Reseña #582- Una forma de felicidad


Foto La razón del estilo

 

Por Fabián Soberón

Pocos hombres fueron inventores puros. Aristóteles inventó la lógica; Poe, el género policial; Montaigne, el ensayo. Pero también fueron pocos los que escribieron obras maestras que estuvieran a la altura de las piezas imaginadas por primera vez por los tres dioses que he mencionado.

La razón del estilo compila ensayos que no solo siguen la pista creada por el francés sino que postulan nuevas ideas y sendas para el género. Hume sostiene que surge de la mezcla de conversación y erudición; Katharine Gerould dice que es la forma más íntima, la más subjetiva; Chesterton postula que es realmente una prueba y un experimento; Huxley hace un elogio de su inventor: “la perfección de cualquier forma artística rara vez la logra su primer inventor. Para esta regla, Montaigne es la más grande y maravillosa excepción”; Whitmore entiende que los elementos insoslayables son la brevedad, la provisionalidad, la informalidad y una escritura expositiva; W. Dawson y C. Dawson interpretan que las raíces del género se remontan a la antigüedad; Virginia Woolf escribe que el ensayo es egoísta ya que es la expresión de una opinión personal, y añade: “pero aunque se crea bastante fácil escribir sobre uno mismo, es una hazaña, como sabemos, rara vez lograda”; Richard Burton dice: “Ligero, informal, disperso y confidencial, el ensayo es más que todo forma; el tema carece de importancia en sí mismo”; Joseph Addison destaca la necesidad de lo breve: “un escritor de ensayos debe practicar el método químico y entregar, en pocas gotas, la virtud de un barril lleno”; Alexander Smith invierte la sospecha: “Bacon parece haber escrito sus ensayos con la pluma de Shakespeare”.

En contra de lo que sostiene uno de los autores de la selección (“el esfuerzo por describir una única y continua tradición ensayística en inglés es vana”), los textos incluidos conforman una tradición. Todos han escrito reflexiones sobre una forma que encuentra en el estilo una razón. La unión de razón y belleza, la combinación de forma, autobiografía y exposición ha producido en lengua inglesa páginas memorables e insoslayables. Este conjunto de textos no agota el género pero nos hace pensar que el grupo basta para dejar una muestra a las futuras generaciones de lectores de lo que alguna vez fue un género.

Si este libro incluyera ensayos de Montaigne y Borges sería la forma pura, la idea platónica del ensayo. Quizás sus editores no quisieron hacerlo para evitar la presunción de que habían encontrado la versión única y final de un género que se caracteriza por la provisionalidad y la apertura. Aunque no están incluidos el inventor y su continuador argentino, este libro esculpe un espejo de lo que pensaron sus cultores anglosajones. Acaso baste este último logro para incluir La razón del estilo entre las piezas que habitan una utópica biblioteca eterna, esa forma del paraíso que tenemos entre los vivos.

Cerca del final del volumen, Huxley cita a Montaigne, quizás para protegerse a sí mismo: “He visto en mi tiempo cientos de artesanos y obreros más sabios y más felices que los rectores de la Universidad”. No deja de ser paradójico que el gran pensador francés haya escrito este apotegma. Montaigne inauguró una forma que fue cultivada por la exquisita tradición más allá del Canal de la Mancha. En contra del prejuicio, Montaigne y sus continuadores anglosajones nos provocan ese ubicuo placer intelectual: una de las formas más nítidas de la felicidad.

 

La razón del estilo

Ensayistas anglosajones en torno al ensayismo

Selección y traducción: Fernando Alfón

Editorial: Nube negra

Género: ensayo

 

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