Reseña #699 (y un poquito)- La Razón en el castillo y el Espíritu a caballo 5


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Por Damián Picardi

La editorial Final Abierto publicó la obra ganadora de su 1º Concurso Internacional de novela, El Trópico de Hegel. Christian Mitelman, narra un viaje ficcional del joven G. W. F. Hegel a los Cárpatos durante los últimos eventos del S. XVIII, en el marco de las guerras Napoleónicas, el surgimiento de la modernidad y el ascenso revolucionario de la burguesía. Un cruce ficcional de dos mundos que conviven en guerra durante el parto prolongado y sangriento de una época. Esto narrado en primera persona por el gran filósofo de la modernidad.

Es imposible que el primer encuentro con esta novela no conmueva y genere altas expectativas. Impacta el sólo nombre del filósofo y el desafío de su mundo circundante, su trópico, su ámbito solar: invoca la filosofía alemana del s XVIII, su amigo Hölderlin y el helenismo, las revoluciones burguesas, Napoleón, las trompetas de guerra y el anuncio de un nuevo mundo dominado por las luces de la Razón. Como si todo eso fuera poco, nos vuelve a Rumania y sus Cárpatos. A aquellos grises y montañosos paisajes rurales de pueblos ignorantes dominados por ubicuos castillos, títulos nobiliarios, linajes decadentes, y, claro, Condes crueles, sanguinarios y antropófagos. Cuadernos de viaje y cartas del joven Hegel relatan una aventura surgida de la brillante cabeza de Miltelman en donde el filósofo es contratado como preceptor a sueldo responsable de la formación del hijo de un Conde Rumano opositor a las fuerzas napoleónicas. La sutileza que encierra el móvil del viaje entraña la totalidad contradictoria del momento que Mitelman crea.

Y el Conde nuevamente se vuelve totalidad. Aquel cadáver vivo que intentaba poner pie en el centro del mundo comercial del siglo XIX en la inolvidable Drácula de Bram Stoker es acá aún una fuerza viva en lucha por su supervivencia. Es una potencia real y racional que se pone en pie guerra frente a las fuerzas surgidas de la revolución francesa y que allí, a los ojos del joven Hegel, en ese castillo infinito que es uno con su dueño, es una potencia racional que discute y pone en jaque al ilustre representante del pensamiento moderno.

Mitelman conoce las fuerzas que conjura y no le tiembla el pulso; juega, se divierte y nos maravilla. Es un relato brillante y sutil que conjuga armoniosamente la estructura de la dialéctica hegeliana con el devenir narrativo del viaje de un héroe moderno de la razón iluminada hacia las oscuridades de un mundo que cede por la necesidad de las leyes de la contradicción y el devenir de todas las cosas.

En este viaje de luces y sombras, ciclos de muerte y nuevo surgir, reaparece el trópico y enciende nuevas áreas semánticas y geográficas. Se hace presente desde las selvas latinoamericanas, sus logias y sus revoluciones, desde lo inhóspito y salvaje de un mundo de esclavos y colonos, para interpelar nuevamente la ineluctable marcha del Espíritu. En este nuevo trópico de signo latinoamericano, de revoluciones de esclavos y en el encuentro con un mundo nuevo hasta ahora ajeno a la Historia, se encarna, como no puede ser de otra manera, la contradicción, la antítesis, el devenir.

Textos presocráticos que discuten al helenismo iluminista, historias de campesinos prófugos, sentenciados y muertos; fuego y destrucción, mordidas de murciélagos, noches afiebradas lindantes con la locura, castillos infinitos que lo abarcan todo, como laberintos de tiempo y que representan un mundo que tiembla ante los tambores y las llamas de la guerra. Tesis, antítesis y síntesis.


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