Reseña #675- En la vera y en el charco


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Por Verónica Pérez Arango

“Yo percibo los claroscuros” declara la voz que habla en Unos días en el río Uruguay de Sol Narváez y yo no puedo dejar de leer este libro como un libro de pasajes de tonos, donde los poemas atraviesan diferentes fronteras: la de lo doméstico y la enfermedad, la del mundo del trabajo, la de la naturaleza. Tres partes diferentes del libro que trazan fronteras que se corren, superponen y otras veces delimitan una zona determinada con precisión. El lenguaje también funciona dentro de ellas a modo de catalizador que atrae y junta palabras de cada uno de esos universos, para teñir uno con el otro y enrarecerlo, volverlo impuro. Quiero decir: la voz de Sol avanza con un tono propio y reconocible que, al mismo tiempo, incorpora otros matices trazando el arco completo de eso que la voz llama “claroscuros”.

 

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En el pasaje de poema a poema, desde la primera parte del libro (“Fin de año”), a las otras dos (“Acceso oeste” y “Unos días en el río Uruguay”), transcurre un voz que se manifiesta con la  ternura de los diminutivos pero que altera la sutileza de lo pequeño con un léxico proveniene del mundo del trabajo, el hospital, la calle. Lo que sucede entonces es que lo minúsculo y casi de juguete -un “remolinito” o unas “lucecitas” o unas “carpitas” o una “arenita”-, contrastan con lo grave de la muerte de la amiga o la represión de los trabajadores en La Plata o la villa miseria. La pequeñez adhiere su fragilidad de cosita a los temas serios. Por eso, este no es un libro únicamente lírico, o únicamente social, o únicamente doméstico: va mucho más allá, es todo eso junto porque logra despegarse de las clasificaciones unívocas y convierte, en un juego de prestidigitador, lo alto en lo bajo, y viceversa.

 

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Me pregunto cómo se llega de un lugar a otro con tanta naturalidad, sin forcejeos y cabriolas del lenguaje, sin decoraciones extremadas y lujo. Uno de los epígrafes que Sol elige para el libro dice “Ah, mi corazón está en todo.” De alguna manera, la elección de este verso de Juanele es una clave para leer Unos días en el río Uruguay. Tiene la capacidad la poeta de mirarlo todo, pero no con el ojo de la razón que disecciona las cosas, sino con una mirada contemplativa que está y no a la vez, que es las cosas con las cosas, en la delicadeza sin esfuerzo de gestos ampulosos. La voz del poema en Unos días en el río Uruguay  es la voz del corazón que se ve afectado por las cosas y la gente y se pone en lugar de. Y si no, lean estos versos que dicen así: “escucho hablar de mareas, variedades/ de bagre y formas de encarnar/ y de verdad me interesa/ aprendo”; o  “si supieras, total desconocido/ el favor que me estás haciendo/ porque es lunes/ y tengo frío y tu perfume/ suave tibio de hombre/ me hace bien/ acá/ al lado mío”.

 

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Los poemas de este libro no gritan, más bien hablan en voz baja, en un tono bajo, con la frescura de lo espontáneo que se escribe al calor de la vida cotidiana, en la ebullición diaria, en la “feliz monotonía”. Se pegan entonces los poemas en la heladera, como imanes, salen de un tirón en la fila del cajero automático, o cuidando a la amiga enferma, y por qué no justo antes de ir a dormir después de un día de trabajo, con el cuerpo cansado pero cerca del amor.

 

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En momentos donde desconfiar del prójimo parece ser el modo de vincularnos, cuando los lazos sociales y del amor se han quebrado de forma casi definitiva por la lógica capitalista y del trabajo, llega la poesía de Sol Narváez para devolvernos, como una ráfaga de esperanza, la apuesta de recomponer una idea de comunidad. En este libro el yo aparece asociado siempre a un otro: ya sea familiar (amiga, amigo, hermana, novio), o desconocido (un niño que baja de un micro, una mujer que llora, un hombre que pasa, algunos turistas, los inmigrantes de países limítrofes). “Somos un mismo cuerpo” escribe Sol, y seguido: “el bolo alimenticio”. Es decir somos un nosotros que se autofagocita y se explota. Pero también entre la aspereza y la desazón nace inmediatamente lo sensible que siempre pero siempre triunfa, y si no, lean estos últimos versos de unos de mis poemas favoritos del libro: “una rondita de albañiles logra/ entre sacudidas y codazos/ barajar un truco/ y pasarse la birra/ y reír”.

 

Unos días en el río Uruguay (2018)

Autora: Sol Narváez

Editorial: Alción Editora

Género: poesía

 

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