Reseña #597- Por el sendero de un mundo mejor


 

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Por Fernando Gabriel Caniza

Tumbita llama la atención desde el título, pero genera una sensación contradictoria ¿por qué Miguel Martínez Naón le puso tumbita y no tumba a secas? Es curioso, pero el uso diminutivo le da más fuerza. No es menoscabar el sentido sino darle un tratamiento irónico, como si tratara de quitarle dramatismo jugando con la palabra como si fuera un niño. Pero esta disquisición no nos distrae demasiado porque de inmediato el libro arranca con cuatro poemas dedicados al padre, que ocupan un lugar central. Estos textos no tienen título, a diferencia del resto de libro. Como si al padre solo pudiera nombrárselo así, a secas, con cercanía y distanciamiento. El lenguaje que utiliza MMN es simple, como si intentara darnos un golpe directo, sin ambages. No obstante deja traslucir cierta contradicción, al cuestionar los trastornos de un padre que sufre en el exilio por su arte (el teatro) y por sus sueños revolucionarios que no pueden concretarse, pero al mismo es una imagen (la del padre) que está siempre presente con una fuerza inusitada. Esto parece expresarse en el final de un poema: por debajo de su locura/es un muerto a caballo/que mancha.

De esta primera parte se infiere, en una primera lectura, que jugarse por un ideal deja secuelas permanentes en la persona y en quienes los rodean. El hallazgo de MMN es mostrarnos la fragilidad de la vida de un luchador ante la imposibilidad de un triunfo de los ideales, a contrapelo del relato habitual que instala a los héroes en un lugar de omnipotencia, en la encarnación del hombre nuevo guevarista o del súper hombre nietzscheano. Desde mi punto de vista, esto no desmerece la figura de su padre-luchador; por el contrario, lo muestra más real, más humano, con virtudes y defectos, sin caer en la idealización, aunque su figura tenga un peso muy grande, porque su lucha continúa en la encarnadura de su hijo.

En la segunda parte del libro, “Muerto y despeinado”, el registro sigue siendo directo, pero juega más con el sentido, dejando al terminar cada poema que el lector se quede pensando. Continúa con los efectos de su vida en el exilio, pero tratando de generar otros climas emocionales. Aparece el desgarro interno y la melancolía, indaga sobre lo efímero de la existencia, las partidas de una ciudad, la noche, la muerte, las despedidas y el alcohol. Un verso significativo es: mi tiempo es la indefensión/y ahora ya no tengo nada (Cápsula de tango). La ambigüedad del sentido se expresa mejor en el poema Tumbita: vuelvo a mi sombra para llegar al día. O la soledad: ¿qué será de mí si viajo solo? (Solos). La palabra muerte se repite muchas veces, no en sentido neurótico actual, sino más bien como una catarsis, esa expurgación de las pasiones que los griegos definieron tan bien. Es que Tumbita no apunta a la desintegración del yo, a la muerte como finalidad deseada, sino a nombrar lo que duele con fines de reconstrucción. El diálogo con el padre nunca se detiene, pero tampoco con otros seres queridos. En el poema Años, es la abuela la que viene a consolarlo pero está muerta. Y también hay lugar para a un amigo que está vivo, Boris, al que le dedica: tengan a mano alguna canción/para aliviar mi viaje (Quiero). O a la madre presente: van tus luciérnagas/al mar(…)tu parral/tu paz/tus viejos ojos. Y MMN dialoga en sentimientos encontrados con los que están y los que no están, porque los seres queridos nos trastornan pero también están para cuidarnos, para dejarnos en claro lo que debemos replicar y lo que debemos cuestionarles. Que su paso por este mundo termina de confirmar lo que somos. Y lo que somos es aquello que hacemos de nosotros.

Por si había dudas del exilio como trasfondo de este libro, en el poema Hijos del exilio se expresa: los hijos del exilio somos huesos rodantes. Y si se habla de hijo…hay una vuelta a la niñez pero desde el recuerdo adulto en Jugando y Lagrimales. En el primero dice: Niño/alacrán/pichón de alacrán/poeta/jugando/sobre las cenizas de su padre. Y la reconstrucción queda marcada en el Epitafio, el texto que cierra el libro: esto que soy/al fin/abrazo partido.

En síntesis, el libro Tumbita de MMN, hurga en el duro pasado de exilio  del autor pero, insisto, no lo hace con el fin de  regodearse en el dolor, o de ejecutar un burdo plan para intentar colocarse en la galería de los poetas malditos. Su objetivo es más sencillo pero con mucha potencia: rescatar lo mejor de la niñez (la inocencia, la capacidad de jugar) y de su vida para reconstruir(se) un sentido, una subjetividad adaptada a esta época que pueda responder a las exigencias actuales. Aunque en el fondo siempre se trate del antiguo problema de luchar contra la prepotencia de los más poderosos, pero esta vez con amor y alegría, jugando con las palabras, tratando de unir arte y vida. Miguel no nos da la fórmula para  vivir (por suerte), pero al menos intenta decirnos que se puede salir de la oscuridad y que hay un sendero posible para seguir con la búsqueda de un mundo mejor.

Tumbita (2017)

Autor: Miguel Martinez Naón

Editorial: Lamasmédula

Género: poesía

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