Reseña #302- Los pliegues clásicos de un autor


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Por Cristian Maier y Pablo Méndez

Dos libros. Una novela y un libro de cuentos. Un mismo autor.

La novela:

“Esta noche tengo que ponerla. Vamos, Beto, decilo mil veces si es necesario: Tengo que ponerla, tengo que ponerla, tengo que ponerla. No puede ser que dentro de tres meses cumplas dieciocho años y todavía no haya pasado nada”. Así empieza “Washington”, la novela de Roberto Montaña (Simurg, 2014).   Y puedo decir, en principio, dos cosas: la primera, que es adictiva; la segunda, que el buen uso del humor le da una profundidad que se descubre y se redescubre a medida que las pasan páginas. Desarrollemos.

Beto quiere ponerla. Mejor dicho: Beto es adolescente, tiene que ponerla, como un mandato. Y esta voz interior que se despliega como un todo, lo lleva hacia una aventura extraordinaria, en donde se mezclan la dictadura, la guerrilla, los grupos de tareas y un amor extraño, algo dislocado pero trepidante. Todo esto mientras Buenos Aires se hunde en el charco de sangre de la represión.

Narrada en la voz a veces inocente y siempre entrañable del protagonista, la novela aborda con humor por momentos es hilarante, la tragedia que late en el fondo de la historia: la sombra constante de la persecución, la posibilidad de la muerte. El humor, como dijimos, da otro ángulo, desacraliza lo terrible, no para bajarle el tono sino, más bien, para demostrar con otra interpretación su verdadera y penetrante certidumbre.

El tempo literario que el autor imprime a la relación amorosa en ciernes entre Beto, el adolescente virginal algo atolondrado, y Princesa, la militante montonera, logran que el relato se torne vertiginoso, audaz. Imposible de abandonar a lo largo de las 318 páginas.

Vicente Battista, maestro, dice: “Washington desde su título (cuyo verdadero significado lo descifraremos en las últimas páginas) es una novela mágica: Roberto Montaña, con la seducción y la habilidad de un mago, logra forjar una vibrante historia de amor, bajo un escenario de desolación y muerte”. Adherimos a ese párrafo sin aplicar correcciones porque Montaña logra juguetear con lo irrefrenable y también con lo inverosímil de la realidad que, hecha ficción, arroja nuevas luces y nuevas sombras sobre todo lo que es ayer. Y todo es ayer. Siempre.

El libro de cuentos:

Los otros hijos (Zona Borde 2016). Ocho cuentos. Número par. Si es que el orden de las cosas funcionara bajo el estigma de la perfección, la selección caprichosa enunciaría un sistema donde cada parte daría arranque a una maquinaria aceitada.

“Luz roja” altera el tiempo real para crear una situación que poco a poco se enrarece para dar el batacazo final. La normalidad vista desde una lente agrietada que nubla los acontecimientos hasta una resolución cortazariana. “La octava maravilla” enciende la llama de la atención a través de un diálogo donde Alejandro y Tommy, un joven lisiado, entretejen un ida y vuelta que se nutre del más perfecto cinismo. “La indemnización” es un cuento que crea una parábola de tensión: la narración se arquea y los hechos se enturbian. La atención se ajusta y permite detenerse en detalles que anuncian una impredecible resolución. Un a historia que despliega personajes non sanctos sacudidos por la ternura de una niña. “Eladio y la estatua” acampa en la zona siempre fértil del relato circular. Un albañil contenido por un trabajo a desgano acostumbra su vejez a la cotidianidad lacerante. Una estatua encontrada en un pozo le abre camino para el deseo de encontrar a sus hijos. Una escenografía marginal, un amigo rengo de mala yunta y un ciclo que culmina abrazado al designio de un tótem existencial. “Cosas que pasan” es un repaso lúdico sobre la materialidad y sus efectos. La personificación de los objetos como protagonista de una historia que se encadena y que proveen de una seguridad endeble. Un ensayo sobre las distintas formas de contar con la velocidad de lo inanimado. El cuento “El fondo del aljibe”  baraja las intensidades de una historia en la oscura época militar de nuestro país. Ante los ojos de un niño que a lo largo de la narración va mutando su cuerpo y su entendimiento, el relato se construye bajo el misterio de un aljibe y lo que sus fauces esconden. “Como si lo pudiera despertar” es el derrotero de un delincuente que ve en la imagen de una vieja que aparece y desaparece el recuerdo a cuenta gotas de una memoria que solo quiere fallar. El último cuento del libro, “Las olas”, une el comienzo y el final (las olas del mar con las olas de fuego) e invoca nuestra atención con una embaraza y un hombre entrado en años que asume su protección al compás de las decisiones de una esposa fallecida.

Roberto Montaña sabe estructurar cada cuento bajo las formas clásicas: una sintaxis cuidada que no especula en precisión. Heredero del cuento de antigua data provee de temáticas actuales y de sapiencia a la hora del remate directo. Un fin: lo perturbador al servicio de la famélica presencia de un lector tipo.

Washington (2014)

Los otros hijos (2016)

Autor: Roberto Montaña

Editorial: Simurg, Zona Borde

Género: novela, cuento

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