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Reseña #13- La experiencia sutil

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Por Daniel Gigena

El cuarto libro de poemas de Belén Iannuzzi (Buenos Aires, 1979) comienza con un deseo: «Que los momentos sean lugares». Esa mutación del tiempo en espacio, esa invasión espacial del tiempo a fuerza de deseo abre, además del libro, una línea semántica de sustitución, un código de reemplazo en el que tampoco el lenguaje, equivalente general en proceso de derrumbe, puede impedir la demolición. “Me aferro/ a la palabra/ porque la palabra es lo único/ que me sostiene/ y aun así me caigo”, se lee en unos de los poemas finales. 

En su libro anterior, Todos los bosques, la escritura poética de Iannuzzi parecía todavía aferrada a materiales estables: formas típicas como escenarios donde una voz declamaba en una frecuencia frágil sus impresiones de viaje. En «Los que tiene fe», esa voz ya está de vuelta; «peregrina de la palabra», regresa con algunos saberes: «los reyes magos siempre fueron mis padres», «la naturaleza no es poesía», «una mujer se rompe la cantidad de veces/ que puede amar», «todos necesitamos un paisaje». Esos versos, como lemas de una religión sin intención y a la intemperie, agregan a la escritura de Iannuzzi el espesor de un ritual. La prohibición de comer carne, una ofrenda «adentro de una casita de piedra/ sobre un monumento budista», el control migratorio, la buena voluntad de los desconocidos y los juicios sucesorios de las viviendas familiares, instancias del panorama flotante que la voz recorre, escéptica y confiada a la vez, suspenden la indiferencia del mundo. Son como embragues a los que la voz poética transmite una energía que en apariencia está fuera del campo verbal. El poema «Condicional», incluido en la tercera parte del libro, termina con una pregunta: «¿Si viviera en Beirut/ me sentiría mejor/ ahora que no soy una ciudad/ sino un borde/ por donde se entra o se sale?» La entrada y la salida del sentido y del sentimiento, la circulación del “silencio entre notas”, como apunta el poema “Albergue Warnes”, garantizan la eficacia del poema, su valor sin precio, la poca fe en la propiedad privada de la lengua.

Los que tienen fe –cosido a mano y troquelado, con un aire artesanal que no debe confundirse con la improvisación– está organizado en tres partes. “El collar de perlas” funciona como epílogo de su libro anterior, de 2012. “Los que tienen fe” inaugura una nueva mirada, madura y desafiante (“Las dos estamos tranquilas:/ no soy una terrorista”), del yo poético. Pero es la tercera parte, titulada paradójicamente “No es poesía”, donde la escritura de Iannuzzi se vuelve sutil, casi inmaterial, pura mirada atenta menos a las anécdotas que el mundo provee (puede ser un viaje al extranjero, un romance o un almuerzo con amigos a la hora de la siesta) que a la experiencia autónoma y a la reflexión sobre el registro poético: “Un movimiento de baile/ en las piedras que piso/ para cruzar el río/ se ve la otra orilla a lo lejos/ muy lejos/ pero esta piedra es más firme/ que la anterior”.

Los que tienen fe (2014)

Autor: Belén Iannuzzi

Editorial: Malaletra

Género: poesía

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