Reseña #121- Poesía anatómica


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Por Janice Winkler

Muchos autores de cuento y novela dicen que, contrario a lo que se espera, no leen tanto narrativa como textos de no ficción, de conocimiento del mundo; que de ahí viene la inspiración. Lo dijo en alguna entrevista el mismísimo Cortázar.

Álex Prada es médico, dato no menor para la lectura de La linterna de Aristóteles, el poemario que tengo sobre mi panza. Es médico y es poeta. Es médico y, como poeta, acomoda sus poemas al conocimiento profundo del cuerpo, de los cuerpos; empezando por el título. ¿La linterna de Aristóteles? ¿A qué hace referencia?, te preguntarás. Pues no te lo digo ni loca, es el primer gustito del libro. Acá estoy, haciendo reposo, con la presión por el piso y la escritura lenta. Hago un top five de los poemas de Prada que más me gustan: “Erizos”, “Primavera Nº2”, “Ir a tu casa”, “Animal dormido (estampa de Lille)”, “Los niños-prodigio”. Mi escritura está lenta porque mi cuerpo está lento. La anatomía en la poesía de Prada es dinámica, pero precisa, en cada rasgo se detiene. El conocimiento del cuerpo y de los cuerpos es sal en la marea poética.

¿Cómo se abraza a un erizo?, pregunta el poeta en mi primer elegido del top five; y en esa pregunta cae de pronto toda la incógnita del desamor, de cuando en un mismo cuarto se está a kilómetros de distancia. Mientras que en “Ir a tu casa”, se exhala la tensión, el suspiro es posible, la cosa loca, inevitable del encuentro:

¿Sabías

que

todas las

señales

de tráfico

de

esta ciudad

que es un único

estridor

de claxon,

un único

olor

a escombros,

sabías

que todas

llevan

a

tu

casa?

Los niños-prodigio” tiene el peso y la oscuridad lúdica que tiene, de hecho, un niño prodigio. ¡Cuánta responsabilidad en esa percepción privilegiada! Son ocho escenas, palabras que se vuelven película. El niño como observador y partícipe de lo siniestro, como miembro de la naturaleza. Vuelve el conocimiento del mundo, de lo que el mundo puede ser y hacer.

En “Primavera Nº2”, la nieve asombra como la muerte, a destiempo y con la exactitud que, aunque se quiera, no hay manera de reprochar.

En “Animal dormido (estampa de Lille)”, el pensamiento surrealista está en el que observa y no en la que sueña. La necesidad de entender a la amada hasta en el descanso. Y el miedo que, ni bien puede, se cuela.

Leer es un acto mental y corporal. Dice Alberto Manguel en su El viajero, la torre y la larva: El lector como metáfora (Fondo de Cultura Económica, 2015): “La experiencia intelectual de atravesar las páginas mientras leemos se vuelve una experiencia física, que llama a todo el cuerpo a entrar en acción: las manos dan vuelta las páginas o los dedos se desplazan por el texto, las piernas prestan soporte al cuerpo receptivo, los ojos miran en busca de significado, los oídos vueltos al sonido de las palabras en nuestra mente.”

La linterna de Aristóteles, de Álex Prada (Huesos de jibia, 2015) me despierta, mis ojos y mis oídos están atentos, sube un punto mi presión. Bienvenida la lectura.

La linterna de Aristóteles (2015)

Autor: Álex Prada

Editorial: Huesos de Jibia

Género: poesía

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