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MINIATURAS- Materiales para una máquina

Por Kike Ferrari

Lo que a priori parecía una ventaja ahora me frena. La pregunta sería: ¿cómo se lee un libro en el que resuenan otros libros que no fueron?
Seguí el proceso de escritura de Materiales para una pesadilla bastante de cerca. Juan es, todos lo saben, además de uno de los mejores escritores de este país, mi socio, mi compañero, un gran gran gran amigo. Entonces, como hacemos desde hace quince años con los textos del otro, leí versiones y fragmentos de versiones. Charlé y discutí con él a medida que nuestras poéticas se acercaban y se distanciaban y ese dispositivo biotecnológico que es Materiales… crecía y se transformaba y renacía y volvía a modificarse. Y a la hora de leer el libro terminado, el resultado final, como un Aleph, maquínico, parece contener a todo eso. Porque en esta novela, parafraseando a Deleuze y Guatari, la máquina –llamala Hermes, Treffen, Die Toteninsel – no es una metáfora. No es tema. O no sólo eso. El texto es una máquina en sí mismo.
Pero, ¿de qué trata Materiales?
Del lenguaje, de sus usos, de sus imposiblidades y del origen virósico que va a signarlo.
¿De que trata?
De dos máquinas –hechas de lenguaje– una en el pasado, una máquina para la muerte, otra en el futuro, construida sobre la muerte. Y de la máquina que las contiene.
¿De qué?
De la memoria y los relatos y la circulación de la memoria en los relatos y de aquello que el olvido tiene de imprescindible. Y de cómo todo eso está y deja de estar en el lenguaje.
Materiales para una pesadila es la historia de Haruka y de la voz ciega y moribunda de Kathy, es la memoria y la desmemoria del narrador y la locura de su madre en un tiempo que puede ser el nuestro, es los murmullos del pasado en viejos cassetes que ya nadie escucha contando la historia de los escritores que construyeron un aparato para la represión más brutal. Pero es también Borges y los fragmentos de libros y citas –apócrifas y de las otras– y la lucidez del lenguaje de Beckett y la creatividad maquínica de Piglia y los paisajes desolados que nos trajo Ballard.
Juan Mattio, el autor pero también es mi amigo, escribió una novela que es una cyber-mamushka que contiene las versiones que la precedieron –que oprimen como una pesadilla el núcleo narrativo de ésta – y las multiples capas de (ir)realidad virtual que la construyen y desde la que nuestros muertos parecen hablarnos.

Materiales para una pesadilla (2021) de Juan Mattio fue editado por Negro Absoluto.

Complemento circunstancial sonoro:

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