Skip to content

Reseña #998 y 1/2- LA POTENCIA EMOTIVA QUE REMUEVE ESCOMBROS

   

Por Diego Ravenna

     Valeria Pariso ha dicho, alguna vez, que le interesa contar historias pequeñas y sencillas. Ya lo hizo en Zarmina contando la historia de las mujeres pastún de Afganistán y sus landays, esas formas breves que graban en los mensajes del contestador para dar cuenta de la opresión que sufren por parte de los hombres. También en La trilogía, esas pequeñas cartas que habitan Uva negra, o hasta en El castillo de Rouen donde adopta la voz combativa de Juana de Arco cuentan historias que fueron y son.

     En Flores para no regar (Ediciones Aql, 2021) Valeria nos convoca a ir a los destellos de esa luz que, como dice en el poema que abre el libro, aparece de a ratos en la memoria. Porque contar y narrar tienen que ver en sus poemas con percibir el mundo y ser afectado por aquello que parece estar en peligro de extinción. Dice el poema 4, “Del amor recuerdo su belleza / y el peligro de extinción, / igual que un ciervo que come geranios / bajo el cielo azul del mediodía.” 

      Jotaele Andrade señala en el prólogo que escribió para Mascarón de Proa que la voz poética de Valeria Pariso resguarda lo que fue abandonado o se perdió. El poema, agrega, dice desde el desvanecimiento del mundo para preservar lo observado. La mirada poética de Pariso está cargada de ternura: puede encontrar belleza donde ocurrió el desastre; y su poesía es la certeza de que vale la pena sobrevivir para encontrarla. Dice el poema 3: 

Si en cada cicatriz me apoyara

un tallo

con su flor silvestre,

manzanillas, verbenas, 

malvas,

dientes de león, 

tréboles blancos,

nadie vería la belleza 

de este cuerpo roto 

que resiste.

    La poesía de Pariso le habla a los árboles, oye el corazón de las águilas que con cada latido mueven el aire, el temblor de un pájaro dormido, observa por días enteros el ciclo por el cual la belleza de un durazno se ve alterada por la incidencia de la humedad y el calor. La materia de este libro es la intangibilidad del mundo siendo percibida por nuestra experiencia del tiempo. Lo importante que es distinguir en el trayecto lo que merece nuestro cuidado: las flores que son, y no son para regar. 

     Si nos acercamos al mundo con la sensibilidad de Valeria Pariso, veremos que son pequeños momentos los que hay que salvar: los dos minutos mientras esperamos que repose el té, o las horas que pasamos en el bosque mirando secarse un hongo; instantes breves, duros, que con su persistencia resisten cualquier gesto de dominación que intente darlos por concluidos o cerrados. A este tipo de experiencias parece referirse la poeta cuando dice que le interesan las pequeñas historias. Porque a través de ellas puede atrapar o poner a salvo la multiplicidad de la vida. 

     En su aserción poética el mundo nos necesita para resguardarlo de su propia oclusión. La poesía entonces, como esa potencia emotiva que remueve escombros, que ilumina donde la oscuridad es toda una y cerrada. Como si nos dijera que nos enseñaron a vivir con la memoria, pero no a sostener lo perdido.        

Flores para no regar (2021)

Autora: Valeria Pariso

Editorial: Ediciones Aql

Género: poesía 

Complemento circunstancial sonoro:

Se el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *