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Reseña #498- La novela de todo lo que no entra en una canción

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Por Debret Viana
Debe haber una muy buena historia detrás del motivo por el cual esta novela termina siendo editada en Argentina como La odisea de los hombres buenos en lugar del contundente y apropiadísimo España de mierda, con el que Albert Pla comenzó a molestar a todos antes del mismo principio del texto.
¿Qué es esto entonces? ¿Diario, novela, confesión, denuncia, bioficción? Quizá ya no sea lícito preguntarse esas cosas en la literatura contemporánea, donde los límites se difuminan y las manifestaciones del yo proliferan con multiplicadas máscaras y disfraces en un – ¿por qué no? – dichoso carnaval textual.
Y el texto de Pla es una road novel que enmascara con eficacia un diario de viaje: un diario de gira, de una gira que Albert Pla hace dos veces por año. La novela es el formato ideal para intentar la descarnada hazaña de decirlo todo y parece ser el lugar en donde Albert Pla lanza todo lo que no entra en una canción. Este texto es el territorio donde Pla desmenuza todas las apariencias que construyen España, y el mecanismo de reflexión y de construcción del que sirve es una sinceridad suicida y la destrucción voraz, como un francotirador enardecido que dispara sobre todo lo que se mueve porque si se mueve no puede ser inocente. Y Pla, con virulencia y precisión, con estilo y con gracia, se hace cargo de la demolición de cada ladrillo donde reposan los cimientos de su país y no, no rompe todo porque es malo o niño o caprichoso, sino porque es la única manera de intentar aproximarse a la comprensión de cómo funciona algo: destruirlo, abrirlo todo, mirarlo por dentro, separar sus partes y ver de cerca qué las movía, qué las hacía vivir.
La novela fue escrita en dos meses: Pla es un francotirador veloz. Se trata de una epopeya, y como tal es una efectiva radiografía del lado B de España y una magnífica y precisa crónica sobre cómo funciona (si es que funciona) el ambiente musical, pero es mucho más que eso (porque Pla se anima, entre otras cosas, a la ciencia ficción).
Un joven músico uruguayo llega a España y es recibido por un músico local, amargado y cínico, que quiere redimir sus fracasos como representante acompañando por una larga y demencial gira por todo el país al uruguayo. Albert Pla aprovechó para hacer pasear por su narración a todos sus amigos y para apalear a todos sus enemigos. Andrés Calamaro, Jorge Drexler, Nacho Vegas, Javier Krahe, Isaki Lacuesta, los muchachos del grupo artístico Mondongo entre otros desfilan por el texto.
Sería justo decir que en esta novela pasa de todo. En este caso, “de todo” es muchísimo: la casi muerte por aplastamiento de los protagonistas por los peregrinos que hacían el camino de Santiago, la demolición de la paleta de colores del Museo del Prado, una batalla en el País Vasco contra la policía, resucitan los cadáveres de Guerra de la Independencia, el uso del río donde una central nuclear descarta sus putrefacciones como bañera, conflictos entre regiones y entre lenguas, la desaparición de Valencia, una bomba hace estallar la sala Galileo en medio de un recital de Javier Krahe, pero ellos sobreviven al atentado, la desaparición de las pirámides egipcias, el Barca sale campeón goleando al Real Madrid pero se consagran como héroes para siempre cuando se cae el avión en el que viajaban y mueren todos, guerras, bombas, matanzas, en fin, muchísimo más entre drogas, bebidas y música, hasta una fuga romántica y decadente a África, no sin antes pasar por muchos refugiados y pilas y pilas de muertos.
Resulta natural que persista un vasto sector de la crítica más ortodoxa que no acompaña a la novela, que quizás si hubiese sido concebido como un diario podía haber logrado un aprecio menos severo. Pero las momias de la alta literatura no saben cómo perdonarle a un músico que se anime a escribir ficción -tal como acaba de pasar con Morrissey- la novela fue masacrada con mezquindad. Sin embargo, yo me permitiría desconfiar de la desconfianza que inspiran las ficciones a cargo de músicos, porque Pla tiene una obra plagada de canciones sumamente narrativas, y no es un extraño a la tradición literaria, cabe al menos recordar su disco Sostiene Fonollosa, donde musicaliza con maestría los versos del enorme y maldito poeta español.
Quizá no alcance el resplandor de sus canciones, pero sí su demencia, sus excesos genuinos y su característica incorrección, conducida por un lirismo que aun siendo amargo no deja de ser florido. Se lee de un tirón, y tiene algo de actualización de los beat, con el decadentismo que aporta la falta de presunta magia de que estas cosas estén pasando ahora. Al contrario de un relato mítico es una voz cercana, fraternal y reconocible.
No puedo más que sentir que hay cierta indignidad a la hora de acusar a Pla de ser un mero provocador. No estamos ante un autor que se contente con chapotear sobre el fango: Pla danza con elocuencia y con encanto sobre la mierda emblandecida, y si acaso nos salpica es patético dar la voz de alarma o escandalizarse porque ya veníamos de revolcarnos durante años en esa pasta execrable y al contrario tendríamos que admirarnos de las gemas que extrae el músico, poeta, performer y ahora escritor Albert Pla con su corrosiva mirada.
Es una maravillosa, tierna y bella road novel en la que cualquier desliz queda disculpado por su irreverencia y su maratón de anécdotas desopilantes y su ansia de decirlo todo sobre cada mito, conflicto o tradición española, en un estilo a lo Copi tan grato como revulsivo. Albert Pla es raro, y se ha ganado el derecho de conmovernos con su rareza.
La odisea de los hombres buenos
Autor: Albert Pla
Editorial: Roca Editorial
Género: novela
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