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Reseña #65- Darle ritmo a la melancolía


Tempespestasolo (3 de 3)

 

Por Janice Winkler

Los modos y maneras que emplea para hacer lo que hace”, expresión de Gertrude Stein que conocí a través de David Lodge acerca de la novela en cuanto forma literaria. Para arrancar, una cita, bien a tono con el libro que me convoca: La sirena de Budapest, de Francisca Mauas (textosintrusos, 2015), una novela que apela, entre otras maneras de hacer, a la intertextualidad por medio de referencias explícitas, como el título de un libro de Carver o un pasaje del himno húngaro. En el “capítulo 3”, por ejemplo, leemos: “Vemos en ella a una artista que, habiendo realizado una obra perfecta, no se satisface con haber dado forma artística a sus ideas y haberles infundido una vida más alta; necesita rebajarla al nivel de la vida terrenal; quiere destrozar por la más baja sensualidad lo más alto que el espíritu y la acción han producido”, escribía Goethe, subrayaba Ana. Esta referencia ayuda al narrador, un joven melancólico con mucho tiempo libre y dinero en sus manos, a revelar el tipo de mujer que era su ex novia: muy lectora, intelectual; subrayaba sus libros, pero tal vez no les daba tanta importancia dado que, al separarse, los había abandonado igual que a él.

¿Por qué escribí “capítulo 3” (entre comillas)? Otra de las decisiones, de las maneras de hacer, es la división de la novela en pequeños trozos numerados, una suerte de micro-capítulos que dan ritmo al discurso enroscado del narrador que, de otra manera, podría volverse pesado como zapatos llenos de piedras hundiéndose en el agua. En cambio, esa división hace que el mambo del pibe, por más espiral que sea, fluya y marque un compás narrativo que intriga, da ganas. Estos capitulitos, por llamarlos de alguna manera, me llevaron sin escalas a un libro que leo de vez en cuando: Mientras escribo (On writing), de Stephen King. El libro es de no ficción, la autobiografía literaria del autor; es decir, nada que ver con el género ni el subgénero de la novela de Mauas, pero comparten —o me hacen compartir —la sensación de efectividad que da esa estructura. Vendría a ser un “ta ta ta ta ta ta” hasta el final. Me recuerda también al hacer de muchas novelas juveniles, que recurren a capítulos cortos para sujetar la atención de los lectores adolescentes.

El narrador de La sirena de Budapest, entonces, a través de estos breves capítulos reflexivos y, a su vez, llenos de pequeñas acciones y giros que también dan ritmo; a través de las citas y, agrego ahora, de los sueños, va armando su historia familiar y su historia narrativa. Él se deja llevar por su propia corriente, por el fluir de los acontecimientos, por sus ganas y, principalmente, sus no-ganas. Es un pseudo-ermitaño, delicado en su lenguaje, que a pesar de mostrar un espíritu libre e independiente que hace y deshace a gusto y placer, se engancha con: el recuerdo de la ex, un enamoramiento presente, desconocidos que aparecen en su aventura, una idea, Budapest, el Danubio; y con la imagen de sirena, que puede ser ella, pero también puede ser él, atrayéndolo o atrayéndose a arrojarse de lleno al río de sus impulsos.

La sirena de Budapest (2015)

Autora: Francisca Mauas

Editorial: Textos Intrusos

Género: novela

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