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Reseña #155- Lectores avanzados

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Por Janice Winkler

Mi maestra de sexto y séptimo era una mala conocida. La habían tenido los padres jóvenes de mis compañeros. La habían sufrido mis primos y mis hermanas. Todos le tenían miedo y ella parecía disfrutar de su estatus de bruja. Sin embargo, a mí —un poco contrera desde la cuna— me gustaba. Me gustaban sus clases y las tareas que nos mandaba a hacer. Todos los lunes nos daba un poema que teníamos que ilustrar y aprender de memoria para el miércoles. Entonces, el día D, ella sacaba su birome, agarraba la lista y se hacía la que elegía un alumno al azar. El alumno en cuestión se paraba, bien durito, y recitaba. Si lo hacía bien tenía un diez; si se equivocaba, no superaba el uno. Sí, era una tirana y hoy mi yo docente la repudiaría, pero ella instaló en mí el amor por la literatura, por leer. A partir de sus clases, de leer con ella el diario como primera actividad de todos los días, y de haberme nombrado encargada de la biblioteca del aula, me volví una lectora avanzada.

La editorial Edelvives tiene una sección para lectores avanzados, chicos curiosos de más de diez años. En esta línea se ubica Boris y las mascotas mutantes, de Sergio Olguín. Para quienes disfrutamos de la literatura infantil y juvenil, el nombre de este autor garantiza una lectura sin frenos, con ganas de seguir hasta el último párrafo y de, una vez terminado el libro, regalárselo a algún chico.

Boris empieza primer año en Buenos Aires, después de haber vivido en otros países, gracias al trabajo de su papá. Hijo de un inglés y una española ya fallecida. Hermano de Mimí, una pequeña genio amante de las computadoras. Boris, un chico que atrae por su inteligencia y carisma, conquista la amistad de Aldana y Luciano, con quienes vivirá una aventura atrapante que, en su transcurso, se va definiendo entre fantástica y realista.

Creo que la maestría del autor está, más allá de la historia que engancha, en haber encontrado la voz de un chico que, a los doce, trece años, ya se ha adaptado al mundo. Sabe hablar en “porteño”, pero en realidad, podría hablar todos los idiomas; entonces, si pienso en mis alumnos, que tienen la misma edad, no me hace ruido que hablen distinto, que sean menos formales, porque Boris viste distintas idiosincrasias y se tuvo que adaptar a las formalidades de una vida acelerada. Cuando vivió en Francia, por ejemplo, tuvo que aprender francés y comer delicias sofisticadas que a él no le gustaban y que distaban de la grasosa costumbre de los fish and chips en la Inglaterra natal de su padre. Y también, por supuesto, Boris supo adaptarse al dolor, a la pérdida de su madre y a la que —sabemos— provocan las mudanzas.   

Last but not least, como dicen en inglés, el libro tiene un hermoso plus: las ilustraciones de Flavia Gargiulo Rosa, no sólo en la tapa, sino a través de las páginas de este texto de aventuras. Son cuadros con un nivel de detalle exquisito. Un modelo de novela que me hace acordar a las maravillosas publicaciones de Roald Dahl.

Un poco de Boris, de su voz:

Hablo inglés, hablo español y en la escuela de Londres aprendí algo de francés. Así que cuando mi padre decidió que nos mudáramos a París yo pensé que no me iba a costar entender a los franceses. Me equivoqué. Lo que yo sabía de ese idioma era muy poco y pronunciaba todo a la manera inglesa, cuando no española, pero nunca correctamente.

En la escuela de París me decían “el inglés” y se burlaban por cómo hablaba.

—Mirá mucho cine francés, lee todo lo que puedas —fue el consejo de mi padre cuando me quejé por cómo me trataban los francesitos.

Le hice caso y vi muchas películas. Grande fue la sorpresa mía, de mis compañeros, de Mimí, de mi papá y de todos, cuando a la semana hablaba perfectamente. El único problema fue que al principio me equivoqué y vi muchos programas de televisión canadienses así que los compañeros comenzaron a llamarme el “quebecuá” porque hablaba como los de Quebec. El francés de Canadá y el de Francia se parecen tanto como el castellano de España y los distintos castellanos de América. Así que me dediqué otra semana a ver, esta vez sí, cine francés y comencé a pronunciar como si hubiera nacido a orillas del Sena. 

Boris y las mascotas mutantes (2015)

Autor: Sergio Olguín

Editorial: Edelvives

Género: literatura juvenil

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