Reseña #50- Los cuatro elementos del orden interior


bardasolotempestad

Por Pablo Mendez

Cuatro elementos organizan el mundo. Una brújula interna los desordena y los devela. Los convierte en palabras de una geografía íntima, de una historia pendular de ritmo dislocado, de un tiempo que se replica para no agotarse. Aixa Rava arrastra esos elementos y los esparce como un lenguaje virgen en Barda, un libro sutil que late.

FUEGO

La lumbre del momento microscópico, esa que anecdótica se prende de la memoria, no importa si real o de fantasía, siempre pero siempre se aviva:

La isla para el niño es una cárcel

con gaviotas, nutrias y orcas muertas,

un exilio, un castigo, un venganza,

que en el sur de estos pies dejó su huella.

La contemplación de las llamas no es otra cosa que la expresión de un deseo ambulante. Una voz que clama por esa herida que surca la carne o la sombra:

Yo corrí esa piel muchas veces,

me enredé entre alpatacos

y le di mi carne a las espinas.

Contener las brasas en una mano buscando un conocimiento distante pero necesario. Dejarlas que se consuman, que se vuelvan polvo hasta llegar a comprenderlo todo en cada línea:

No podemos esperar un giro

una migración

la estación señalada

AGUA

Las figuras líquidas de la poesía se escurren en una oración, evitando el lugar común, llenando de burbujas la densidad de lo  vivido, cada esfera de significación ante ese ojo sensitivo que ve todo desde adentro. Un universo dentro de un mundo:

Quién pudiera volver a la bañera

y a los juguetes

a la creación de la espuma

La sed existencial. Esas gotas que se acumulan en un boca para hacerlas estallar en cada página que se escriba. Allí, donde se juega a nadar de noche, sin la guía que conduce cada brazada. Allí, la autora despliega imágenes, una bocanada donde descansa. Allí se nace:

Entre la lluvia nadan unas memorias

y en una gota cabe todo el universo,

en una gota que me trago,

cuando cierro los ojos y adormezco el pecho.

Transpirar la escritura, una decantación del cuerpo cuando sucumbe al verbo preciso, cuando el movimiento se desdobla en lo abstracto, un holograma de piel que se deja como huella en el agua:

¿Sabré esperar el sueño

aferrada a la corteza del espacio

bebiendo tiempo?

TIERRA

Rodar por el suelo de la infancia cuando la libertad está hecha de grumos. Transitar la inocencia y ver cómo las raíces de un instante se cuelan en la oración que fecunda. La rigidez del andar en la soltura de la inocencia:

Bicicleta y pedaleo

veo pasar la piedra

toda cortada en figuritas

veo el cemento y las baldosas,

la tierra bajo mis ruedas

de triciclo

pedaleo

y me alejo por no quiero

pero quiero

llegar al campo, rascar el cielo.

Cavar, con precisa profundidad, los cimientos del alma, y ver el abismo sin fondo, los años del suelo en el reflejo de una sola caída. Aixa Rava clava su cuerpo poético en la tierra sin rastro:

La base

el núcleo

nada de corteza

nada de cáscara

superficie cero.

Cada envoltura de la tierra es un ropaje cálido. Barda se fragmenta en semillas abandonadas, imposible contabilizarlas, imposible leerlas sin que sus brotes nos enlacen y no nos dejen huir, y allí quedar adheridos a la siembra que prometen.

Vuelvo a los sueños eternos de verano

al cálido roce de las colchas rojas

sobre el piso helado.

AIRE

Flotar, a cuestas de lo invisible. Ligar el cuerpo con la atmósfera pesada. Sortear los obstáculos aún más invisibles. Dejarse llevar por el poema etéreo, dejarse corromper por la brisa lúdica:

La luna se aferra a lo eterno

y esmerila sus bordes con el viento.

El vuelo rasante, a velocidad media,  la posibilidad de hacerse añicos sin poder chocar nunca. Solo mantenerse en el límite donde el aire nunca espera un aterrizaje:

(…) -más profundas son las líneas

cuando están desdibujadas-

y suman manchas más grises,

más lilas, más blancas

para enterrarse en el cielo.

Cada ser del aire, expectante, como si de un soplo le quedara la única fuente de su existencia. Esa respiración, la única, donde se abultan poemas, donde cada suspiro entorna la hoja de un libro, de este libro:

                       El roce

            del viento que se escapa

-haber de sentir que estoy durmiendo-

     dejará en la punta de mis alas

                   un beso seco

Barda es resucitar una y otra vez de las llamas, es extinguirse a fuego lento. Barda es un vientre húmedo a punto parir, es ahogarse en la saliva abundante. Barda es verse en la huella constante, es enterrarse con las propias manos. Barda un vuelo desmedido, es el hilo de aire que se corta sin remedio.

Barda (2014)

Autora: Aixa Rava

Editorial: Buenos Aires Poetry

Género: poesía

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