Reseña #404- La piedra que canta


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Por Josefina Fonseca

Piedra es uno de los primeros ejemplos con el que aprendemos la categoría de seres no vivos: esos que no nacen, ni crecen, ni se reproducen, ni mueren. Les damos usos metafóricos cotidianamente, asociados todos a acciones negativas: tirar la primera piedra, tropezar con la misma piedra, ser un piedra. No implican romanticismo ni utilidad aparente, y, aún así, “es indudable que ellas ejercen, desde el principio de los tiempos, nuestro destino final: la serena, callada quietud”, dice Cecilia Pisos en Piedritas (Mágicas Naranjas 2016). Un poemario que, casi en un acto de justicia, las toma como objeto de escritura para descubrirles – o cubrirlas de- sentido. Y de esa manera confirma, una vez más, que no importa el tema: la poesía hace latir lo que mira.

Piedras como secretos de agua en un cielo nublado; piedras que cantan; piedras guardadas en la infancia en una caja de zapatos que se abrirá algún día para viajar en el tiempo (“traerá el ruido del río,/ la luz de aquella tarde”); piedras que se duplican exponiéndolas al reflejo de un espejo; piedras que una mano arroja y se vuelven pájaros mientras dura su vuelo (“luego cae,/ se queda quieta,/ densa insomne,/ indiferente”); piedras que se vuelven elementos de la naturaleza (“Con una piedra de aire/ enciendo el fuego./ Con una piedra de fuego/ quemo el pasto./ Con una piedra de agua/ apago el fuego”). Y sin embargo, afuera del poema, ninguna abandonará su destino, porque es la mirada de la autora la que multiplica los sentidos: “si las meto en mi bolsillo,/ sólo pesan”.

Como historias a veces, como fórmulas o incluso como instrucciones, los poemas de Piedritas proponen –con una musicalidad lúdica- una manera activa, y libre de prejuicios, de imprimir movimiento a lo que está quieto: “Alguien tiró/ para arriba/ con demasiada fuerza/ un puñado de piedras./ Ahora,/ tenemos las estrellas”. Acompañados por fotografías de Leticia Fraguela, que recuperan las texturas y los ritmos de la naturaleza –ahí donde las piedras se esconden, incluso, en la forma de las nubes- componen los escenarios en los que los poemas suceden, y generan un clima –nos preparan- para entrar y salir sucesivamente de ellos.

Cecilia Pisos juega, con una inocencia casi infantil, a adentrarnos en una sensibilidad que nos permite reinventar la naturaleza que nos rodea: “Nada mejor que una piedra/ para guardar un secreto:/ la piedra es quieta, muda, firme, fuerte (y sorda)”. Características similares, acaso, a las del poema.

Piedritas (2016)

Autor: Cecilia Pisos

Editorial: Mágicas Naranjas

Género: poesía

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