Reseña #677- El plural para reformular una subjetividad


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Por Lucía Cytryn

Feminismo(s) de Leticia Martin reúne entrevistas a veinte mujeres e identidades no binarias del campo académico, político y artístico —Florencia Kirchner, Graciela Morgade, Sasa Testa, Alexandra Kohan y Cuqui son algunas de las personas que participan— con la finalidad de analizar, repensar y redefinir los conceptos de feminismo, género, sexualidad y cosificación y, entre otras cosas, cuestionarse acerca de la pertinencia de reconocerse feminista. El título plantea la premisa central de la cual parten las preguntas de Martin: no existe un solo feminismo, hay tantos feminismos como personas, porque entenderse feminista implica la (re)formulación de una subjetividad.

En el texto introductorio, “La posición feminista”, la autora se pregunta por el significado de la categoría–rótulo “feminista”, cuáles son sus alcances, sus implicancias y sus limitaciones. Habla, entre otras cosas, del feminismo “mediático” —asumo se refiere al colectivo Ni una menos, pero bien podría referirse al feminismo en general— y de un movimiento que, según dice, “ya conquistó buena parte de sus reclamos”. Habla, también, de la necesidad de abordar los asuntos de género y transformarlos en políticas, en intervención concreta, algo que, deja intuir, contrapone al debate estéril de ideas entre personas con privilegios que conformaría el feminismo local actual. En el país que acaba de militar como nunca antes por una ley que ya tiene media sanción, la acusación parece poco justa. La autora se reconoce como no feminista y en sus preguntas y afirmaciones es posible atisbar un dejo reclamatorio que sintetiza así: “¿Es acaso el feminismo capaz de aceptar las voces disidentes o estamos obligadas a incorporar todas las discusiones masticadas por otras bocas?”. Algunas preguntas que podríamos hacerle a la autora: ¿Cuándo el movimiento de mujeres argentino perdió de vista sus objetivos políticos concretos? ¿Cuándo dejó de proponer políticas concretas (¿cuándo no lo hizo?)? ¿Cuándo el feminismo dejó de debatir (hacia adentro y hacia afuera) con las “voces disidentes”? ¿Es la suya una voz capaz de profundizar en lo que encuentra incorrecto, incompleto o simplemente erróneo en el movimiento feminista argentino?

”El del feminismo —escribe Martin— es un problema que el género tiene con su propio objeto, siempre en construcción, indefinido, aún intercambiable y fácilmente modificable con hormonas que, al final del día, lo vuelven su opuesto, su propio blanco de ataque”. Este argumento biologicista falla en reconocer que el movimiento feminista está conformado no sólo por mujeres cisgénero sino, también, por identidades trans y no binaries que, lejos de ser un “blanco de ataque” del feminismo son el blanco de ataque preferido del patriarcado heterocis. Dentro de la misma línea es que se enmarca la siguiente pregunta de la autora: “¿Podría el feminismo no pensarse contra el hombre? Y en ese caso, ¿cuál sería su amo, su dominador, su patriarcado?”. Otras preguntas que podemos hacerle a la autora: ¿En qué momento las feministas afirmamos que “el hombre” es nuestro enemigo? ¿En qué momento nos definimos como un movimiento en contra de? ¿Cuál es el “opuesto” en un movimiento que se reivindica, cada vez con más fuerza y a pesar de sus reticencias para con el lenguaje inclusivo, no binarista?

Más adelante, se lee: “Del mismo modo en que la tolerancia nunca alcanza, es sabido que tampoco sirve su reverso. Me refiero a la violencia verbal y simbólica de los grafitis, o a los contenedores ardiendo que vimos sobre el final de la multitudinaria marcha de Rosario (2016) mientras la policía reprimía a las manifestantes […] ¿Qué vamos a reclamarle a las fuerzas policiales? ¿Desde qué lugar?” La última pregunta parece relativizar o incluso justificar la represión equiparando la supuesta violencia de un colectivo movilizado por los derechos de la minoría que representa —las identidades femeninas, trans y no binaries, una “minoría conceptual”— con la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad.

Si la posición de la autora parece bastante clara en lo que respecta al texto introductorio, el tono sucesivo de los escritos desfila, sin embargo, sobre una fina línea entre la ironía y la literalidad que vuelve difícil establecer —quizás intencionalmente— cuál es su postura. Se puede arriesgar que la perspectiva que asume Martin quiere problematizar y desandar el camino de la fosilización de los conceptos, de la aceptación per se de las ideas—tarea que, a priori, no sólo es interesante sino necesaria— pero se estanca en cierta crítica superflua que no termina de argumentar aquello que quiere decir.

Respecto de las entrevistas, hay planteos interesantes que merecen ser destacados y no quedar detrás de estos escritos que, en el supuesto afán de ser críticos devienen sólo más normativos. Graciela Morgade, decana de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), dice: “Diría que hay un feminismo para cada etapa de la vida […] A veces me auto-cito para ejemplificar el dinamismo del campo, y les digo a mis estudiantes que no me crean si encuentran un artículo mío diciendo x cosa.”

Sobre la sexualidad, dice Kohan: “Lo que a veces observo es que se dice rápidamente que la heteronormatividad es una construcción, como si lo otro de eso fuera una naturalidad. Toda forma de asir y de definir la sexualidad es una construcción, es un artificio. No hay naturalidad en el sexo. No es heteronormatividad construida versus sexualidad natural. Ese es el nudo que hay que indagar: la idea de que podría haber algo no artificial para nuestra sexualidad, que podría haber una -–valga el oxímoron— “norma natural”.”

Por último, es interesante la intervención de Sasa Testa, en cuanto es la única que está escrita utilizando lenguaje inclusivo (tal vez por respeto a lx entrevistadx): “Usar el lenguaje sin referencia de género es un artefactualismo que permite deconstruir y demostrar discursivamente que lxs génerxs no son una naturaleza sino una construcción social […] Usar un lenguaje inclusivo es, también, dar entidad a esxs cuerpxs silenciados históricamente.” Casi como respuesta al planteo anterior de Martin, Testa arremete contra el biologicismo: las hormonas, porque el género es un constructo, no podrían nunca convertir una subjetividad oprimida en una subjetividad opresora.

Feminismo(s) (2017)

Autora: Leticia Martin

Editorial: Letras del Sur

Género: No Ficción

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