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Reseña #23- Crecer a puro fantasma

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Por Gabriel Balmaceda

Cuando me topé con el segundo libro de Hugo Salas, pensé que me iba a encontrar con cuentos que hablaban sobre la infancia, pero no. Los siete cuentos cortos que integran Cuando fuimos grandes no hablan directamente de la infancia sino que la rozan oblicuamente, es decir, como si fuese una torta gigante que se cortó mal, con bordes desparejos y una gran cantidad de migas caídas por el suelo. La infancia está pero no sale a la superficie con flotadores, está nadando en las profundidades de un mar que parece cristalino pero no lo es.

En una entrevista, Salas resalta que “es un libro de cuentos de fantasmas, en un sentido muy amplio, en el de todas estas cosas que nos acosan y que no están ni muy vivas ni muy muertas y con las que uno convive constantemente” y algo de eso se palpa desde el comienzo.

En el cuento «De fuerza mayor”, la trágica historia narrada por una vieja de más de cien años que cuenta lo que le pasó a ella y a un grupo de amigos en un barco rumbo a Santorini. El fantasma de un amigo que vuelve, no como en las películas, sino como recuerdo, que tiene que ser contado con lujo de detalles para que se extirpe de la memoria de la anciana y así morirse en paz: “Tendríamos que haberlo contado a tiempo, confesar, pero ya no hay manera de sacárnoslo de encima y morirnos de una buena vez”.

En “Fatal”, una pareja lucha contra el parámetro socio-cultural de lo que una pareja debería ser: amarse hasta el infinito y más allá, coger todos los días como conejos y esas cogidas deberían ser una mejor que la otra, pero no. El fantasma “de lo que debería ser” es aterrador, la pareja lucha contra la corriente, no puede ver más allá de eso, como si estuviesen ciegos y se chocarán una y otra vez con el hastío y la insatisfacción diaria haciendo todo lo mejor posible.

Cuando se ama a otro y ese otro no pincha ni corta, ¿qué hacemos? Nos hundimos en la más pura neurosis, coger con un cuerpo que no siente, que no expresa, que no se mueve, es morir en vida. El protagonista del cuento “Las horas que pasan ya no vuelven más” pelea contra el espectro de la relación terminada o a punto de vencer.

El cuento “¿Qué quiero ser cuando sea grande?” remite al título del libro, reformula la frase, la vuelve pregunta para narrar en clave de composición escolar lo que una nena de tan sólo diez años quiere ser cuando sea grande. Ella responde que quiere ser una desaparecida y ahí el fantasma ficcional de los desaparecidos de la última dictadura militar cae y rompe todo. Hugo Salas logra poner en evidencia una mirada romantizada de los desaparecidos de los 70 que hasta ahora no había leído nunca. Como si ser desaparecido fuese un modelo de Barbie o un Playmobil: “Yo, cuando sea grande, quiero ser desaparecida, para tener el pelo muy largo y con ondas naturales o de ruleros, como tienen las chicas de las fotos en blanco y negro de los diarios, escribir poemas, canciones y tener un novio que se llama Daniel, como el de mi hermana, y que toque en la guitarra las canciones de rock nacional de la revista Pelo”.

Los fantasmas en Cuando fuimos grandes aparecen siempre cuando hay problemas de insatisfacción, el deseo no se cumple y la insatisfacción aparece sobre la mesa. Estos cuentos fantasmagóricos tienen un orden, van del cuento más clásico al cuento más experimental, por así decirlo.

Potentes y concisos son los cuentos de Hugo Salas, se nota que hay un trabajo de fondo, exhausto de varios años, como si las palabras tuvieron que esperar madurar para ser leídas. Las palabras nacen de uno, crecen y se vuelven grandes como el segundo libro de este escritor contemporáneo.

Cuando fuimos grandes (2014)

Autor: Hugo Salas

Editorial: Alción Editora

Género: cuentos

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