Skip to content

Reseña #107- Iniciales

solotempestadessemana-3

 

La idea es que el lector deje de pensar. Que entre, sin notarlo, en modo maníaco. Que devenga una máquina de leer. Pero eso no es todo. Hay que conseguir que sean inconscientes. Que- por Dios- no sepan lo que hacen.” Fragmento de un mail de Martin Penkov a Doctor Francisco Walton (DFW, Matías Pailos)

Por Coni Valente

DFW es una novela de Federico Matías Pailos, que es doctor en filosofía e investigador del Conicet.

Cuando apenas llegó el libro a mis manos solo quise descubrir el significado de las siglas que le dan título. DFW, ¿Qué podría ser? Se me ocurrieron algunas opciones: Defensores Furiosos Waterpolistas, Dilemas de Fe de Windsurfistas, Delfines felices de Washington o Directorio Federal de Whiskerías. No sé, pero supongo que ya veremos.

En la primera hoja de la novela se resuelve ese misterio (lo cual es una primera desilusión): Dean Frank Washington, un escritor norteamericano muerto. DFW. Y casualmente (o causalmente) quien viaja a Los Angeles a visitar a su viuda es el Doctor Federico Walton. DFW. No creo que todo termine ahí. Lo presiento.

Hace un tiempo reseñé Lagunas de Milton Läufer y en el proceso de lectura y de escritura, hablé mucho con él. Con Milton Läufer. Así lo llamé cada vez que lo nombré, Milton Läufer. Hace unos días me enteré que su segundo nombre es Benjamín, por ende es Milton Benjamín Läufer. MBL. Y yo soy Florencia Gisela Valente y el autor de DFW es Federico Matías Pailos. FGV y FMP.

Yo tranquilamente podría viajar a Brooklyn, a donde vive Milton Benjamín Läufer y no habría viuda pero si dos gatos y una novia, creo. Podría revisar sus cajones aunque nuestras iniciales no sean las mismas como lo hace Walton con Washington siendo sus iniciales iguales. El Doctor Federico Walton está escribiendo una biografía de Dean Frank Washington. Yo podría escribir una biografía de Milton Benjamín Läufer aunque no esté muerto aún. Lo haría solo para viajar a Manhattan con una buena excusa.

Esta novela tiene un lenguaje sexual abierto y directo. Pasajes como “se hizo chupar la pija por su ex nuera en el baño”, “Ahora tiene delante a una muy atractiva colorada de mediana edad con la que se imagina cogiendo” o “La tengo dura. Quiero que me la tire como polvo de despedida” dan prueba de eso. Sin eufemismos. No le hizo una fellatio, ni se imagina haciéndole el amor, sino derecho viejo al grano. Como escupida, como si quien la escribe quisiera sacarse todo eso de adentro.

Debo hacer una confesión antes de seguir: me volví fanática de Milton Läufer, de llamarlo así. Sin tutearlo, claro está. Siento que lo mismo le pasa al Doctor Federico Walton que es gran admirador de DFW, el original (del libro, no de la vida). Y supongo que Federico Matías es fanático de Wallace, de David Foster Wallace. De llamarlo Dean Frank Washington. De las iniciales de los nombres. DFW. Es una obsesión atípica pero interesante. Ah, claro, aun no se los dije. Esta obra “homenajea” digamos, a Wallace, el escritor estadounidense, que nació en Ithaca, estado de Nueva York y que se ahorcó en 2008 a raíz de una fuertísima depresión.

Milton Benjamín Läufer (MBL) y Federico Matías Pailos (FMP) se conocen. Y yo no conozco a ninguno de los dos, más que por algunas charlas. PGM nos conoce a los tres y los cuatro conocemos a DFW, el verdadero. ¿Quién cuernos es PGM? En fin….más allá de la perorata de mis relaciones interpersonales con todos estos hombres, tengo que hablarles de DFW, ni de Dean Frank Washington, ni del Doctor Federico Walton, ni de David Foster Wallace sino de DFW, la novela de Federico Matías Pailos ¿o de Martin Penkov? MP y MP.

DFW no tiene capítulos tradicionales, al menos no de forma enunciada. Hay breves situaciones que abren y cierran, pero no podría armarse un índice. Tampoco tiene epílogo ni prólogo. Yo la leí, Milton Läufer la está leyendo y PGM piensa leerla. Está escrita de un modo intencionalmente desordenado y ciertos relatos muestran desenfado. La trama está fundamentada en cierta obsesión metida adentro de otra obsesión, asumida o no, pero obsesión al fin. FMP gusta de David Foster Wallace, el escritor muerto (realidad) y el Doctor Federico Walton también gusta de DFW, el escritor muerto (ficción). Y en todo caso, acá habría dos que gustan de DFW, que en realidad serian cuatro si metemos en todo esto a Milton y a PGM. En total seriamos cinco incluyéndome, pero uno está dentro de la ficción y el resto, afuera.

Todo este asunto me hace reflexionar que hay ciertas coincidencias que pueden ser más sutiles o no, pero que de algún modo generan una cadena de acontecimientos que desembocan en algún lugar inesperado. Quizás, solo quizás, eso le pasa a DFW, el Doctor, el que viaja a la costa oeste de los Estados Unidos y se quiere coger a la viuda, el que se obsesiona con Penkov, el que escribe la biografía.

Walton (el DFW vivo) es tal vez la representación más genuina de aquel Foster de los últimos años, agobiado por la depresión, arrastrado hacia la locura, preso de una sensación anárquica ineludible: la soledad, producto del abandono. “Un Walton adentro. Solo. En la habitación del hotel. Frente a la computadora. Solo. Con los ojos rayados de rojo”

La cosa es que aquí tenemos la historia de una obcecación, pero una no psicopática ni patológica, una discursiva, literaria. Federico Matías tiene una obsesión con las iniciales y yo con los nombres completos y eso lo descubrí un poco cuando conocí a Milton Benjamín Läufer. Milton Läufer, para mí. Quizás PGM tiene la de llamar a los seres que lo rodean por sus apellidos y desconozco cuál será la de MBL.

Algunos son maníacos de conductas autodestructivas como el alcohol, el tabaco o las drogas; otros sufren de TOCs recurrentes, hay quienes sufren repetidamente de ataques de pánico y estamos nosotros cuatros que algún trauma no resuelto tenemos con las letras, con los nombres, con los apellidos.

Federico Matías grita desde la soledad con esta obra, desde la locura de la soledad. La locura de DFW, la de Wallace. Esta novela es quizás un gran brote psicótico cristalizado de diferente manera por cada personaje, pero respetando en la prosa el significado de tal desorden: la rigidez, la permanencia arbitraria de una idea, la repetición de la conducta patológica y en el medio de todo eso todos nosotros, locos por Wallace, o por Pailos, o por Läufer o por Méndez. Si, era Méndez. Pablo Gabriel.

DFW (2015)

Autor: Federico Matías Pailos

Editorial: Textos Intrusos

Género: novela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios

  1. Christian Christian

    Brillante! Me atrapo el juego de palabras, de iniciales, de vinculos.

    Creo que es la reseña que mas me gusto de todas FGV.

    Aplausos!

  2. carlos alberto soto guevara carlos alberto soto guevara

    Excelente, disfrute el intrincado juego de iniciales obligándome a pensar para no perder el hilo de una trama que me anticipa, ante todo inteligencia, me gusto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *