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Reseña #301- El duque poeta de la dispersión

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(por eso el mundo rechina cuando gira)

Mario Levrero en el prólogo de El discurso vacío

Por Pablo Méndez

La poesía se la lleva a cuestas, se la arrastra y a veces se la eleva. Un cordón tensa esa unión: un músculo traslúcido nos pega un tirón cuando el ojo se nos pierde. Dispersión  de Juan Rapacioli demuestra que los hilos que nos conducen a la poesía pueden ser varios y que están a la espera de la miraba despistada. (¿El mundo no es otra cosa que miles de metáforas desparramadas a la espera de que alguien las entienda?). Como el pasajero de Iggy Pop  que soslaya y viraliza las estrellas de una noche en un suburbio, Rapacioli escarba el detalle modesto de un viaje, cualquiera sea. (El movimiento es lumbre cuando esquiva lo general y se atreve poéticamente al detalle). En “en un tren de París a Lyon” lo inevitable de la continuidad en los ojos de un niño africano se transforma en un relato cargado de significación, un fragmento rastrillado de la espesura y vicio de una historia mayor, tan solo un eslabón inquietante que descansa en la oportunidad que le da ese ojo poético.  La crónica “extrañas memorias de una noche de Berlín”, representa ese andar que busca migajas de verdad en un mundo apenas irreconocible. El poema que da título al libro, “dispersión”, es una ecuación filosófico-poética que amuralla en hojas, en palabras, en estructuras prefijadas, un estado, o un sentimiento, degradado, extensivo, que rompe fila en los sentidos, que desfigura los límites, tal vez un paso más en la forma más feroz de la existencia: verse desintegrar. Y así dice Rapacioli: “un mundo previo/ mudo/ en bruto/ que no es/ una cosa en sí/ sino/ muchas/ dialogando/ o no/ ante lo que todavía/ no es civilización”. Es “conspiración del universo” el que me ha detenido en una lectura más paranoica; ¿qué hilos mueven al mundo para ubicarme en él?, ¿qué alarmas deberían sonar para sacarnos del orden natural de las cosas?, ¿qué anzuelo debemos devorar para ser parte de los engranajes de una máquina perfecta? Con “libertad”, la proclama ideológica como manifestación práctica, como separación de la abstracción de pancartas gastadas, nos dirige la atención hacia la negación como parte de la aceptación. Los espacios temporales se inmiscuyen en la zonas más inclementes de nuestro reloj en “instante”: “parece que fue recién/ la turbulencia: una gota que apenas veo”. Desde “¿quién voy a ser ahora” se lanza un manifiesto de épica post Transpotting: lamentos o posibilidades que se inscriben, se enumeran en la lejanía de nuestra (su) médula social, una lógica en clave irónica al estilo “Fitter, happier, more productive”, canción de esoterismo rebelde compuesta por Radiohead. Los dos últimos poemas de Dispersión se acomodan como Sides-B del poemario: “pensar un río” acude con su fuerza comparativa a la memoria oxidada de Heráclito y nos ofrece un relámpado líquido de poesía existencialista, “salir de China” bien podría haber sido una letra de post punk, tiene la contundencia y el rulo de oscuridad necesario para advertir un revival literario: New Romantic Poetry. El epílogo es un ensayo preciso sobre la literatura oral y sus manifestaciones: los modos de circulación que fundan (fundaron) una nueva forma de dispersión en las declamaciones literarias.

Dispersión (2015)

Autor: Juan Rapacioli

Editorial: Bueno Aires Poetry (colección Pippa Passes)

Género: poesía

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