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Reseña #218 – Deudos de la desgracia

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Por Coni Valente

Non habemus papam, primera novela de Virginia Mejía, es la historia de un cardenal que intentó llegar al punto máximo y no lo logró; y que a pesar de creerse elegido, mas por su extracción social que por su labor, no consiguió tocar el cielo con las manos.

Antes de comenzar a transitar las 171 páginas de este libro es bueno tener en mente algunas cuestiones que sin duda incidirán directamente en su lectura.

Virginia Mejía es sobrina del que fuera cardenal Jorge María Mejía.

Jorge María Mejía fue ordenado cardenal por Juan Pablo II en el 2001. Fue archivero de los Archivos secretos del Vaticano y Bibliotecario de la Santa Sede.

En 2014 Virginia publicó una entrevista que le realizó a su tío, meses antes de su muerte, que tiene muchos puntos de contacto con lo que nos encontraremos en este libro.

Al destacar estas observaciones es propicio arrancar con la aseveración a viva voz de que Non habemus papam es un libro escrito en clave autobiográfica, aunque Virginia cambie nombres y deforme levemente algunas circunstancias. Pero saliendo de este punto, que no es menor, podría afirmar con mucha soltura que además estamos frente a una sátira con visos de intrigas palaciegas. Hay fragmentos enteros que despiertan risas, pero sobrevuela sobre todas las letras un aire de suspenso inmanejable para el lector.

Sin dudas, toda esta mixtura que Mejía hace encajar sin esfuerzo, transforman a esta novela en un texto sólido en la forma y por demás atractivo en el contenido.

La historia es narrada, casualmente, por Marina, la sobrina del cardenal candidato y es ella quién expone lo que podríamos llamar la superestructura de este relato, lo ordena y conduce al lector por las vertientes que el libro nos entrega. Una familia de la alta alcurnia, con todos los condimentos que le da la descripción de la idiosincrasia de la oligarquía, alimentada por una trama plagada de situaciones que relatan usos y costumbres que solo “la gente bien” tiene y en el medio de todo eso, los secretos velados de la Santa Sede que incluyen ilícitos y actos cuasi criminales.

Jorge María Ortiz de Urbina es el protagonista literal y Jorge Bergoglio es el protagonista tácito. Por contraposición y basándome en sus características populares, el actual Papa, enriquece esta historia casi desde afuera ya que se yuxtapone a la condición del tío de Marina. Virginia, al mostrar esos contrapuntos sin ser del todo explicita, genera una tensión implícita que envuelve cada uno de los capítulos. Pero más allá de esto, el humor que la autora le imprime a este libro de punta a punta, aliviana los pesados tópicos que decide encarar. La no elección de Ortiz de Urbina se convierte en una excusa para contar otras cosas que suelen ser creencias sin pruebas entre los mortales que nacimos sin apellido patricio y al mismo tiempo, abrirnos los ojos a hechos non santos que son rum rum hace décadas en torno al Vaticano. Bien sabemos, porque la psicología lo tiene probado, que lo desconocido en términos de “oculto” atrae mucho más que aquello con lo que convivimos a diario. No todos los días se tiene acceso a pisos en Recoleta, caserones en San Isidro, chacras con ganado y peones, y pasillos de mármol de un palacio cardenalicio en plena Roma.

Non habemus papam despliega el telón de hipocresía que recubre a esta familia de casta y lo hace de una forma descontracturada, que intenta poner de manifiesto la caída en desgracia de una familia católica y la catástrofe que representa eso de puertas para adentro. Marina, en ese contexto, se vuelve protagonista ineludible al traspasar esa desventura, y en ese transcurrir devela las más disparatadas elucubraciones al respecto de su “venida a menos” familia.

Que Jorge María hubiera sido ungido Papa habría posibilitado seguir sosteniendo la mentira, aunque no a los ojos de esta jovencita que nos cuenta, quizás por ello aunque sea solo una excusa eso de no ser el elegido, se convierte con el pasar de las hojas en un eje para mostrar el antes y el después de la apariencia de la aristocracia.

Más allá de la trama que conduce la detectivesca búsqueda de Marina, lo esencial del libro de Mejía es el trasfondo que esconde debajo de las letras: la caída y como se reacomodan las fichas cuando se ha perdido todo, incluso las esperanzas. Y más que eso, la herencia que deja entre los deudos esa pérdida. Y aunque la autora se ríe absurdamente de la desgracia, encuentra en esa acción una forma de criticar la clase social a la que ella también pertenece.

Virgina Mejía en Non habemus papam mezcla ficción y realidad, las entrecruza en pos de demostrar sus tesis. Es una novela políticamente incorrecta, profana y hereje, pero intrigante y atractiva.

 

Non habemus papam (2015)

Autora: Virginia Mejía

Editorial: Paradiso

Género: Novela

4 comentarios

  1. Al principio de tu descripción me dio la idea de que era un libro parecido a Ángeles y Demonios de Dan Brown pero mientras avancé en la lectura descubrí que no lo es. Suena interesante, en verdad me gustaría leer.
    Saludos.

  2. Luzia Couto Luzia Couto

    Yo deseo mucho éxito en su libro y la novela, me encantaría este libro me gusta leer y saber que es un buen libro con el tema muy interesante lleno de información
    excelente contenido que mantiene al lector la historia. Mucha suerte y éxito en su trabajo. Gracias y que Dios los bendiga.

  3. Armando Igari Armando Igari

    Gracias por esta reseña. Me ha animado que mi proximo libro en español sea Non habemus papam

  4. Marie N. Vianco Marie N. Vianco

    Muy interesante tu reseña y el libro tiene muy buena pinta. Gracias por traérnoslo y dárnoslo a conocer. ¡Saludos!

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