Reseña #740- Lo que el poema le hace al lenguaje


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Por Josefina Fonseca

En Apolo Cupisnique (Añosluz Editora en coedición con la limeña Paracaídas Editores, 2018) el peruano Mario Montalbetti hace convivir, entre retroalimentaciones y negaciones, su oficio de lingüista con su oficio de poeta. “Como lingüista trato de probar que el lenguaje no existe, como poeta trato de probar que el lingüista está equivocado”, dijo alguna vez. En los poemas de Montalbetti el lenguaje está puesto al servicio de cuestionarse a sí mismo, y es en ese procedimiento donde logran su cometido. Apolo Cupisnique es un poemario, pero también podría ser una caja de herramientas para desarmar y rearmar lo que conocemos de la lengua.

Como una plataforma que sostiene construcciones independientes, el cimiento de los poemas de Apolo Cupisnique pareciera ser el mismo. El poeta describe la técnica con la que se arma un avión de papel para lanzarlo al aire y advierte luego: “pero el método/ verdaderamente noble/ es doblar el viento/ en los puntos indicados/doblar desdoblar/ volver a doblar/ lanzar contra/ una hoja de papel/ y no esperar nada”; y en los versos de otro poema propone que “Enseñarle castellano a un perro/ es la verdadera enseñanza./ ´Nunca va a aprender´, dicen./ ¿Por qué? ¿Acaso el castellano/ es cuestión de inteligencia? Tal vez/ sería mejor aprender a ladrar entonces”. Lo que subyace siempre es la pregunta por el lenguaje, la voluntad de golpearlo, de estirarlo, de enrollarlo. Hacerlo aparecer, en definitiva, a través de la exposición de los límites, que en Montalbetti se vuelven espacios difusos.

Tanto los conceptos de identidad (nacional, individual, poética) como de lenguaje, se definen a través de la negación. “No sé hacer la pregunta cuya respuesta/ es la muerte” puede espejarse con otro poema en el que el autor se pregunta por qué hay peruanos en lugar de no haberlos, y en el que atisba una idea: “ningún/ peruano sabe la respuesta. Pero la pregunta nos permite/ comer, hablar, y tener algo que contarle a nuestros hijos”. Aunque Montalbetti desconfíe por momentos de la posibilidad de un dominio total de la lengua -de decir lo que se quiere a través de ella, sin ser, en el fondo, dichos por ella- sus poemas aparecen como montajes artesanales en los que cada pieza ocupa un lugar inevitable, aún cuando no sea posible definir el para qué.

Yo creo que el poema no se define por su contenido-supo decir también en una conferencia- sino por lo que le hace al lenguaje”. Desestima así esa exigencia arbitraria que hacen ciertos lectores cuando pretenden entender la poesía; él prefiere, en cambio, “trabajar en un poema como objeto verbal del que no se pueda decir qué significa, sino alguna otra cosa. Aquello que permite que las otras cosas signifiquen”. Valga entonces otro fragmento del libro: “Tres sílabas silencio otra vez/ es la forma que tienen las aves/ de no decir nada/ tres sílabas silencio tres sílabas/ pero el canto/ es hermoso y se repite regularmente al atardecer/ y luego otra vez/ y luego otra vez/ y no dice nada”.

Cargado de una complejidad que suele presentar con una apariencia sencilla, el autor se pregunta en Apolo Cupisnique por la diferencia entre una vaca y el lenguaje. “Una vaca pace al lado del camino/ el camino da un rodeo/ y lleva hasta el granero/ la vaca cruza el camino/ sin rodeos/ el lenguaje no puede hacer eso”, se responde. Y queda tintineando entonces una sensación de alivio. Qué bueno que el lenguaje no tenga las mismas posibilidades que tiene una vaca, qué bueno que necesite esos rodeos que sabe dar Montalbetti para conducirnos al granero.

Apolo Cupisnique (2018)

Autor: Mario Montalbetti

Editorial: Años Luz/Paracaídas Editora

Género: poesía

 

Complemento circunstancial musical:

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