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Reseña #816- Sirena de un thriller literario

pola

Por Daniel Gigena

A primera vista, Mona, de Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977), es una novela de escritores, es decir, una historia donde los personajes principales son escritores. Los que no lo son en sentido estricto orbitan como satélites de los escritores: aspirantes a escritores, profesores, periodistas que (forzando un poco los términos) también pueden ser considerados escritores. Convocados para un festival en Suecia, donde se entrega un premio que no es el Nobel pero que los pone en carrera rumbo a esa meta, trece personajes de nacionalidades diferentes acuden al llamado. Los apóstoles de la literatura global se encuentran en una zona franca de lenguas, al borde de un lago. 

Mona es peruana pero en absoluto monolingüe. Puede escribir haikus en francés, descifrar el griego, comparar el quechua con el alemán, soñar en italiano e incluso “hablar en argentino” si así lo desea. No por nada reside en California como una flor de la canela exótica, acaso amazónica. Sensual, pícara, divertida y (gracias a pizcas de Valium y un veip) también centrada como una mónada, la joven autora de una novela que tuvo un éxito inmediato llega a Estocolmo con marcas en su cuerpo. Moretones, para ser más precisos. ¿Qué o quién es el responsable? 

Sin embargo, Mona no es una novela de denuncia de la violencia que padecen las mujeres, o al menos no lo es en primera instancia. Por supuesto que hay culpables de esos maltratos, pero más que a un relato de enigma, de justicia o de venganza, la tercera novela de Oloixarac se asemeja a una novela de terror. Además de los moretones cuya causa ella no puede determinar, presencias rubias y mudas que contemplan a los invitados al Meeting, zorros muertos dejados como advertencias, sombras que observan y a continuación se escabullen, escanden una trama dominada por un vértigo tan erótico como irreal. “Por momentos, ella parecía susurrar algo, dirigirse a alguien que solo ella veía, como un cuadro clásico de alucinación”, apunta la narradora. 

La presencia de los escritores en el festival es la excusa perfecta (y un poco convencional) para que cada uno de los personajes se explaye acerca de cuestiones como la literatura como gesto vital, la creatividad en la era del tecnocapitalismo, el rol de los intelectuales en la política, la cultura de izquierda como mainstream y el modo en que las idiosincrasias nacionales afectan la escritura literaria. “¿Qué podemos hacer en el mundo, además de tuitear? ¿Es que existe un poder omnímodo, un monstruo contra el cual valga la pena pelear? ¿Quién es el monstruo, y dónde se oculta?”, pregunta a la audiencia Marco, el escritor colombiano nominado para el premio Basske-Wortz, y con el que la protagonista ya se ha cruzado en otro festival.

Mona es latina, cetrina, orgásmica e irónica, y a ella la toca elaborar y discurrir sobre las hipótesis más interesantes que habitan la novela. Una de ellas es que las elucubraciones de la teoría literaria de la segunda mitad del siglo XX prenunciaron la eclosión de las fake news y el destronamiento de la verdad objetiva de los hechos. Otra, más aventurada, es que el español constituye por naturaleza un idioma infinito (culpa de Cervantes). “Si lo observas detenidamente, vas a ver cuán horrorosamente vertiginoso puede ser el español”, le dice a Sven. En la novela del terror literario, resulta verosímil que un idioma se vuelva un monstruo.

La novela no esquiva el gran tema de los años recientes: el feminismo. Mientras que en la superficie (en la que se incluyen los dichos de los personajes) Mona ondula como sirena sobre los diferentes reclamos del movimiento de mujeres y el ascenso de los feminismos (en especial el que se incuba en las universidades estadounidenses), en el plano de los hechos la realidad la golpea sin mediaciones. Desde su celular, Mona sigue con angustia el caso de Sandrita, una chica limeña secuestrada en el barrio de Rímac, que mantiene en vilo a la sociedad peruana. Lo más terrorífico no es cuando Mona imagina que ella misma hubiera podido ser Sandrita, años atrás, sino al comprobar que todavía la espera un destino de víctima. 

Pero ¿Mona es Pola? Ese es un interrogante que los lectores pueden hacerse. Ahí están las dos sílabas en los nombres, las dos vocales en la misma posición táctica para arriesgar que la protagonista es un álter ego de la escritora argentina, famosa gracias a Las teorías salvajes, su celebrada primera novela. Como Pola, Mona padece con una segunda novela pero, a diferencia del personaje-escritora, la escritora-personaje ya va por la tercera, que la contiene y distorsiona. En cierto sentido, el espíritu reivindicativo de Mona se puede atribuir a la “recaída” en términos literarios que representó Las constelaciones oscuras, “maldita” segunda novela de Oloixarac (tal vez maldita sólo por ser la segunda). Si así fuera, la novela de terror protagonizada por Mona actuaría entonces como un exorcismo.

Mona (2019)

Autora: Pola Oloixarac

Editorial: Literatura Random House

Género: novela

 

Complemento circunstancial musical:

Un comentario

  1. Jorge Jorge

    Muy buena reseña.

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