 

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Por Aixa Rava

El libro Spleen (Letra Viva, 2013) de María Magdalena es tan hermoso por fuera como rabiosamente triste es por dentro. Ese azul profundo, casi gris, y la pintura aguada de Carolina Ferrari que nos conquistan desde la tapa se dan de bruces con unos breves pero demoledores versos de la poeta uruguaya Idea Vilariño que, a modo de epígrafe, nos anuncian la historia:

Uno siempre está solo / pero / a veces / está más solo”

Y es que Spleen narra una historia de soledad, de dos soledades más bien: la primera compartida, en pareja, en “esa cama, alguna vez nido”, y la segunda individual, privada, de un cuerpo que intenta sobrevivir a la falta. Hubo un amor —la historia de soledad fue antes una historia de amor—, que se transformó, como suelen transformarse ciertos amores, en una idealización tóxica, un imposible, que en lugar de alimentarse, se autodestruyó y devastó a los amantes:

El amor es esa atadura inconsciente que me crucifica y te permite decir: amame como quiero ser amado y voy a amarte como pueda. Mi amor te desfigura y te transforma sin pudor ni piedad, te violenta, te cicatriza, te estupidiza. Como si te viera. Como si me vieras. Y esa ceguera es la que compartimos”.

Cuando una historia así se termina después de muchos “un poco más de tiempo / sólo un poco más de tiempo / por favor, volvé… (y) —fumar y fumar y hablar y hablar”, entre el amor y la nada deviene un vórtice, un ombligo en el que sentimientos y recuerdos convergen como antesala del duelo. De manera fragmentaria y con un tono melancólico que cede —por momentos y poco a poco— lugar a la desilusión y al odio, Spleen hilvana la historia de un duelo solitario, laberíntico y rizomático en el que “no hay refugio posible”, pues “no hay espacio, no hay forma, no hay tiempo”, sólo un presente absoluto, doloroso e intransitable:

Contemplar la nada y pensar en el todo

pequeñísimos instantes imposibles

cumplir con los rituales y obedecer

los actos mínimos”.

El quilt entero, conformado por seis partes —El ombligo del amor, Humores negros, Lo trágico de mis deseos, Los actos mínimos, The queen is dead y Final— y 41 capítulos, nos revela “la continuidad de los días / del tiempo / de la caída” en la voz de una narradora que tanto abre su garganta para gritar como sus ojos para ver-se, comprender-se y reencontrarse, mientras sus manos procuran soltar en un torbellino que va tragándose con la misma voracidad las lágrimas, los cuerpos (desnudos y lejanos), las palabras… “Lo que no sucederá, siempre / siempre lo que podría haber sucedido / lo que no sucedió / nunca”.

Desde el vacío, desde la falta (“Mi piel de duelo, mis manos de duelo, mis ojos de duelo”), escuchamos el eco del amor y asistimos al acto fúnebre: “No elegimos la vida, elegimos esto. Esta calma penetrante, que sabemos es mentira… Sólo hay final, y más final. (…) —Finalmente, este duelo lleva tu nombre—”.

Pero el spleen de la experiencia amorosa, que coexiste y a la vez converge con la pérdida, restituye al cuerpo el saber vital de la autoconservación (“con cuánta ignorancia transité todos esos instantes previos”) y el refugio, tan buscado, tan ansiado, al fin se hace posible: “Lo que importa es otra cosa / no los días, ni los meses, ni los años / valentía, consistencia, desaforamiento”… “Y yo, susurrando / te olvidé / me olvidé”.

Spleen (2013)

Autora: María Magdalena

Editorial: Letra Viva

Género: poesía

Un comentario

  1. Fernando Fernando

    Maravillosas palabras y hermosos versos!

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