Reseña #59- Caja de bombones


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Por Macarena Moraña

Seguramente sea empalagoso decir que meterse en un libro de cuentos es como abrir una caja de bombones. Seguramente. Hay cuentos dulces, otros rellenos de un inesperado sabor a fruta, algunos demasiado duros y los nunca del todo comprendidos: los alicorados. Pero qué me importa empalagar un domingo de lluvia, ¿o acaso no se inventaron para eso y para leer cuentos y para divagar? Yo pienso que sí, así que este es el principio de mi reseña de Viaje a casa, compacto y armónico libro de cuentos de Pablo Pedroso, editado por Zona Borde.

Lo primero que comemos son balas, al principio no muy decididas, pero van ganando su destino a fuerza de tenacidad. Saben potentes, sí, pero no matan lectores así que suponemos van a fortalecernos y seguimos. El bombón que viene es de esos que no querés tragar de ninguna manera: los de una infancia que aún no advierte las trampas que, en este caso, vienen disfrazadas de relojito. Dichosos los niños que aún no saben lo pesados y ruidosos que se van haciendo esos miles de tic tacs que musicalizan las vidas. El dulce que sigue no es ni joven ni dulce, está sucio y vive en la calle. El cuento que lo envuelve se llama “Hermoso y durmiente”, y tal vez sea el más inquietante y provocador del libro. Si la señora protagonista de “Sabores caseros” es quien prepara este otro, yo sugeriría entonces pasar de largo al siguiente relato y no probar este, porque quién sabe qué contiene en realidad… No es por falta de limpieza ni mucho menos de maña, eso es lo que sobra en la vida de esta mujer, es por otra cosa, algo grande, enorme, que parece mentira forme parte de la vida chiquita de una viejita. Y, como si no fuera suficiente, viene otra vieja que parece que es una suerte que haya muerto, al menos eso es lo que festejan los adolescentes tan asqueados del mundo que se divierten compartiendo sus cuerpos, sus experiencias, y sacando fotos, muchas fotos, para documentarse, para existir, para ser un registro de algo. “Zapatos” cuenta parte de la historia de una familia delante y atrás del escenario de un velorio. A “Las palabras justas”, como su nombre lo indica, no le sobra ni falta ni una sola: el silencio amenaza con llevarse un matrimonio. Es un cuento que habla de la necesidad de escuchar una voz, que lleva a reflexionar sobre el hecho de que una mujer callada es un bombón, sí, pero un bombón peligroso. También lo es una “Mujer herida”, cuyo nombre es Alicia, el dulcecito que sigue, que viene, que no se va a ir tan fácilmente. Ella es algo mayor y tras accidentarse en la calle, frente a la casa del matrimonio de Nicolás y Cecilia, sus jóvenes vecinos, se mete en sus vidas. Si bien es un cuento redondo y enigmático, un dulce que endulza lo justo, se le podría pedir un poco más de relleno, porque deja al lector con ganas de más. La próxima porción va a comérsela la rata que se mete en la cocina de esa madre y ese hijo de los que nada sería bueno adelantar, porque este bombón viene relleno de eso que mejor no preguntar qué es. “Igual a nadie” es otro relato familiar que habla de buscarse en la cara de los otros, de lo que ocurre cuando se encuentra la cara que nos antecede, esa persona a quien inevitablemente nos parecemos. “Viaje a casa”, el cuento que le presta el título al libro, es un bocado difícil de tragar, no es dulce, no es amargo, no es rico. Es duro, pero no está vencido. Es fuerte, pero no está picado. Es ácido, pero no está en mal estado. Acaso la cerveza que se sirve al final, en ese living, pueda servir para bajarlo, pero no lo apostaría. Los últimos dos relatos son de viajes, uno en bicicleta en una ciudad detenida, y el otro en un tren. Este último, devuelve al protagonista la necesidad de tener un plan, un orden, una idea de destino. Ese es tal vez el objetivo de todo el libro: el llegar a un sitio, el tener adonde ir, y también el de advertir el viaje, saborearlo como a estos dedos pringosos. Me pregunto si estoy empalagada y me río una vez más por hablar sola. Pero así como no estoy empalagada, tampoco estoy sola. Después de leer estos cuentos la soledad es tan relativa como las certezas. Pienso que de hecho me comería otra caja entera de bombones rellenos de escotes, incertidumbres, vínculos, padres y abuelos, amores y viejas imposibles de digerir.

Viaje a casa (2015)

Autor: Pablo Pedroso

Editorial: Zona Borde

Género: cuento

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