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Reseña #32- Los caprichos del sacrificio

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Por Matías Bragagnolo

No es usual en los tiempos que corren toparse con una prosa contemporánea tan barroca y con una trama tan afín a los aspectos más oscuros del romanticismo. Pero sin embargo ese es el caso de La boca seca (Mardulce, 2014), la primera novela de Marcelo Carnero.

Una novela barroca en su sintaxis y en su léxico, con párrafos que parecen haber crecido con dramatismo alrededor de una sola de sus palabras. Palabras como calostro, costurones, axilas, ánima, hura, quilombo, ganglio… Palabras que hacen brotar párrafos repletos de imágenes que no dejan de asociarse con, sin repetir ni imitar, los Caprichos más crudos y feroces de Goya: una madre que se aferra a su niño en pleno rigor mortis, un ménage à trois sadomasoquista en el que uno de sus participantes lleva puesta una máscara de mono, un esclavo negro con ojos quemados a cuchillo acompañando un motín con una precaria guitarra improvisada…

La prosa es poética, de eso no hay duda alguna. Ciertos pasajes son lisa y llanamente poesía en prosa (exquisita, oportuna), capaces de una cadencia que recuerda a Lautreamont o al Artaud más relajado. Porque la prosa de La boca seca es una prosa debe ser desgranada por el lector con sumo cuidado, con lentitud, porque cada palabra puede ser (y a menudo lo es) crucial para el desenvolvimiento de la trama, generando esa economía del lenguaje (nunca casual, siempre calculada) una intriga que recuerda al efecto causado por recursos estilísticos como los que imperan en obras como Pedro Páramo de Juan Rulfo o El reino de esta mundo de Alejo Carpentier.

Y no solo en un plano estilístico tendría La boca seca una conexión aleatoria con esas dos obras. Ingresando en el dominio del realismo mágico, de “lo real maravilloso” o bien lisa y llanamente de lo que Tzvetan Todorov ha considerado con mucha meditación “literatura fantástica”, la trama de La boca seca se desarrolla en un espacio histórico tan colonial como atemporal, racista, repleto de anacronismos, apenas steampunk, en el que conviven tambos, establos y un molino con una avanzada maquinaria quirúrgica relacionada con un ilegal tráfico de carne y órganos humanos, o bien medicina primitiva y brujería con la adicción a drogas inyectables. Un mundo en el que la esclavitud, las cacerías humanas, el analfabetismo y el despotismo estatal son moneda corriente.

En ese mundo, en donde los límites espacio-temporales entre el sueño y la vigilia y entre la alucinación y la sobriedad se alteran y se anulan mutuamente, Vivi, una esclava anciana, viuda y curandera, decide escapar de los dominios del inevitablemente desagradable amo Correa con dos esclavos a los que desde niños había apadrinado: Amador y Milagros, quien se encuentra enferma, inconsciente por la fiebre. Y con la aparición del teniente inspector Barredo, los tres esclavos en libertad inician un peregrinaje por una dimensión desconocida que envolverá la historia con un inesperado manto de intriga y acción en el que no faltarán los experimentos genéticos y la violencia extrema, provocando un desconcierto y una curiosidad morbosa análogos a los que supo lograr Bioy Casares en su Plan de evasión.

Marcelo Carnero provoca así una cadenciosa desesperanza que nunca podría haber sido mejor traducida y resumida como en el propio título de la obra que la contiene. Ese memento mori insistente que domina una trama no ajena a la noción del sacrificio sin duda termina por generar en el espíritu del lector una perpetua y bien lograda sensación, precisamente, de boca seca.

La boca seca (2014)

Autor: Marcelo Carnero

Editorial: Mardulce

Género: novela

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