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Reseña #521- Una anatomía del amor

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Por Josefina Fonseca

Toda práctica tiene sus rituales, repeticiones fundadas en el mito que los sostiene. Hay quienes dicen, en materia literaria, que mientras la narrativa –asociada al oficio- se construye a fuerza de constancia y exposición dolorosa a la hoja en blanco, lo contrario ocurre con la poesía: más asociada a un don infuso, llegaría por inspiración, tormento tirano si los hay. Afortunadamente, todo mito tiene sus detracciones, y el Pequeño manual de anatomía masculina (Peces de ciudad, 2016) de Analía Pinto puede inscribirse en ese lugar: un corpus de poemas creados a partir de consignas de escritura, propuestas por el grupo Poetas en el Zaguán, que consistía en describir, semanalmente, una parte del cuerpo del amado. Y la sorpresa de un poemario que aparece como el resultado de insistir, consciente y laboriosamente, sobre un tema.

“Los largos hilos negros/ los bellos eternos intrépidos rulos negros/ los inalcanzables sedosos trémulos/ hermosos bucles negros/ los inabarcables ajenos sulfurosos/ calientes hilos negros/ los que reverberan los que dimanan/ los que incineran/ los que hieren maniatan y pervierten/ los intrépidos inalcanzables”, dice la autora sobre Su pelo, en un fragmento que por su universo de imágenes, su musicalidad y su ritmo, funciona como una muestra de la pericia minuciosa con la que aborda el lenguaje. Es con esa misma impronta del detalle y la búsqueda que recorrerá el cuerpo entero, rebasando los tópicos de un manual educativo y construyendo un Frankenstein del amor (que no pierde en el collage la belleza), del que pueden describirse no solo Sus manos y Sus piernas, sino también Su cola, Sus alas y hasta Su ausencia.

El Pequeño manual propone una anatomía que no por diseccionada se vuelve científica, y en la que lo que puede nombrarse de un cuerpo tiene más que ver con sus efectos subjetivos que con sus funciones. El cuello será, por ejemplo, “la frontera entre el bien y el mal”, en lo que resulta una provocación a la ciencia occidental, que no puede decirnos todavía dónde se aloja lo que no se puede tocar. Contradice además ciertos patrones de la praxis: en la elaboración de este manual, el objeto de estudio ya no es una posibilidad de observación directa (“es sólida la ausencia/ dura como el Carrara/ como sus ojos cuando decían/ que me amaban”), y las descripciones se hacen entonces con el artificio del recuerdo. El poemario tomará así un sentido nuevo: como las cartas y las fotografías guardadas, cada texto será un refugio -o un flagelo- para reconstruir la experiencia.

“Hablanos de su sonrisa/ decinos algo/ decinos su nombre o su signo/ pero ya lo saben todo de él/ acaso más que yo misma/ porque ningún amante sabe muy bien cómo es el objeto de su amor sino que sólo conoce lo que su propio mito le deja conocer que no es otra cosa que la proyección de su ideal amoroso encarnado en una cualquiera persona que el azar puso en el camino/ y por eso nada puedo decir de su risa/ aunque sospecho que lo he dicho todo ya”, dice la autora, en lo que de alguna manera refuerza Marcelo Di Marco en el prólogo: el Manual es “el testimonio de un doble amor: el amor a la palabra y el amor al amor mismo”. Y podríamos agregar que ese doble testimonio desbarata a su vez la idea romántica del amor: Analía Pinto sabe –o, todo caso, nos hace saber- que la anatomía de sus poemas es a fin de cuentas una radiografía sobre sí misma, expuesta a la lámpara que se usa para mirar el estado de los huesos. Y que a la palabra –como al amor- se la busca, se la elige y se la construye.

Pequeño manual de anatomía masculina (2017)

Autora: Analía Pinto

Editorial: Peces de Ciudad

Género: poesía

Un comentario

  1. Susana Luisa Anahí Susana Luisa Anahí

    Amo la poesía de Analía Pinto. Estoy a la espera de nuevo material y, este en particular tiene una belleza que supera a la belleza del amor.

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