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Reseña #479- Contar cantar

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Por Yamila Bêgné

En Como una copla hay una voz que cuenta, una voz que canta, y el acto de contar y el de cantar quedan asociados desde el principio, tan asociados que se convierten en la misma acción. En su segundo libro de poemas, y a través de la investigación de las formas folclóricas tradicionales argentinas, Liliana Rega (Buenos Aires, 1964) profundiza en esa asociación: la que existe entre contar y cantar.

Hay alguien que cuenta, entonces. Hay, en el poemario de Rega, una presencia narrativa contra la que los poemas van rebotando y generando sentido tras sentido. Esa presencia aparece desde el primer poema, y los recorre a todos: “Andoy dice la vieja/con la osamenta descuajeringa´”. Una vieja que cuenta-canta, pero que también, de tanto en tanto, se queda callada, y de su silencio también salen los poemas de Como una copla: “La vieja guarda un secreto/hay alguito que no cuenta/¿se habla con su sombra/y viene el comprendimiento?”

Aquí, entonces, aparece otro de los núcleos de este segundo libro de Rega: el saber, las formas del conocimiento. O, más bien, la pregunta por esas formas: ¿de dónde sale lo que conocemos, de dónde viene, cómo se engendra? Los poemas mismos, desde su forma, se pueden leer como una búsqueda en torno a esa pregunta: “yo ando buscando una esencia/desentrañar elemento/un no-sé-qué de macana/la vieja, viene del viento”. La respuesta que aproxima el libro apuesta, de nuevo, a la importancia de la voz: el conocimiento está más en el acto de decir que en lo que se dice, más en el abrir la boca que en el pronunciar palabras concretas, claras. Contar, o cantar, las meras acciones que el cuerpo hace para contar y cantar, ya constituyen una forma del conocimiento, porque vienen a solucionar un silencio: “allí/donde prevalece el silencio/la mujer tonocoté/traduce en ansias/los nombres de la ausencia”.

Los poemas reflexionan: a través de imágenes, a través de destellos, de resonancias, de flexiones y de rebotes. Los poemas de Como una copla piensan hermosamente lo siguiente: que hay una clave en el acto de seguir diciendo, en el acto de seguir abriendo la boca para contar-cantar: “cuando la cuentera no esté/la risa,/sangrará por las piedras”. Pero Como una copla va más allá, porque una vez constatada la importancia del acto de seguir contando-cantando, surgen dos nuevas preguntas.

La primera: ¿qué seguir cantando-contando? Y para esa pregunta Como una copla remite al canto en sus formas ancestrales, en sus formas de coplas folclóricas argentinas: el libro ejerce, desde los poemas, la memoria de esas formas del canto, el refuerzo, la persistencia presente. Y la segunda pregunta: ¿cómo, con qué herramientas, seguir el canto-cuento? En este caso la respuesta, saben los poemas de Rega, es mucho más complicada. Pero, sin embargo, el libro acerca su entendimiento, su forma de saber algo acerca de eso: “las palabritas que digo/las desgranó el pensamiento/que desmonta mis sentires/pero les falta silencio”. Solucionar el silencio para después volver a él. Entonces: habiendo hablado, encontrar en la voz aquello que no es voz; habiendo cantado, encontrar en el canto aquello que no es canto; y habiendo contado, contar aquello que no es cuento.

Como una copla (2017)

Autora: Liliana Rega

Editorial: Piso 12

Género: poesía

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