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Reseña #377- Vivir para escribir

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Por Julián Lucero

La extravagancia de Francisco Daniel Medina  es un relato que perpetúa  en la convergencia de dos personajes cuando,  atados por una pasión,  se aventuran  a desnudarse de obligaciones, a sentir, sólo para crear. Construyen en su realización la utopía de muchos hacedores de textos que anhelan vivir plenamente presos del instinto;  escribir y empapar cada oración de experiencia. Revelar al mundo que, detrás de todo texto, hay vida, libertad y que la belleza de las palabras radica en la simpleza y no en el hastío de las obligaciones. La extravagancia, como género literario, emerge  del solapamiento y supresión de haceres sin sentido. Y es en ese acto de despojo donde comienzan a gestarse esos artistas; tal vez  partes de un todo que necesitan reencontrarse desesperadamente.

La estructura de La extravagancia como texto resulta acorde a lo que entrañan sus líneas, al carácter de sus personajes y su peculiar e idílica historia, que exhibe una tonalidad de ensueño incluso más allá de su cierre. Ana y Leo muestran sólo una parte de sus vidas a través de entrevistas, biografías, mails y los textos que producen. Y coexisten, se contraponen, aprenden; representan  la no mensura a la hora de crear a través de  diferentes formas de confrontar la existencia; dialogan y logran conectarse hasta llegar, por momentos, a consensuar.

Presenta, entre muchas otras cosas, una analogía muy interesante sobre el espacio y como lo significamos como sujetos que viven e interactúan. Leo trabaja en una oficina encerrado, atendiendo personas detrás de un vidrio en una oficina de recaudación. También tiene una tienda de libros usados, amontonados, que lo rodean. El ahogo desde dos perspectivas antitéticas: la mundana y la placentera.

El resultado de la historia es la revelación del escritor como un autor benévolo, que intenta mejorar al mundo transmitiendo sensaciones únicas y encontrar en esas  vivencias una manera de compatibilizar con el mundo. Ana toma baños calientes y siente apego por las cosas viejas que hay en su casa, las usa, las comparte porque la ponen de buen humor. Sus escritos son momentos disfrazados que manifiestan la inexistencia de la disociación absoluta entre los escritores y sus historias; hay que vivir para escribir. Los límites de la escritura se definen elásticos, mutantes. Los personajes se atreven a jugar con sus propias imposiciones; maduran las ideas en  el conflicto de lo establecido para entregarse completamente a su obra.

Ana y Leo pueden ser pensados, en la lectura de la obra, como unidad. Tal vez representen los miedos y ambiciones de los que escriben. El desapego y el apego, control y autocontrol. La valoración de cada sensación y cada instante que tienen que transformarse en palabras y gustar. La idea de provocar o causar repulsión. El revelar todo o sólo una parte. Los conflictos externos e internos.

No siempre se presenta la oportunidad de leer historias sobre la tarea de los escritores, sobre cómo se forja, sus miedos y pretensiones. Particularmente, Ana y Leo y su testimonio,  me invitaron a pensar en todos los momentos en los que realicé alguna lectura y traté de imaginarme al autor escribiendo. Construyo, por ejemplo,  a un  Manuel Puig   relajado, un chusma de barrio desestructurado, sujeto únicamente a lo que le sucedía mientras escribía.  Y sus historias trascendieron  seguramente porque, esa parte tan suya , no sólo significó algo para mí, sino para todos los lectores que cosechó. Francisco Medina incluye en su escritura elementos que reflotan recuerdos, pequeños momentos placenteros, que conforman un texto sólido, trascendente y congenian con lo que alguna vez me hizo, o me hace, feliz. 

La extravagancia (2016)

Autor: Francisco Daniel Medina

Editorial: Siníndice

Género: novela

  

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