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Reseña #331- Variaciones de la locura

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Por Griselda Perrotta

El jardín de los lobos retoma el eterno cuestionamiento al límite entre sanidad y locura. Dice:

“Y el bote solo siguió su curso. Caprichoso de guiarse por una marea inexistente, se movía entre una existencia infinita y repetitiva. El mismo bote en el mismo cuerpo de agua, con la misma niebla a su alrededor. ¿Acaso se movía realmente? La idea de estar estatizado por siempre en la realidad que lo rodeaba era incómoda, aun así acogedora.”

La historia comienza hacia fines del siglo XIX y no consiste de un relato cronológico ordenado sino de distintos aspectos y situaciones que se van concatenando para derivar en el resultado final. Partiendo de los vaivenes de un escritor contrariado como columna, los caminos se entrecruzan en tiempos y lugares sin estructura.

Dividida en secciones cortas, cada una va aportando elementos que hacen a uno o varios de los personajes y que tienen en común dejar al lector la responsabilidad final sobre el verdadero desenlace de los hechos o, dicho de otro modo, la realidad.

Lo sobrenatural juega un rol vital en El jardín de los lobos. Tanto su protagonista, Alexander Fleming, como todos los demás personajes, padecen la presencia de un ente que los va convocando al verdadero núcleo del relato. Un poco cruel, un poco justiciera y en más de una ocasión una verdadera compañía, esta presencia da a la historia un hilo de continuidad y coherencia.

“La joven, horrorizada hasta la médula, se mantuvo inmóvil mientras Alexander Fleming se debatía furiosamente entre los brazos de dos doctores y cuatro enfermeras, asestando patadas, puñetazos y mordidas. Pero no era aquello lo que le impedía articular palabra o mover un músculo. No. Era la imagen del escritor llorando lágrimas negras mientras que un personaje, ya familiar para ella, los observaba desde el otro rincón del jardín. Un ser cuya presencia había sido ignorada por todos, excepto por ella y el escritor.”

También se hace presente la maldad encerrada en la figura de Gustav Hermenoff, un médico sin escrúpulos capaz de atravesar todos los límites éticos de la ciencia para probar sus teorías y lograr el éxito.

Por último, la inocencia perdida es un punto al que la historia vuelve en distintas partes, particularmente en torno a la persona de jóvenes esperanzadas que deben abandonar sus ilusiones inocentes y a veces ingenuas, para dar paso a un valor renovado que a veces deriva en una escena feliz al ojo tradicional y conservador, y otras no.

El amor triunfa y fracasa por igual, la muerte está presente desde el primer momento y los personajes son a la vez fieles, traidores, dejados, ambiciosos, íntegros y carentes. Sin embargo, ninguno de ellos escapa a lo oscuro, a lo desconocido. Y esto es porque son justamente ellos quienes con sus miedos, sus angustias y sus vacíos, le dan cuerpo, forma, a ese punto insondable del ser.

El jardín de los lobos (2015)

Autor: Rubén Risso

Editorial: Thelema

Género: novela

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