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MINIATURAS- Sororidad de adivinas: mística y erótica fem en la poesía de Olga Orozco

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100 años de Olga Orozco

Por Roxana Molinelli

Difícil escribir algo que no haya sido dicho sobre el legado literario de Olga Orozco, más todavía desde un lugar de mera lectora y admiradora. Aproximarse a su obra poética es como abrir un cofre repleto de talismanes que florecen como manos de mil lecturas posibles. Va entonces una intención de comentarios entre el campo abierto de acertijos de la poeta profetisa de Hispanoamérica. 

 

Recorriendo sus poemarios Desde lejos hasta Con esta boca, en este mundo, se pueden apreciar una continuidad de elementos, estilo, temas, formas: la voz inconfundible de versos largos y estructura perfecta, entre la intensidad existencial alquímica, por apenas nombrar algunos. Pero también, puede haber otra persistencia: una movilización, o más bien, un tipo de subversión femenina que vibra y se hace  textura, pronunciamiento. Aunque no como propuesta, la subversión aflora como sororidad de adivinas que van al encuentro para aunar su poder transformador. Subversión como un llamado a una potencia misticista, para liberar una erótica de magia fem solapada por siglos. De este modo, su poética por momentos toma la forma de sentencias de conversión –o como ella misma tituló de “mutaciones de la realidad”- desde lo surreal o desde un romanticismo enigmático, frente a gramáticas androcéntricas desmitificantes.

 

Y en ese sentido, acercándonos a los ritmos y a las musicalidades que componen su poesía, quizás escuchemos una suerte de tejido coral: un hablar de mujer a otras féminas, madre, hermana, mascota, amiga, amigo también, sí misma; que sostienen un diálogo, como una composición de invocaciones o rezos. Donde el yo lírico muta, se ve y trastoca en un espejo hexagonal del ella, al mí, al tú, generando una suerte de urdimbre sonora, corpórea, sentida, que se fuga en frases extensas. Pedidos, reclamos, críticas, dudas pero a su vez consejos, propuestas, alabanzas y creencias, se conjugan como un rizoma repleto de símbolos de cambio, de posibles de transmutación: 

 

Si, tú, mi otra yo misma en la horma hechizada de otra piel (…)

No fetiche (…)

sino tú, el tótem palpitante en la cadena rota de mi clan (…)

Y este rumor y ese gorgoteo (…) entre los laberintos de tu sangre

¿No serían acaso mi mantra más oculto y tu indecible nombre

y la palabra perdida que al rehacerse rehace con plumas blancas la creación? 

                                     *

(…) Escarba, escarba donde más duela tu corazón.

Es necesario estar como si no estuvieras (…)

Heroína de miserias, balanceándote ahora casi al borde de tu alma

 

En este pasaje de enredaderas que se esfuman hacia a lo alto, su encantamiento, su brujería, tan conocida y expuesta, tantas veces nombrada, se materializa en cada poema como oráculo o conjuro. Visiones, profecías, anuncios pero también una invocación en el rito, una vocación de incidir en el espacio-tiempo “…con esta sola boca, en este mundo…” aunque no quiera la poeta pronunciar jamás “el verbo sagrado». Se enlazan así una maravillosa sensibilidad epifánica con una capacidad performática abrazadora, que hasta perturba.

 

Entre la infinidad de lecturas que la obra de Olga Orozco permite, una última reflexión: la presencia del cuerpo. Cuerpo humano en el cual se imbrican las múltiples posibilidades de encuentro entre “la materia y el espíritu”, espacio simultáneo del micro y macro cosmos, un territorio paradigmático de sincronicidad. El enigma se resuelve en el cuerpo, como un “Catecismo animal”:

 

(…) No, este cuerpo no puede ser tan solo para entrar y salir.

(…) pido por esta piel con la que caigo al fondo de cada precipicio;

abogo por las manos que buscaron, por los pies que perdieron;

apelo hasta por el luto de mi sangre y el hielo de mis huesos.

Aunque no haya descanso, ni permanencia, ni sabiduría,

defiendo mi lugar:

esta humilde morada donde el alma insondable se repliega,

donde inmola sus sombras

y se va. 

 

En estos tiempos de la peste, cuando parece no haber fronteras para lo invisible e inevitable; cuando el enigma de la vida se pone con fuerza y masivamente sobre el tapete del mundo; vale más aún entonces explorar el vasto pluriverso de la sacerdotisa de las letras hispanoamericanas del siglo XX. Tal vez surjan algunas respuestas o nuevas búsquedas entre sus arcanos y estrellas sutiles.

Complemento circunstancial musical:

 

 

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