Reseña #178- El río sabe


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Going to see the river man,

Going to tell him all I can,

About the plan,

For lilac time

River man, Nick Drake

 

Por Pablo Méndez

Mi abuelo nació en el Delta, en una de las islas más alejadas, en el límite para entrar a aguas uruguayas. Como toda la gente que transcurrió gran parte de su vida en esa zona, hay cosas de las que saben y que los adláteres de la ciudad no. Porque el río es sangre que circula en las decenas de arterias que forman el Delta. Cada recoveco, cada casilla hecha a mano, cada isleño, tiene historia.

El Río, de Débora Mundani, me devolvió nuevamente a la paciencia de ese territorio, al sonido de los motores de las lanchas a lo lejos, a la sudestada que deja que el río devore los rastros de civilización que se cruzan por su camino. Con astucia literaria, la autora desmenuza una historia en secuencia temporales, tres personajes unidos por la distancia de las circunstancias, tres tajadas de historia acercadas por la marea. Porque el río sabe qué deja a flote y qué hunde en su estómago. Horacio lleva el ataúd de su madre hasta Trinidad bajo la inclemencia del río abierto, Helena despega su juventud ante el hombre que trajo la correntada y que nunca olvidará, Juan recorrerá las islas en una búsqueda que sorteará las condiciones de su destino. El río como manifestación azarosa o inexplicablemente objetiva de lo inevitable.

El estilo de Mundani, imbricado en el detalle, sin que comulgue en la descripción que engrosa sin sentido, es la savia de una historia que denota la sensibilidad de su creadora. La narración es limpia, fluida, sin giros que implosionan atención y aún así sofisticada. Es imposible no nombrar a Haroldo Conti, no solo por la frase que introduce el libro, sino también en los climas engendrados que obedecen a una autoridad superior que se hace ley en ambos, en Conti, en Mundani: la narración desde las entrañas de los personajes.

Así como en Batán, su anterior novela, los personajes tienen la necesidad de exorcizar, pero en El Río, esa expulsión se da como un mandato natural, sin la urgencia de un contexto, una ley inviolable afincada en el valor de la palabra.

Mi abuelo se fue del Delta e hizo su vida en la ciudad. Pero el río nunca lo dejó irse del todo. Compró una chata y trabajó durante años en el transporte de madera. Cuando iniciaba uno de sus viajes había algo que cambiaba en él, en su rostro, en sus movimientos, como si el río lo llamara en un lenguaje incomprensible para los demás y el respondiera. El Río de Mundani imanta desde las primeras líneas, en cada párrafo un oleaje apenas perceptible nos arrastra en cámara lenta, y nos dejamos llevar.

El río (2016)
Autora: Débora Mundani
Editorial: Corregidor
Género: novela

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