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Reseña #28- La nada y los 90

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Por Victoria Rigiroli

Comienzo 1: el espacio

“Tengo dieciséis años. Es mi cumpleaños. Arriba y abajo y atrás y adelante hay invierno. Aprieto los dientes. Enciendo un pucho de los negros que fumo. Son económicos y, dicen, me van a hacer mierda. No tengo nada más que hacer”.

Este es el comienzo real (después de un breve comienzo en falso) de Macumba, la novela de Luis Mey que acaba de ser editada por Notanpüan, una editorial que comparte con el protagonista adolescente un espacio geográfico y poco más. Porque si bien es cierto que editorial, la librería que le diera origen y Maxi –tal es el nombre del cumpleañero de más arriba- viven todos en San Isidro, la verdad es que en la novela hay muy poco de la coquetería adoquinada de la rivera, y menos incluso de la paquetería del dinero antiguo alla Victoria Ocampo. No, Maxi vive en el lado apenas más urbanizado de la frontera entre La Cava y el barrio, y es ese espacio -geográfico, ideológico, mental- el que configura la totalidad de sus experiencias. Porque Maxi vive afuera, pero sus amigos y el mundo de sus experiencias significativas, todo eso es de adentro, y buena parte de la novela se juega en esa alternancia, en ese tránsito entre uno y otro espacio –ahora sí, geográfico, es cierto, pero más que nada simbólico-, entre la incomodidad y la pertenencia.

Comienzo 2: la trama

Pero vamos a lo concreto, de qué se trata Macumba: un chico que vive en la periferia compleja del párrafo anterior, y que no tiene nada demasiado claro, ni sobre el futuro (eso es esperable), ni sobre el presente (ya no tanto) se encuentra con un “trabajo” macumbero en la puerta de su casa. Todo lo que sigue puede ser leído como obra de esa maldición. O no. O todo lo que sigue puede ser perfectamente sintomático de unas coordenadas espacio-temporales (la villa, los años 90) que tiranizan al personaje. O la tiranía puede ser la perra mala suerte que lo rodea de muertes, alguna que otra enfermedad tácita, fantasma, algún que otro demente o adicto y bastante violencia. No la violencia estridente de las películas de Hollywood, esa violencia estetizada, de patadas ninja, tiros y explosiones llamativamente parecidas a fuegos artificiales, esta violencia es monocroma, no es tan fácilmente identificable pero está en todos lados y te puede matar a un amigo, meterte preso o violar a un linyera adelante tuyo. Porque lo que sí es innegable es que la violencia sorda que sobrevuela Macumba funciona, tiene sus víctimas, sus victimarios (los roles, claro, son intercambiables, esto sigue sin ser Hollywood) y termina asfixiando, estrangulando la lectura.

Comienzo 3: el tiempo

“—Vos nunca haces nada, claro.

(…) Es complejo pero lo veo: no hacer nada es eso. No hacer nada termina así. Con tu nombre en manos de la ley. Con los ojos de tu madre nerviosos y sin los sueños que tenía reservados para la noche sobre el futuro de su propio hijo”.

Lo dije más arriba: la novela transcurre en medio de la más la sórdida sordidez de los 90. Más arriba, en la mezquindad del paréntesis, no llegó a notarse seguramente la importancia que tiene este dato cronológico. Mi culpa, porque me faltó decir que la fecha es más que ubicación, para este libro. La fecha es un personaje, un personaje que le pelea el protagonismo a Maxi y, a veces, se lo gana. Macumba es una novela sobre los 90. Antes que nada es sobre eso. Sobre los 90 y la pauperización, y el neoliberalismo arrollador y el tendal de márgenes que fue dejando a su paso. Y Maxi es un pibe que, como dice la cita, no hace nada. Claro que ni estudia ni trabaja (cuando el ni-ni no llegaba a discursos presidenciales). Es mucho más que eso. No hacer nada es la cualidad ontológica de una era inmovilizada. El tiempo estancado, pudriéndose.

Tan así es la cosa, tan el tiempo del no-tiempo, que toda la novela está narrada en presente histórico, ese tiempo verbal que parece ser una contradicción en los términos, el tiempo de la anécdota, el presente con valor de pasado, o el pretérito estirando sus garras, devorándose al presente.

La nada y los 90 se llevaron bien. Macumba sabe combinarlos, teje ambas orillas de manera inteligente. El gesto amargo, claro, corre más por nuestra cuenta, porque duele el músculo de la memoria después de ciertos ejercicios.

Y si no me creen, escuchen:

“—Hace poco murió otro amigo.

—Es así. Se van. Es la época. Algunos se mueren, otros se van a otros países. Estamos haciendo las cosas mal, pibe”.

 

Macumba (2014)

Autor: Luis Mey

Editorial: Notanpüan

Género: novela

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