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Reseña #53- Un cover de nuestras vidas

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Lo mejor es ser un espejo,

porque creo que todos somos uno

y que el mundo podría verse reflejado en mi.

John Lennon

Por Pablo Méndez

Esto no es una reseña. O sí. Podría decir que es un texto sobre un libro y listo. Pero también tengo dudas, porque el libro es una persona, y esa persona es Macarena. A ella la conocí hace más de un año, la fecha precisa se me escapa. Y la primera línea de nuestro primer diálogo fue “quiero leerte” y mi respuesta fue “bueno”. Un persona que no conocía quería leerme sin ninguna otra intención más que la de leer. Porque si hay una cualidad en ella es que lee, una acción en presente que tiene carácter de adjetivo. Un tiempo después me di cuenta que también escribía. Tal vez por eso pegamos onda, porque éramos dos personas que querían leer y escribir. Leí Los escarabajos en tres días. Tres días que me encerraron en unos años que viví, como los personajes de la novela, entre música, amores y familias no tan familias.

Fui Juan sentado en el baldío sacando Helter Skelter en la guitarra, fui Coco arrebatándole la virginidad a Clari, fui Ringo debatiéndose entre el fútbol y la música, fui Julián cuidando a su madre, fui el Rengo reventado por tres horas de chupi y también fui Pablo, aunque no tenga una hermana como Yanina.

Los personajes están vivos, se huelen cerca en situaciones tan cotidianas, con códigos tan arraigados a una clase media de los años noventa, que no se puede dejar de buscar en ellos a la gente que nos rodea. Porque Macarena nació en el 77, yo nací en el 77 y durante la década más extraña del siglo pasado había algo que preponderaba: una abulia que nos hacía crecer. Los escarabajos se mueven bajo esa apatía que nos decanta y nos hace lo que somos, insectos tratando de eludir el pisontón.

Cada capítulo comienza con el nombre de uno de los integrantes de la banda, cada porción de la novela tiene la sensibilidad de cada uno de Los escarabajos, tan distintos, pero tan iguales en el suelo que se escurren.  Son los Fav Four de Villa Martelli; Juan, Pablo, Julián y Ringo, más Coco, más el Rengo. Macarena trasluce a través de los personajes una sensibilidad articulada por una prosa impecable, como si la novela hubiese estado escrita de un tirón, sin el reposo de la razón, solo con la experiencia de la fantasía en estado puro. Los extraños caminos de la invención literaria nos dejan fuera del entramado del libro, pero podemos mirar por una pequeña mirilla y darnos cuenta de que Los escarabajos siguen siendo parte de la vida de la autora, y que otras historias pueden ser contadas: historias previas, colaterales o continuaciones.

El fantasma de John sigue los pasos del protagonista, y es una mirada y una aprobación constante que necesita Juan. Una especie de figura de ensueño que le sigue los pasos, que le indica el camino. Una especie de narrador expresado en una figura mítica, expuesto a cuenta gotas, cuando el personaje de Juan lo requiere. Ahora Juan y los demás, son mis fantasmas, por lo menos hasta que la historia me deje descansar de ellos, de su intensidad, de su peso emocional, para transformarse en una lectura más.

Esto no es una reseña. Ya me di cuenta. Es un texto sobre un libro que no quise leer sino hasta que estuvo terminado. De alguna manera intuía el resultado: Macarena nos estaba escribiendo  y se estaba escribiendo a ella. Hace unas horas tuvimos una conversación vía chat y de ella se desprendió una que me parece fundamental: “Y hoy pienso, a cada rato: ahora hay alguien que me lee”. Macarena siempre va a querer leernos, a todos, hoy por fin podemos leerla a ella.

Los escarabajos (2015)

Autora: Macarena Moraña

Editorial: Alto Pogo

Género: novela

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