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Reseña #488- Los secretos de la belleza

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El ojo del otro se combina con nuestro ojo

para dar plena credibilidad al hecho

de que formamos parte del mundo visible

John Berger

Por Victoria Orce

La sed del ojo es una novela que termina con un epílogo en el que Pablo Montoya relata un hecho histórico acaecido en 1860 en París: la detención del fotógrafo Auguste Belloc y el decomiso de casi todas sus fotografías obscenas (sólo 24 fotos se conservaron hasta la actualidad). Podría decirse, al mismo tiempo, que la novela comienza con este epílogo, porque lo que el autor se propone (y logra de manera sublime) es la recreación de los acontecimientos que derivaron en este hecho. La historia se construye a través del relato de tres personajes cuyas voces en primera persona componen una historia atrapante y maravillosa, que es, además, un tratado sobre la fotografía. Y sobre la desnudez. Y sobre los ojos que miran la desnudez.

Si tuviera que decir cuál es el tema central de la novela, usaría las palabras de uno de sus personajes, el detective Pierre Madelaine y diría que se trata de la relación entre los orígenes de la fotografía y la búsqueda de la desnudez, o mejor dicho, la condena social de ese uso aparentemente no deseado de la fotografía. Sobre la fotografía como arte, nada mejor que la defensa que otro de los personajes, el propio Auguste Belloc, hace de su trabajo: lo mejor que han hecho los fotógrafos es buscar la belleza. Porque la fotografía eleva la mirada, igual que la poesía, pues ambas son “intentos de atrapar algo que es vago para la mayoría de los hombres”.

Si consideramos que el ojo es el fundamento de la fotografía, también podríamos suponer que la fotografía dirige la mirada, tiene sus propias intenciones o funciones, como señala Barthes: informa, hace significar, sorprende, nos coloca en el lugar de espectadores. Pero, ¿qué pasa con las fotos que representan cuerpos desnudos? El tercer personaje de la novela, el Dr. Chaussende, un voayer obsesivo, aporta el debate sobre la diferencia entre fotografía y pintura, acusando a la primera de estar muy alejada de la belleza. O de los cánones de la belleza. Aunque en algún momento parezca que cambia de opinión.

No quisiera terminar esta reseña sin hacer una breve referencia a un cuarto personaje, que podría considerarse secundario pero que cobra un protagonismo especial al final de la novela: la señorita Julliete Pirraux, que representa a todas y cada una de las modelos de Belloc, y que se relaciona de un modo muy especial con el detective Madelaine.

La sed del ojo (2015)

Autor: Pablo Montoya

Editorial: Puente Aéreo

Género: novela

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