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Reseña #43- Generación voraz

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Hoy es tiempo de recuperarse

de encontrar algún lugar

de vivir un ritmo diferente

a toda velocidad.

A Mil”, Virus

Por Macarena Moraña

Amores perpetuos”

Horacio Córdoba, el narrador de Cómete a ti mismo habla mucho, todo el tiempo, y lo hace con una habilidad implacable durante algo más de doscientas páginas en las que cuenta partes de su vida desde el momento de su nacimiento.

Hago cualquier cosa con tal de que las maestras me tengan en brazos y me dejen que las bese”.

Unos años después del jardín de infantes, por consejo de su hermano, a Horacio se le instala firme el objetivo de “ser diferente”, de nunca desear ni consumir lo mismo que “los demás”, esa masa de personas con las que va a combatir desde distintos ángulos, entre temas de Judas Priest, Ozzy Osbourne, Iron Maiden y Led Zeppelin.

Imágenes paganas”

Horacio lee a Agatha Christie y a Artaud, mientras va cambiando de habitación dentro de la casa que comparte con su mamá, su abuela, y uno de sus hermanos –el otro, el metalero, va a irse a Estados Unidos, ese lugar idealizado de los 90´s, donde se suponía que las vidas eran muchísimo mejores y estridentes-.

Tal vez, por lo atípico de la misión, Horacio sí disfruta de sus funciones como monaguillo. “(…) me atraen demasiado los secretos y los misterios (en esta categoría entran también el Triángulo de las Bermudas, los ovnis, la brujería, las tetas, los culos, las conchas)”.

Una de sus primeras obsesiones es –por supuesto- la masturbación y la búsqueda de un sistema que le permita limpiarse en profundidad la pija. Las peripecias escatológicas carecen de prejuicios y por momentos el protagonista logra su objetivo de repugnar. Detalles de la mugre, los olores, las uñas sucias de los pies. Detalles, amados detalles, como decía Nabokov.

Destino circular”

Horacio, movido por su deseo de ser distinto, se frustra una y otra vez, en su trabajo mediocre en una radio, en su puesto de empleado de Errol´s, o mientras se entretiene con las revistas Playboy, Penthouse o Eroticón. No quiere ser común, no quiere que se le note el barrio del que viene en la forma de hablar y mucho menos en la de vestir. Tiene una abuela tan divertida como racista que le viene bien para el proyecto, pero no es suficiente, nunca es suficiente, porque sus vivencias y opiniones son constantes, extremas, categóricas, implacables.

Y a medida que avanza en su desafío, también va creciendo su odio hacia la navidad, los deportes, el trabajo, la colimba. Cuando logra cometidos, como por ejemplo el de hacerse baterista de una banda tributo a Rush, no termina de disfrutarlo por la pretensión de fingir que “no es cheto”.

La vergüenza que le genera pertenecer a una familia clásica y burguesa de la zona norte, en combinación a su educación religiosa forjada en el Colegio San Juan el Precursor, lo hacen vivir en la culpa, porque cuanto más reniega es también cuando comprende que muchas veces, el lugar de donde viene va a terminar por salvarlo.

Pero necesito distanciarme como sea del rol social que el destino me deparó. Siento que mi vida depende de eso”.

Pecado para dos”

Horacio se enamora de Cami, la hermana de su amigo, la chica extraña y oscura con tendencias suicidas que lo quiere, aunque no pueda decírselo. Ella es la que por momentos rompe ese largo, pesado y plomizo tedio rumiante en el que vive Horacio, pero es también quien va a terminar de convencerlo de lo imperioso que es, de lo necesario que es, encontrar un objetivo vital. La relación con Cami alcanza puntos de hermosura y tristeza. Amor inocente, genuino y trágico, como no puede dejar de ser el primero.

Comete a ti mismo es la historia de los primeros veintitrés años de vida de Horacio Córdoba. Tiene el ritmo ágil y torpe de la adolescencia, el olor importado y confuso de los años de menemismo, y la música incesante de una batería golpeada con la furia de una generación que ya pasó pero sigue sonando.

Cómete a ti mismo (Premio Equis de Novela 2014)

Autor: Nicolás Méndez

Editorial: El Cuervo

Género: novela

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