Reseña #634- Lo lateral y la gravedad cero


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Por Valentina Vidal

Los tres poemarios de Verónica Pérez Arango me sugieren un viaje con tres puertos: el suelo, los bordes del mundo y el espacio, casi tan cerca del sol como solo Pegaso pudo hacerlo.  En Un dibujo del mundo (El ojo de mármol, 2014), hilvana y desarma en cuclillas, los pequeños movimientos que su ojo percibe, encontrando la enorme lateralidad de cada una de las partículas que flotan a su alrededor.

“¿Existe acaso lo que ya no se recuerda y queda tras el humo espeso de la memoria o la música de las cosas que tuvimos iluminadas con las fibras de un relámpago?”

Dividido en tres partes, “La luz del verano”, “Los años felices” y “Naufragios”, la poeta nos deja descubrir sus mundos a través de un caleidoscopio que busca e interroga de forma simple y sensitiva, con buenas dosis de una tierna honestidad brutal.

Mandas un email a los amigos que están lejos

Para darles un pantallazo de tu vida

Escribís esta playa es idéntica

A otras playas

Que hay en el mundo

Te alegra la ausencia de variedad

Y no sentir que te perdes de algo

Excepto por el tamaño de las olas

El color de la arena hirviendo

La caminata que se vuelve carrera

Las cosas viven en una medianía

De olor a crema, salitre, sudor y fruta.

En La vida en los techos (Colectivo Semilla Editorial, 2016), los bordes son el pulso de una metafísica poseída por la mirada de una mujer que distorsiona el tic tac de un reloj y lo reconstruye desde sus múltiples posibilidades.

 

¿Acaso no escuchás afuera

un remolino abriendo la ventana

que golpea fuerte

contra la pared del cuarto

ordena las sobras

de la noche que tuvimos

moviliza el pasado y nos arrastra

cerca del peso o el calor

de los cuerpos antes de despertar?

¿Acaso no te duele

el nudo de las sábanas y tus pies

rozando los míos

la humedad de las pieles?

¿Es esto lo que nos queda

después del amor

fantasmas adentro de la cama?

Pérez Arango planea por los techos de lo cotidiano y se despega todo lo lejos y todo lo cerca que se pueda estar, viendo lo imperceptible de un mundo espinoso y apurado entre los pliegues de la cama.

Cuando volvimos de viaje

hubo que reconocer de nuevo

la vieja casa

la pileta de lona era una laguna viscosa y quieta

con vida microscópica brillando entre restos de hojas

y alas podridas de insectos

nadie podría sobrevivir en un mundo así

mejor dicho: ningún hombre o mujer

por más optimista que sea.

hay cosas que no necesitan cuidado

se transforman solas y alejadas

de cualquier mano laboriosa,

con la espesura del tiempo

o apenas el roce de la luz.

Esos días aprendimos a mirar

la efervescencia de la vida

y por primera vez no quisimos

cambiar nada de nada

En Hielo incandescente (Caleta Olivia, 2017) con ilustraciones y foto de Alfredo Machado,  la autora en gravedad cero, vuelve a dividir en tres partes un viaje al espacio: “Nací para viajar más rápido que el sonido”, “Lo que apareció en las noticias ese día” y “Ciclos vitales”  

Estoy adentro

De un gigantesco globo de helio

Flotando a unos pocos metros

De las flores silvestres que nacen en la zona

Dentro de unos minutos veré

La negrura sin fin aunque sea de día

¿Cómo se llama esa parte del cielo donde no llegan los colores?

Capa tras capa del espacio sideral, Arango explora lo que no se toca pero sucede. Sin fuegos de artificio y con las manos palmas hacia arriba, recibe y da, da y recibe un mundo que se intuye verdadero y sin otra alternativa que verlo de frente.

Estás en otro lado

Aunque miremos juntos

Películas de miedo

Aunque la misma frazada nos abrigue

Una interferencia

Constante se interpone

entre nosotros

hablamos

el mismo idioma

pero hay pedazos

de conversaciones

que no encajan

en esta historia

me hubiese gustado regular

el ruido blanco que anida

en nuestros corazones

Podría decir que la línea que cruza los tres poemarios de Verónica Pérez Arango, es la búsqueda de lo verdadero, una traslación, un abrir las puertas y correr las cortinas desde las raíces hasta el infinito con una mirada encantadora pero no por eso menos inquietante y lateral. Un crossover de elementos frescos que confluyen en la respiración holotrópica de una poeta que corre los velos de lo que preferiríamos omitir. No dejaría pasar a esta autora que mantiene un alto nivel de registro y de búsqueda permanente de lo que necesariamente no hay que dejar escapar.

 

Un dibujo del mundo (2014)

Editorial: El Ojo del Mármol

La vida en los techos (2016)

Editorial: Colectivo Semilla Editorial

Hielo incandescente (2017)

Editorial: Caleta Olivia

Autora: Verónica Pérez Arango

Género: poesía

 

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